sábado, 7 de diciembre de 2013

ISRAEL: "SOMOS LA LACRA DE LA SOCIEDAD"














Kon es muy crítico de Israel, el país que adoptó y que es invitado de honor en la FIL. / HAARETZ

 A CONFESIÓN DE PARTE RELEVO DE PRUEBA 

Artículo publicado en diario Clarín

Zikit, en hebreo, significa camaleón, y es el nombre de la editorial con la que Uriel Kon publica casi el 90 por ciento de la literatura latinoamericana traducida al hebreo. Incluso en la colección que dirige para Carmel Publishers, luego de seis años de trabajo publicó una notable traducción de Rayuela. Por eso resulta extraño que el comité del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, responsable de la selección de escritores y editores que participan en el programa del país invitado de honor en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, no lo haya sumado a uno de los mayores eventos de la industria editorial en español. De todas maneras, Uriel Kon está sentado en la terraza de la Feria. Y tiene bronca. Nacido en la Argentina en 1975, llegó a Israel a los veinte años “porque quería vivir en un kibutz, quería el socialismo. Y porque en la Argentina me habían enseñado cosas sobre un país que en realidad no existe”, dice. Hace unos meses, en un mail que le envió a sus amigos preocupados por su situación en Jerusalén, Kon escribió: “Sepan que sólo mil familias envían a sus hijos a escuelas en la que conviven árabes, cristianos, judíos y otras minorías. Somos la lacra de la sociedad. Somos traidores por creer en los derechos humanos. Somos basura por leer e investigar (...) Me da bronca, ya que al fin y al cabo le di a este país mis años de juventud, puse en él muchas de mis esperanzas, trabajé, escribí, adopté un idioma, publiqué libros (...) se me condena, por no estar dispuesto a participar de la destrucción de este país ni de apoyar el aniquilamiento del pueblo palestino”. Uriel Kon habla con la crudeza de alguien que vive en una guerra permanente y desde ese lugar opina sobre la literatura israelí contemporánea y sobre la participación de Israel en esta Feria. “Los israelíes –no importa el evento que hagas– te obligan a poner las cartas sobre la mesa. Si visitas el stand israelí vas a darte cuenta de que hay tres medidas de proselitismo, dos de Holocausto, una de kitsch y otra de judíos famosos como Einstein.” 

–¿Y si hablamos de literatura?
  
–Los escritores interesantes como Yoel Hofmann u Orly Castek Blum no están en Guadalajara. Traen a escritores realistas, cuya opinión sobre el país no es para nada crítica. La autocrítica no existe, porque el sujeto se siente tan identificado con el Estado que hablar mal del Estado sería hablar mal del sujeto. Te catalogan como traidor y a los traidores no los invitan.

–¿Y vos sos un traidor?


–Supongo. Igual, yo no soy nadie. Lo triste es que en un país en el que el 25 por ciento de la sociedad es árabe, no haya ningún escritor árabe. No hay ningún tipo de señal de que existe literatura árabe, escritores palestinos o críticos.

–¿Sólo invitaron a los escritorespredecibles en su discurso?
  
–Y a los escritores amaestrados. Con un discurso pseudo neutral con lindas palabras sobre el país –David Grossman dijo que critica cuando debe criticar.

–Grossman y Amos Oz son el símbolo de los escritores duales, que tienen dos caras. Como Shimon Peres. Pero internamente son reaccionarios. Si vamos a las tres últimas guerras, Amos Oz y Grossman condenaron la guerra después de que murieron 1.500 personas en un bombardeo.

–¿No antes?
  
No. Incluso Amos Oz estuvo a favor de las últimas dos. Tienen un delay en el que muere gente. Cuando ya hay cierto consenso en el mundo de que está mal lo que se está haciendo, entonces salen a criticar. Son profesionales del mercado literario.

–¿Hay otros?

Hay escritores como Aharon Appelfeld que son de otra época, escritores de la memoria, el Holocausto. Eso es algo que sobresale mucho en Israel: la memoria, la superadjetivación del drama del pueblo judío.

–Eso sería una literatura políticamente correcta. ¿No hay fisuras?
  
–El israelí entiende por literatura textos muy adjetivados con palabras lindas tipo siglo XIX. Y todo lo que tenga más aire, está mal.

–¿Alguna palabra fetiche?

 –Dolor. Todo es muy triste, muy oscuro. Amos Oz escribió Una historia de amor y oscuridad: ese es el modelo de literatura. Escriben en hebreo de una manera anacrónica, imperdonable.

–¿Y no crees que esa escritura, en algún punto, sea necesaria?

 –Me parece que los estados fascistas utilizan el realismo para poder hablar bien de sí mismos y describirse como quieren.

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