lunes, 11 de agosto de 2014

EL ETERNO HOLOCAUSTO ANIMAL PRODUCIDO POR EL SIONISMO Y LA MAFIA DE LOS LABORATORIOS

 
"El horror que todo el mundo experimenta sin duda hacia los peores tratamientos imaginables, aplicados a los animales, en pretendido beneficio de nuestra salud - ¡y ésta sería la peor cosa que podríamos poseer en un mundo sin corazón-, (este horror) ¿no provocaría por si solo este examen, o bien sería necesario empezar por demostrarnos que esta utilidad es falsa, cuando no engañosa, y que se trataba en realidad de una vanidad de virtuoso o de la satisfacción de una curiosidad estúpida? ¿Esperaríamos que la vivisección humana realizase nuevos sacrificios en favor de la "utilidad"? ¿No es necesario que el interés del Estado tenga más valor para nosotros que el del individuo? " Rirchard Wagner
¿Por qué la experimentación animal es un fraude científico?




¿Si Fido, tu perro, se enfermara y se estuviera muriendo, crees que sería científicamente posible encontrar una cura para él experimentando sobre tu sanísimo tío Walter?

¿Te parece ridículo? ¡Ciertamente lo es!

Sin embargo, la industria biomédica y sus poderosos aliados han logrando convencer a millones de personas –incluso a las más inteligentes de entre nosotros – que es posible encontrar curas para las enfermedades humanas experimentando con animales sanos.

Por qué la experimentación animal es un fraude científico:
Cada especie animal es una entidad diferente, tanto en términos biomecánicos como bioquímicos. Las distintas especies animales no sólo son diferentes de los seres humanos, sino también entre ellas: en su anatomía, fisiología, inmunología, genética e histología (y hasta en la estructura celular de base). El perro es diferente del gato, quien es diferente de la rata, la cual es diferente del ratón; y todos son diferentes con respecto al hombre. Cada especie animal reacciona a las substancias químicas de diferente manera: la aspirina mata a los gatos y la penicilina mata a las cobayas, las cuales, sin embargo, pueden comer tranquilamente la estricnina, uno de los venenos más letales para el hombre, así como las ovejas el arsénico, y la lista podría continuar hasta el infinito. Por consiguiente, sustancias muy útiles para el hombre no han sido utilizadas durante años porque son peligrosas para los animales; y muchísimos fármacos considerados “seguros”, teniendo como base los experimentos realizados con animales, han sido retirados del mercado por haber causado en el hombre graves daños a su salud.

Las enfermedades de la especie humana no pueden ser reproducidas en los animales –en realidad ni siquiera en el hombre– porque la enfermedad reproducida es artificial y diferente de aquélla que el cuerpo produce espontáneamente. Un ejemplo: si tú no tienes epilepsia, nadie puede provocártela, y mucho menos producirla en un animal. En algunos casos se pueden recrear los síntomas de la enfermedad, como las convulsiones, pero nunca la propia y  enfermedad real. Son excepciones las enfermedades infecciosas, pero los animales no contraen infecciones humanas (en efecto, nunca ha sido posible, en los laboratorios, contagiar de VIH humano a un solo animal). Entre las miles de diferencias que nos dividen de los animales, están aquéllas de los sistemas inmunitarios: las ratas viven en las alcantarillas, los perros beben agua de los charcos y los gatos se lamen la suciedad del cuerpo, ¡sin enfermarse!

Quienes experimentan con animales afirman que éstos son muy “similares” al hombre. Sin embargo, en términos verdaderamente científicos, el concepto “similar” carece de valor. ¿Si alguien te dijera que en la habitación de contigua no hay oxígeno, sino un gas muy “similar” al oxígeno, entrarías? ¿Si necesitaras una transfusión de sangre y alguien te dijese que hay una sustancia muy “similar” a la sangre humana (como la sangre de chimpancé, por ejemplo), la aceptarías?

Te preguntarás por qué razón, entonces, las sustancias destinadas al hombre todavía se prueban en animales. Se hace así para favorecer las carreras “científicas” basadas en el número de “artículos publicados” y, sobre todo, para favorecer a las industrias. La experimentación animal provee a los productores, en caso de un eventual alegato jurídico, la posibilidad de seleccionar la respuesta, variando la especie animal o las condiciones del experimento. Esto permite, desde la óptica del lucro en detrimento de nuestra salud, la comercialización de millares de fármacos, a menudo inútiles y en ocasiones muy dañosos.

Actualmente se recurre a la manipulación genética para superar las diferencias entre el hombre y el animal con la creación de animales transgénicos en los cuales se introducen genes humanos, lo cual muestra una vez más la irresponsabilidad del ambiente pseudocientífico que no quiere valorar las graves consecuencias, frecuentemente denunciadas, de tales acciones; y muestra también su obstinación en seguir en un callejón sin salida. De hecho, con el intento de “humanizar” al animal utilizado en el laboratorio (que seguirá siendo diferente del hombre en todas sus otras características)  se reconoce abiertamente el error de la investigación realizada con animales.

