lunes, 6 de mayo de 2013

EL TRIUNFO DE LOS MEDIOCRES


Por David Jiménez (*)

Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general. Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre.

Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente. Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros. Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.

Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura. Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera mínimos conocimientos sobre política internacional. Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo. Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado. Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.

Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro que sin embargo encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas. Es mediocre un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada. Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.

Mediocre es un país que ha permitido fomentado celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.

David Jiménez Blog

NOTA DE LA REDACCIÓN

Nos solidarizamos con el autor de este artículo y las peripecias de anónimos que como siempre intentan plagiar y atribuirse como propio lo que no lo es, olvidando el clásico axioma que dice: “lo que natura no da, Salamanca non presta”. Es decir, en un palabra, basta de mediocridad.

(*) EL ARTÍCULO QUE CREÍ HABER ESCRITO

Circula por Internet un artículo que está haciendo mucho ruido. Lleva por título El Triunfo de los Mediocres y me ha llegado por diferentes vías atribuido indistintamente a Juan José Millas, Vargas Llosa, un anónimo “pero brillante” profesor de universidad o mi admirado Forges, entre otros. En realidad el texto no es de ninguno de ellos -ni de las decenas de autores que lo firman como suyo o lo publican sin identificar al autor-, sino de un servidor. O al menos eso creía.

El texto se ha copiado, firmado a otros y reproducido sin cita tan a menudo que algunos lectores me escriben cabreados para denunciar lo que consideran un plagio, exigiendo que deje de atribuirme lo que es mío. Estoy por hacerles caso y confesar, aunque solo sea por terminar con los desmentidos.

El artículo en cuestión fue publicado originariamente en esta página en febrero de 2012, pero revive ahora tras haberse consolidado la más improbable de las autorías alternativas, pues sabido es que Forges es humorista gráfico y no columnista. Por supuesto Forges nada tiene que ver con el hecho de que el Triunfo de los Mediocres haya pasado a ser de su propiedad e incluso se ha confesado harto de negar su autoría.  En todo caso renuncio a averiguar el origen del malentendido, porque Internet me abruma. Tampoco dispongo de las energías para hacer frente a los vampiros digitales, que me superan en número y determinación. Menos aún por un artículo cuya popularidad -solo en este blog va por las 200.000 visitas- me resulta incomprensible, pues solo contiene  obviedades. Entre ellas, que nuestra crisis es mucho más que económica y que vivimos en una sociedad que fomenta la mediocridad, donde “la creatividad es marginada, cuando no robada impunemente”. Supongo que Forges estará de acuerdo.

 David Jiménez

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