martes, 27 de diciembre de 2011

EL SÍNDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL A FONDO: HIJOS PROGRAMADOS PARA ODIAR


El proceso por el cual el menor es inducido a rechazar fuertemente a uno de sus progenitores crece de forma imparable, estando presente en un tercio de las separaciones y llegando a afectar a 25.000 niños al año en toda España 


Oír a un hijo decirle a una madre que “sólo ha sido el instrumento para llegar al mundo” o utilizar términos judiciales para negarse a ver al padre “porque le produce un maltrato continuado” o ser testigo de cómo tu niño reinventa recuerdos y asegura acordarse que cuando tenía un año lo abandonaste en la puerta de papá para irte de fiesta puede resultar inverosímil o, al menos, poco apropiado para un menor. 

Pero, desgraciadamente, son sólo algunas de las duras afirmaciones que tienen que escuchar los progenitores cuyos hijos son víctimas del Síndrome de Alienación Parental (SAP), consistente en programar a un hijo para que odie a uno de sus padres, sin justificación. Proceso que está ya presente en un tercio de las separaciones contenciosas y que afecta a 25 mil niños al año en España y a todos sus familiares. 

DE LA MANIPULACION A LA ANULACION

Y es que, como afirma el psicólogo cordobés, José Manuel Aguilar, -primer autor en escribir sobre el SAP en España-, el principal problema es que existe una filosofía detrás que llega a normalizar el sufrimiento en las separaciones. “Se ve normal e inevitable que los hijos lo pasen mal”, asegura. Pero el Síndrome de Alineación Parental va más allá del sufrimiento y distorsiona la percepción del niño, “que se convierte en un soldado, un talibán”, lamenta Tomás Daroca, un padre que lleva desde 2004 “sufriendo este calvario”. Los alienadores llegan a anular al menor y son capaces de engañar a abogados, psicólogos, jueces, familiares, etc.

Emilio Rodríguez, presidente de la Asociación de Padres Separados de Córdoba, cuenta, sin embargo, que es bastante común que el progenitor que salga más perjudicado de la separación utilice al niño para “meter cizaña” y alerta del peligro que supone en “personas que se están formando y lo absorben todo”.  

OCHO SINTOMAS BASICOS

Aunque no todas estas situaciones degeneran en una patología. “En muchas ocasiones el rechazo le surge al niño por la propia situación”, aclara el abogado de familia, Francisco Javier Calderón. 

Según Aguilar, para hablar de que un menor sufre el síndrome es preciso que se cumplan ocho síntomas: una fuerte campaña de inculcación del alienador, que el menor rechace ver al otro, no dé explicaciones lógicas para no querer verle, tenga ausencia de ambivalencia -en el alienador todo es bueno y en el otro todo es malo-, sea el defensor a ultranza del alineador, tome como suyo ese odio, y sienta un rencor extendido a toda la familia y todo lo que le rodea. Pero, pese a que los síntomas están definidos, el verdadero via crucis comienza cuando los padres víctimas de la alienación de sus hijos intentan demostrarlo. Para poder hacerlo primero hay que diagnosticarlo, y para que haya un diagnóstico hace falta estudios psicológicos de especialistas que muchas veces no se facilitan en los juzgados o son “de aquí te pillo y aquí te mato y no sostenidos en el tiempo”, recalca el abogado de familia. 

De hecho, en el caso de Marian Ferrer, que lleva tres años sin ver a su hija de 13, el equipo de psicólogos del juzgado diagnosticó el SAP y aún así, “no han hecho nada”, exclama. “Me decían que me aguantara; la justicia ha sido igual de responsable que el padre de la situación en la que está mi niña,”, sentencia. 

Y es que para que los juzgados tomen medidas en este asunto se tarda una media de siete años. Por eso, aquí la Fiscalía de Menores tiene un papel fundamental. Según Calderón, “el ministerio fiscal tendría que solicitar la intervención de psicólogos, implicarse”. 