Después de más de cien años una ininterrumpida y costosísima investigación basada en la experimentación animal el número de enfermedades no ha disminuido. Muy lejos de encontrar remedios para los “males del siglo”, estamos perdiendo terreno en la lucha contra el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, el Sida, la distrofia muscular, la esclerosis múltiple, el síndrome de Alzheimer y las malformaciones, por citar sólo algunos ejemplos. Además, las enfermedades iatrogénicas (producidas por los fármacos), están cada vez más presentes.

En todo el mundo crece con rapidez el movimiento de Médicos y Científicos que luchan por la abolición de la experimentación animal, método de investigación que siempre ha usurpado a la observación clínica el mérito de las conquistas científicas del pasado, que ha obstaculizado el progreso de la medicina y que ha sido la causa de una experimentación incontrolada sobre el hombre.

Este movimiento lucha por una medicina que tenga una verdadera base científica, que sirva a la prevención, la investigación clínica, y sobre todo a la lógica y el buen sentido.


No se trata de elegir entre el niño o el perro, argucia con la que los vivisectores tratan de confundir al público: la elección es entre la verdadera o la falsa ciencia.

¡Adiós, tonto gatito!

Por Hans Ruesch

No, tonto gatito, nadie te liberó, a pesar de que tu foto y tu grito de ayuda estaban en exhibición en todos los quioscos de periódicos de Europa, donde millones de personas los vieron, y probablemente millares no pudieron dormir la noche siguiente. Sin embargo, esto es todo lo que han hecho –incluso yo-. Durante un momento de locura esperábamos que algunos de esos chicos que liberan animales de los laboratorios corrieran a salvarte, pero, naturalmente, las probabilidades eran enormemente contrarias, porque la policía protege a los torturadores de laboratorio y no a sus víctimas; los héroes son pocos, y millones de animales candidatos a morir en los laboratorios pseudocientíficos para proporcionar una coartada a los traficantes de drogas.


Pronto serás inmovilizado en un aparato estereotáxico, con tanta fuerza que no lograrás mover la cabeza, ni siquiera un pelo, tal vez dos barras de acero serán introducidas en las órbitas vacías de tus ojos, y dos prensas te presionarán las orejas tan fuertemente que tus tímpanos podrían reventar, pero no te preocupes, se hará porque no influirá ni un poco el resultado del experimento, según cuanto dicen los catálogos de los fabricantes, Lab-Tronics y H. Neuman & Co., cerca de Chicago, que envían tales instrumentos de tortura a los laboratorios de todo el mundo. Sin embargo, lo que importa es tenerte absolutamente inmóvil, mientras la verdadera acción comienza.

Demonios de bata blanca, disfrazados de “científicos”, te harán agujeros con un taladro en tu pequeña cabeza, e introducirán cánulas, sensores, y electrodos en tu pequeño cerebro, para repetir una vez más en tu sistema nervioso los mismos insensatos experimentos efectuados desde el fin del siglo pasado; experimentos que no han aportado beneficios de ningún tipo, ni a la especie humana ni a la felina, sino únicamente a los mismos experimentadores, a quienes han procurado satisfacción personal, a veces fama y honores, y quizá incluso un Premio Nobel, como en el caso del Prof. Walter Hess de la Universidad de Zurigo, antes que se supiera que todas sus conclusiones eran erróneas y habían causado daños incalculables a un número no revelado de pacientes. En cualquier caso, las obras pseudocientíficas de este señor y de sus colegas, si es que todavía están en algunas bibliotecas médicas, por más que nadie las lea, han sido colocadas allí con la ayuda de tontos gatitos como tú.


Porque tú fuiste creado sólo para “servir” a la especie humana. ¿No lo sabías? También el Papa lo ha dicho explícitamente, probablemente con base en su creencia de que tú no tienes un alma (algo que sin embargo no puede demostrarse), mientras que tus torturadores sí la tienen (y tampoco esto es algo que pueda demostrarse), porque “están hechos a imagen de Dios”. ¡Hermosa imagen!

