jueves, 12 de junio de 2014

MÁS QUE UNA DROGA…. FÚTBOL


            

           






















Observando los partidos transmitidos por la TV y luego del triste papel obtenido por la selección nacional en la última Copa América, se me ocurrió preguntar qué  dejó aquel campeonato y  qué inexplicable cuestión ocurre con el fenómeno fútbol.

Me gustaría saber que es lo que le pasa a una sociedad  que lleva  una manifestación deportiva como el fútbol a identificarse de manera idiotizante y narcotizante hasta tal punto que  paraliza todas sus actividades y lleva a rivalidades ridículas en su máxima expresión.

Hoy en día los clubes de fútbol son prototipos de grandes empresarios que hacen que este deporte se haya convertido en un gran negocio con movimientos escandalosos de dinero e intereses ligados a  gigantescos movimientos económicos.

El fútbol es la actividad deportiva más importante tanto por la enajenación que produce como por su promoción en los medios y por la acumulación de capital. Tal ves ante la cotidianeidad capitalista que nos domina estas pasiones expresen la única y profunda alegría colectiva. El pueblo vive de emociones, eso es viejo como el mundo, así tenemos lo que se dice vulgarmente “pan y circo” para tener entretenida y controlada a la población mientras las clases dominantes siguen acumulando riquezas.

Millones y millones  de personas se movilizan a través de los muchos campeonatos. En la antigüedad en los momentos en que el descontento se extendía más inventaban festividades para calmar las aguas. Actualmente pareciera que  no hay mas esclavitud, pero los esclavistas hoy día son llamados capitalistas y los esclavos, obreros o empleados que cumplen la misma función pero de manera mas refinada para decirlo de algún modo. Ya no es el circo de los gladiadores y toros sino que el futbol ha pasado de ser un maravilloso deporte, como tantos otros, para convertirse en un gran comercio que produce millones de ganancias a grandes empresas capitalistas y a un sistema de dominación que ha servido para trastornar y apaciguar a las masas. El noventa por ciento de los fanáticos del futbol es el más explotado y miserable, pero con él dan salida a sus frustraciones. Tan brutal es el mecanismo que además de ser un negocio directo no hay noticiero donde no se hable de futbol y cuando anuncian “deportes” solo hablan de futbol, lo han hecho tan popular simplemente porque produce ganancias multimillonarias y el sopor de la población.

Es probable que el fútbol nos deje muchas cosas, seguramente, más de las que nos enteramos  pero hay consideraciones que merecen una especial atención. La primera hace referencia a una clase magnifica y vivencial sobre la perfecta distinción entre el bien común y la voluntad popular. Es decir, la certeza de que la democracia endiosa la voluntad popular que apunta a la masa indiferenciada y que tiende a perderse entre las pasiones mas bajas  Es claro que a veces existe un “sentir popular” nacido  de una arraigada tradición y que en condiciones normales resulta valorable, pero ¿que se puede pretender esperar de la “voluntad popular” de un pueblo victima del pensamiento capitalista y prisionero del sistema? ¿Que garantía puede ofrecer un querer popular victima de la incultura y el hedonismo? La voluntad popular sacraliza la diversión, promete sacrificios a cambio de la victoria con extrañas supersticiones  y exige que en las escuelas no haya estudio sino televisión. Hoy es la voluntad popular la que sirve de pantalla a las ideologías. Muy distinto es el bien común, objeto de la acción política. Y la pregunta es: ¿que cosa necesita la Patria aunque no coincida con “la voluntad popular”?

Que no sea la televisión y el futbol quien maneje a la educación sino la cultura. Que no resulte héroe el que le pega bien a la pelota sino quien sea capaz de sacrificarlo todo en aras del bien común. Que el coraje no se vea solo en la cancha sino en la defensa del patrimonio nacional. Que no solo cantemos el himno antes de jugar. Que imploremos pero no para evitar los penales sino para evitar la deslealtad. Que no haya “cabalas” sino FE y sentido espiritual de la vida. Que la soberanía no sea un espacio en la tribuna sino una esencia de cada palmo de nuestra tierra. Que sea ante la lucha por la dignidad y no por la selección que se corten las calles y suenen las sirenas. Que cuando hablemos de una buena defensa pensemos en nuestra  nación, nuestra tierra y nuestra naturaleza. Pero claro, todo esto cabe al bien común y no A LA VOLUNTAD POPULAR. Esta tiene precio y condición. El bien común es innegociable.

¿Es que tenemos que conformarnos con un grito de gol en la cara al país rival por no poder ver nunca el escarmiento a los traidores a la patria socios del sistema? 

Gracias a tamaño campeonato hemos visto con claridad las dos caras del juego, un símbolo, una expresión de las cuestiones de juego, un testimonio claro de lo mal que estamos cuando todo se mezcla y confunde. Es justo que un buen jugador integre el seleccionado nacional, lo peligroso es que por ser bueno termine con un puesto político  Por que el problema no es que los chicos jueguen al fútbol como si fuese la vida, sino que los grandes crean que la vida es solo fútbol y que todo esto nos parezca normal.

Es preocupante que creamos ser una nación fuerte por ganar un partido de fútbol. En definitiva; partido mas, partido menos, “pan y circo” y la voluntad popular contenta.

1 comentario:

  1. Actualmente pareciera que no hay mas esclavitud, pero los esclavistas hoy día son llamados capitalistas y los esclavos, obreros o empleados que cumplen la misma función pero de manera mas refinada para decirlo de algún modo


    capitalistas no!! sionistas liberales para con los goyims,
    tienen que acumular mucho dinero para imponer el nuevo orden mundial........

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