  SECUENCIAS IRREVERSIBLES

Mientras tanto, los niños siguen siendo víctimas de un maltrato emocional que puede llegar a tener graves secuelas. “A mi hija esto le va a marcar de por vida”, afirma Marian. Muchos de estos niños, sin saberlo, padecerán fácilmente trastornos ansioso-depresivos, problemas para relacionarse, baja autoestima, aislamiento, fracaso escolar, personalidad esquizofrénica, falta de organización, sentimientos de culpa. 

Así, se han dado casos de hijos que han tenido problemas de alcohol, drogas, e incluso, han llegado al suicidio. El psicólogo añade que estos hijos corren el riesgo de convertirse en “víctimas emocionales de sus parejas”.

Y, por otro lado, el padre/madre alejado se ve totalmente impotente ya que se le niega ver a su hijo y, en muchos casos, son ellos mismos los denunciados por maltrato por parte del alienador para erradicar cualquier posible contacto, como le ocurrió a Tomás Daroca, que tuvo que estar nueve meses sin ver a sus hijos por una orden cautelar de alejamiento por una falsa denuncia de su ex que luego logró demostrar. Este “secuestro legal tuvo consecuencias catastróficas”, revela. 

  MUERTOS EN VIDA

Por ello, no es difícil imaginar que la situación llegue a ser extrema. “He tenido que soportar que mi hija me diga cosas muy fuertes, pero sé que no es responsable de sus palabras, tiene lavado el cerebro”, sostiene Marian Ferrer. Tomás Daroca afirma con dureza que sigue teniendo la foto de su niña en casa, “de la que era mi hija porque ya no sé quién es”, lamenta. Los padres víctimas del síndrome coinciden en que se ven obligados a dar a sus hijos por muertos, con el daño añadido de saber que no lo están, que están haciendo cosas y ellos desconocen cómo están, cómo tienen el pelo, cómo van en el colegio, si tienen novio/a, si se han caído... Cada cumpleaños, cada Navidad, cada día de Reyes, cada día del Padre o de la Madre, mejor dicho, cada día a secas, están padeciendo un desgarro. Tanto Marian como Tomás reciben tratamiento psicológico para lograr aprender a vivir con la ausencia de sus hijos, “para hablar de ellos sin llorar”. Sufren el rechazo, el maltrato judicial y comentarios de terceras personas que piensan que si no tienes a tu hijo contigo “será porque no eres un buen padre”.

MALTRATAR GRATIS
  Por contra, los padres alienadores son totalmente conscientes del daño que generan en sus hijos. Lo que ocurre es que “no aman, poseen, controlan o se vengan a través del niños, porque son el eslabón más débil”, especifíca Aguilar. De hecho, Daroca resalta que es una forma de maltrato “repugnante” porque se da con el agravante de familiaridad y desde la persona en la que más confían estos niños, que “no va a dudar de lo que le dice su madre”.

Pero, el maltrato a los menores sale gratis. “Es más, no sólo no se persigue sino que se beneficia”, apunta Daroca. De hecho, estos padres tenían custodia compartida y cuando sus respectivos ex empezaron a saltarse los régimenes de visita hasta llegar a no entregarles a su hijos no le sirvieron de nada sus denuncias. Cada papel, tarda meses, y cada mes perdido, es una espina. No es ilógico pensar que a Marian le quede la duda de que “la justicia actúa lenta a propósito”. Es más, como señala Calderón, estos casos tienen mucho que ver con el régimen de custodia ya que los alienadores acaban consiguiendo la tenencia de los menores y los padres víctimas temen tomar medidas penales para no alimentar el rechazo de sus hijos. 

De hecho, cuando llega el momento, y estos niños que ya han sido alienados se niegan a verles, los jueces tienen en cuenta sus opiniones sin más lo que, según Tomás, es “una auténtica aberración”.


FUENTE: http://www.lacalledecordoba.com

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