Y, naturalmente, los jóvenes químicos continúan repitiendo y perpetuando todo esto, así como los fabricantes de productos que están envenenando la Tierra y matando a la gente por millones, los gobiernos y los políticos que pagan la nómina, los profesores universitarios y los rectores, los medios de comunicación que se ganan la vida cómodamente, no informando a la opinión pública sino manipulándola, y también los dirigentes de las grandes asociaciones para el bienestar de los animales, como la RSPCA (Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals) y la WSPA (World Society for the Protection of Animals) y El Eurogrupo y la HSUS (The Humane Society of the United States), etcétera, que en lugar de dar a conocer el daño evidente, enorme, causado cotidianamente a la especie humana por los métodos erróneos de investigación médica, ocultan deliberadamente este hecho con cortinas de humo de pueriles charlas filosóficas –como los viviseccionistas quieren que hagan, bajo el pretexto de que la humanidad debe ser “salvada”, y que sólo con el sacrificio tuyo y el de tu especie esto se puede obtener-.

Naturalmente, tonto gatito, para cuando seas inmovilizado en uno de sus aparatos estereotáxicos, probablemente habrás llegado a la conclusión de que la humanidad no puede ser todo eso que se dice de ella, y, desgraciadamente, tendrás razón. En efecto, el hombre es el único animal capaz de matar a sus hijos porque lo molestan mientras duerme. Y también el único macho que golpea a su hembra, si bien algunos graciosos argumentarán que la mujer es la única hembra que merece ser golpeada. El hombre es el único animal que asesina a todas las especies conocidas, incluida la suya, e, incesantemente, erosiona el suelo y daña su hábitat hasta hacerlo inhabitable, sin embargo se considera –sólo porque es capaz de sembrar más muerte y caos que todas las demás especies juntas– la más inteligente de las especies, la única que merece sobrevivir.

¿Qué esperas de una especie así, tonto gatito? Pero, tal vez, sólo quieres saber porqué siempre es tu especie la utilizada para los experimentos más dolorosos y prolongados que existen. Es porque has tenido la mala suerte de nacer con un sistema nervioso extremadamente sensible, mucho más sensible que el de tus atormentadores, pero al mismo tiempo eres también más resistente que la mayoría de los otros animales. He aquí el porqué.

Pero no grites cuando te lastimen, tonto. Si lo haces, “ellos” te cortarán las cuerdas vocales, porque “ellos” son de corazón sensible y no soportan los chillidos de los animales. De hecho, muchos de ellos no sólo son grandes filántropos, sino también verdaderos amantes de los animales, que dicen sufrir más que tú a causa del dolor que, por pura filantropía, te infligen.

Y, ahora, adiós, tonto gatito. Espero que mueras antes de que comiencen las fiestas de Navidad, porque durante esas fechas corres el riesgo de permanecer durante días sin agua, inmovilizado en tu aparato de contención. Mas no contemos con ello, porque vivisectores como el prof. Konrad Akert, capo líder de la Universidad de Zurich, y el prof. W. D. M. Paton de Oxford –Sir William, nombrado caballero de su Graciosa Majestad la Reina por su incesante trabajo sobre cerebros de gatos– junto con sus colegas han llevado a cabo estos experimentos tan increíblemente a menudo, con idiota repetitividad, que han llegado a ser bastante hábiles en prolongar la agonía. Asimismo ninguno de ellos ha sido nunca capaz de nombrarnos un sólo paciente al que hayan curado, mientras que nosotros podemos nombrar a un gran número de personas que han sido dañadas de por vida, o que incluso han muerto, a causa de su torpe y contraproducente método de pseudoinvestigación.

Pero, quizá, puedes recibir una especie de aterrador consuelo del siguiente pensamiento, desafortunado gatito. Piensa sólo esto: de una tonta pequeña cabeza como la tuya, hombres “importantes” como Sir William Paton esperan, en efecto, encontrar algún día qué hacer con sus propios cerebros defectuosos y con el gran agujero negro que tienen dentro, y es tanta su preocupación que los experimentos sobre el cerebro han llegado a ser en sus vidas una obsesión.

Ahora, debemos dejarte, desafortunado gatito. Espero que mueras rápidamente. Es, verdaderamente, lo único que podemos desearte. Quizá nos encontremos algún día, en algún otro mundo, que únicamente podrá ser mejor que este.

 *Este artículo de Hans Ruesch apareció originalmente en Boletín CIVIS-SCHWEIZ, en la navidad de 1983. Poco antes, la fotografía del gatito con la leyenda “HILFE, LAAST MICH HIER RAUS!” (“¡Ayuda, sáquenme de aquí!”) había sido publicada en la portada de Stern, el semanario alemán de mayor circulación. Cinco años después, Hans Ruesch volvió a publicar el artículo en el Boletín CIVIS No. 2, “The Infiltrarion in Animal Welfare”.

