domingo, 15 de enero de 2012

HOMENAJE DEL "LIBRE MERCADO"


Podría decirse que  estamos acercándonos a la apoteosis (final) de un modelo económico que ha dominado el mundo en los últimos doscientos años. La situación actual es una culminación y una consecuencia lógica a la aplicación de las ideas neoliberales. No es benévolo el carnicero, panadero o agricultor de donde obtenemos nuestro alimento, sino que boga por sus propios intereses y generalmente, no intenta promover el bienestar publico ni sabe como esta contribuyendo a ello. Solo busca su propia seguridad, dirigiendo su actividad de forma que consiga el mayor valor y su propia ganancia y así, promueve un objetivo que no estaba en sus propósitos conducido por una mano invisible.



En otras épocas el costo del desgaste de un esclavo lo financiaba su amo. Actualmente, el costo del desgaste de un trabajador libre va por cuenta de él mismo.
Todos podemos ver las consecuencias. Los “recursos naturales” se encuentran al borde de la extenuación y se ha acentuado una miseria tan terrible en grandes zonas de la Tierra que sus habitantes no tienen fuerzas para ser explotados. Mientras, mercaderes que sólo buscan su propia ganancia y para quienes fue creado el modelo económico, acumulan  beneficios tan obscenos que no merece la pena cuantificar.
La lógica más elemental nos advierte que este proceso no se podrá mantener indefinidamente y la realidad  pone ante nuestros ojos  hechos que nos permiten vislumbrar la proximidad del fin de este sistema y su dinámica irracional: la degradación ambiental irreversible aunque suene alarmista y radical.
Los medios de comunicación, adjudican la responsabilidad al Hombre genéricamente, como si fuese una consecuencia inevitable de las actividades humanas y del incremento de la población. Pero no es necesaria una gran lucidez ni una reflexión muy profunda para darse cuenta CUALES  HOMBRES  son los verdaderos responsables y a que actividades se dedican.
Las reservas pesqueras están al borde de la extenuación y el equilibrio ecológico de los mares, en grave peligro. No se puede responsabilizar a la forma de pesca tradicional, sino a  las grandes compañías que utilizan enormes redes de arrastre que desertizan el fondo marino a su paso y grandes pesqueros “industriales” que realizan enormes capturas para después arrojar al mar entre el 80 y el 90% de los peces muertos que “no son rentables”. El verdadero responsable no es “el Hombre”, sino unos HOMBRES CONCRETOS  que han impuesto un modelo económico que ha dejado al mundo en manos de personas sin escrúpulos que sólo buscan enriquecerse lo máximo posible en el menor tiempo y  a costa de lo que sea. Y el “libre mercado”, la libertad de los ricos sin ningún control para enriquecerse más es la que conduce a que se deforesten las selvas tropicales para sustituirlas por grandes plantaciones de soja o maíz transgénicos destinados al “negocio” de los biocombustibles (otros grandes generadores de hambre), o a que se destruyan los suelos fértiles con los grandes monocultivos que utilizan enormes cantidades de abonos químicos y pesticidas que luego envenenan los ríos y los mares próximos a las grandes explotaciones agrarias propiedad de las multinacionales de la alimentación, o a que se contamine el entorno natural con los cultivos transgénicos, ese gran negocio y esa falsa solución del hambre en el mundo, o a que se emitan a la atmósfera, a la tierra y a los mares toneladas de gases tóxicos y residuos producidos por la actividad industrial, (que cada año es mayor para que el sistema funcione), de las grandes empresas multinacionales de todo tipo. Hay graves problemas de diversa índole que ponen en riesgo a nuestra tierra y al Hombre y detrás de todos esta la misma causa.
Es notable la condescendencia con que, en los medios de comunicación, se citan los enormes beneficios de los bancos y los especuladores en épocas de dificultades económicas para la población mientras se comenta sin el menor sentido crítico que los artículos de lujo extremo han aumentado un 15% sus ventas. Pero es la lógica del libre mercado.
Desde un punto de vista ecológico global, la degradación ambiental está ya desencadenada.  No se puede predecir cual será el punto en qué el interconectado ecosistema global sufra un colapso catastrófico. Hay datos científicos que nos dicen que el casquete de hielo del Ártico está próximo a su desaparición total. La modificación de la circulación termohalina (movimientos internos de agua en el océano profundo ocasionados por las diferencias de densidad de las masas de agua que se ordenan las menos densas sobre las más densas) de los océanos y de la circulación atmosférica global que dependían de estas masas de hielo ha comenzado a producir cambios climatológicos acentuando así grandes inundaciones en unos puntos y duras sequías en otros. Todo esto, junto con el ascenso de las temperaturas medias anuales, podría producir graves problemas en los cultivos, especialmente de cereales, de todo el mundo que se acentuarán por causa del demencial sistema de producción control y distribución de alimentos que ha establecido el “libre mercado”, con la concentración en pocas manos de grandes explotaciones de los ambientalmente frágiles monocultivos “industrializados”, sometidos a la especulación.
Parece que no hay nada que esperar de la actitud de los países autodenominados “desarrollados” hasta que sea demasiado tarde. Sus “largos brazos”, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial instan a una mayor liberalización de los mercados y a la privatización de la “gestión” de los “recursos hídricos”, es decir, poner el agua, una necesidad biológica tan básica y tan esencial como el aire en manos de empresas dispuestas a enriquecerse aún más a costa de las necesidades fundamentales de las personas. Están convencidos de que el dinero y la tecnología los mantendrán a salvo y que el problema va a seguir golpeando, como siempre, sólo a los países “subdesarrollados” (que son, en realidad, países empobrecidos fundamentalmente por causa de los países enriquecidos). Pero la extrema fragilidad de su perverso sistema económico se pondrá de manifiesto y en este caso no será solo “una crisis financiera”, porque va a venir acompañada de un nuevo fenómeno sobre el que el dinero no tendrá ningún poder: las fuerzas de la Naturaleza. El agua y el alimento son necesidades básicas para todo el mundo además el petróleo tiene los días contados y los biocombustibles no serán suficientes ni siquiera a costa de la máxima producción  o sea, de la máxima hambre posible
Tal vez el sentido común indique que la estrategia para afrontar la situación sea la vuelta a la autosuficiencia alimentaria del pasado, en la que cada núcleo de población tenía en sus alrededores los suficientes recursos para alimentar a sus pobladores. Pero está claro que esta solución no puede ser llevada a cabo dentro de la lógica de la economía de “libre mercado”. El problema debería de ser afrontado desde una perspectiva mundial, porque si es un problema global la solución tiene que ser global y tiene que pasar por  la raíz de su origen; el sistema económico que lo causó.
Como se puede ver, no da la impresión de que los que dirigen los destinos de la humanidad estén dispuestos a cambiar. El “libre mercado” está demasiado ocupado.

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