PETER SINGER* NO ES EL ÚNICO FARSANTE


Cuando Peter Singer optó por demandar a Hans Ruesch, autor de "Matanza de Inocentes", por haberle acusado de ser un “farsante”, su decisión acabó por convertirse en un bumerán que haría que muchos antiviviseccionistas y defensores de los animales conocieran el papel que el “filósofo” australiano juega en el ámbito de la defensa de los animales. La indignación que sintieron muchos antiviviseccionistas al ver cómo Singer demandaba a Ruesch les llevó a solidarizarse con el autor de Matanza de Inocentes, el libro más completo que se ha escrito contra la vivisección en el que se demanda la abolición total de la experimentación con animales por motivos científicos y éticos. Teniendo en cuenta que Singer siempre ha ignorado los planteamientos antiviviseccionistas científicos y que sus conferencias han sido regularmente financiadas por la Fundación Rockefeller, que tiene grandes intereses en la industria farmacéutica, fue comprensible que Ruesch le acusara de ser un farsante, y lo mismo podría decirse de otros supuestos defensores de los animales de renombre que son clones de Peter Singer en diversos países.


Tal es el caso de Jesús Mosterín, que en España es considerado un partidario de la Liberación Animal. Quizá con la intención de emular el éxito de Singer en el mundo anglosajón, o tal vez porque comparte sus criterios plenamente, el señor Mosterín ha manifestado su completo apoyo a determinadas formas de vivisección al tiempo que ha demostrado su profundo desconocimiento de la historia de la medicina y de la vivisección. En libros como Vivan los Animales (el título debe ser irónico, porque en muchas ocasiones nuestro autor no muestra ningún reparo a la hora de apoyar la muerte de los animales en los mataderos y en los laboratorios de experimentación), Mosterín revela su auténtica ideología viviseccionista:

“Los experimentos dolorosos con animales vivos repetidos rutinariamente como meras prácticas de alumnos, están prohibidos en algunos países, mientras que en otros se toleran o incluso son mandatorios. Sin embargo hay que reconocer que algunos experimentos sobre animales vivos son necesarios para obtener conocimientos importantes, que a su vez pueden contribuir a la larga a evitar muchos dolores, tanto a los humanes como a otros animales. Piénsese en las investigaciones que, desde Pasteur y Koch, han conducido a identificar el origen de las enfermedades infecciosas y a desarrollar antibióticos y vacunas”.

N de la R: no olvide revisar nuestra etiqueta "vacunas"

Es difícil comprender cómo Mosterín, que no es un científico, puede realizar una afirmación del tipo “algunos experimentos sobre animales vivos son necesarios para obtener conocimientos importantes, que a su vez pueden contribuir a la larga a evitar muchos dolores, tanto a los humanes como a otros animales”, teniendo en cuenta que debe saber sin duda que ni los propios vivisectores afirman que los resultados obtenidos con animales sean aplicables a los humanos y que las condiciones en las que se realizan hacen que tampoco proporcionen datos relevantes para los propios animales. De hecho, es un argumento propio de vivisectores consumados sugerir que las torturas practicadas a los animales también pueden contribuir a beneficiar a los propios animales. Por supuesto, no suministra nuestro filósofo ni un solo ejemplo de algún experimento de ese tipo, mientras que Hans Ruesch llenó "Matanza de Inocentes" con innumerables ejemplos científicos de la inutilidad y la peligrosidad de la vivisección. Además, empeora todavía más su error mencionando a dos vivisectores que son un ejemplo de lo absurdo que es recurrir a la experimentación animal en la investigación médica. ¿O es que el señor Mosterín no sabe que por su fe ciega en la vivisección Pasteur fabricó una vacuna contra la rabia tan letal que mató a muchas de las personas a las que fue administrada, y que la OMS recomendó medidas estrictamente higiénicas para evitar padecerla, prescindiendo de la vacuna diseñada por Pasteur? 

¿También ignora que Robert Koch tuvo enormes dificultades para identificar el virus del cólera porque decidió inoculárselo a los animales, en los que no tiene los efectos que provoca en el ser humano, y que nunca llegó a comprender el mecanismo de la enfermedad al ignorar la importancia de las características individuales de cada organismo humano en el desarrollo de la misma? 

Probablemente el filósofo ha leído la literatura viviseccionista y ha decidido creer lo que los propios vivisectores suelen afirmar para defender su cruel e inútil actividad. Basta con hojear la bibliografía que consultó para elaborar su capítulo dedicado a la vivisección para darse cuenta de que con las referencias que menciona es lógico que haya llegado a la conclusión de que la experimentación animal es útil para la humanidad. ¿Por qué no incluye en su bibliografía ninguno de los escritos de Ruesch? ¿Es posible que no los conozca? Un “filósofo” como él ha tenido sin duda acceso a la información suministrada en Matanza que demuestra que la vivisección es un fraude pseudocientífico, y si decide ignorar deliberadamente su mensaje es porque, al igual que Peter Singer, está más interesado en defender la vivisección que a los propios animales, y si es así con razón podemos decir que es un farsante disfrazado de defensor de los animales.


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