lunes, 29 de septiembre de 2014

APOCALIPSIS

Podemos estar al borde del apocalipsis, si en lugar de tener gente pobre
con bombas suicidas matando a gente de clase media, tenemos a gente de clase media con bombas suicidas matando a gente rica.
Bruce Sterling

La guerra es una masacre
entre personas que no se conocen
que sucede en beneficio de personas que sí se conocen
pero que no se masacran.
Paul Valery


El mundo está en movimiento. En un peligroso movimiento. Las fuerzas actuantes – bien que algunas con más dificultades que otras – están, si no chocando abiertamente todavía, al menos probando sus músculos. O lo que es lo mismo: su tecnología bélica.

La tecnología siempre ha desempeñado un papel poco menos que decisivo en los enfrentamientos bélicos. Los pueblos que dominaron el hierro vencieron a los que solo habían desarrollado la tecnología del bronce del mismo modo en que los pueblos de la Edad de Bronce vencieron a los de la Edad de Piedra. Los que consiguieron dominar los mares desplazaron en gran medida a los que se mantuvieron anclados en tierra. El desarrollo del avión de combate y el tanque de guerra permitió pasar de la guerra de posiciones de la Primera Guerra Mundial a la guerra en movimiento de la Segunda.

Sucede, sin embargo, que a medida en que las armas se van volviendo cada vez más complejas y sofisticadas, presentan un problema: hay que probarlas y ensayarlas. Obviamente se pueden hacer maniobras, ejercicios, simulacros y hasta "juegos" de guerra, pero no hay nada que pueda suplantar al empleo real en situaciones reales, especialmente frente a un enemigo del cual – en virtud del secreto que siempre rodea los desarrollos militares – no se termina de saber exactamente con qué elementos de defensa y de ataque dispone. Precisamente por eso, y por ejemplo, antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial las nuevas armas se ensayaron. Para desgracia de los españoles, la Guerra Civil Española sirvió de banco de pruebas tanto a los alemanes como a los soviéticos.

Hoy es muy posible que estemos en un caso sumamente similar, con drones y armamento electrónicamente dirigido y controlado ensayándose en varios lugares del planeta con una idea estratégica de prescindir de la otrora reina de las batallas – la infantería – por lo menos hasta la última fase decisiva. O bien y en todo caso, utilizando una "infantería tercerizada" formada en parte por mercenarios y en parte por los mismos "nativos" involucrados.

Sea como fuere, no es tanto una Tercera Guerra Mundial "por partes" como lo ha expresado el papa, sino más bien el "ensayo general" para una posible Tercera Guerra Mundial cuyo estallido no es – todavía – del todo seguro pero para la cual las potencias involucradas están probando y afilando sus armas. Tanto las físicas, como las virtuales y las psicológicas.

La gran pregunta que uno se hace en este escenario es: ¿para qué iríamos a una tercera gran conflagración mundial? ¿Qué sentido tendría? ¿Qué la justificaría? ¿Qué la motivaría? Obviamente son todas preguntas que, para cualquier persona medianamente razonable, no tienen respuesta.

Porque aquí no se trata de pueblos bárbaros y relativamente pobres que atacan a civilizaciones opulentas como sucedió con el Imperio Romano en sus últimas épocas. Es al revés: es el poder hegemónico mundial el que ataca a pueblos díscolos que no se avienen a las imposiciones de un poder global como sucedió en Iraq, como se amenazó con proceder en Irán y como ahora se amaga con proceder con Rusia. No se trata de pueblos que huyen de entornos inhóspitos buscando conquistarse un lugar más agradable bajo el sol. Es al revés: son las potencias asentadas del poder global las que buscan conquistar hasta los lugares más inhóspitos del planeta para extender su área de poder, como sucede en Palestina y en varias otras zonas.

En todo caso, lo que hoy tenemos es que los pueblos "bárbaros", de menor desarrollo y recursos bélicos, contraatacan con los medios primitivos a su alcance. El llamado terrorismo no es más que el recurso de los que carecen de potencial bélico avanzado. Y su salvajismo se potencia no solo por ciertos elementos religioso-culturales sino también por la convicción de que se están defendiendo de una agresión injusta.

En cuanto a las motivaciones de los agresores, creo que es muy posible que lo que está pasando es que el materialismo hedonista comienza a chocar contra sus propios límites. No es que ésta sea la única causa de los peligrosos conflictos que hoy nos plantea la realidad. Como todo proceso complejo, tampoco el de estos conflictos obedece a una sola y única fuerza impulsora. Los procesos complejos jamás son monocausales.  Especialmente cuando, para justificarse, este materialismo hedonista se escuda detrás de los eternos argumentos que siempre se han esgrimido para tratar de justificar la guerra: la libertad, el honor, la independencia, la gloria, la defensa del territorio, la seguridad nacional, la democracia, la justicia, el bienestar para todos y, aunque sea un contrasentido insalvable, incluso la misma paz. Es que resulta un poco difícil mandar gente a matar y morir por un par de pozos de petróleo o por el balance de una docena de bancos.

Si bien también hay motivaciones petroleras y bancarias – así como también hay afán de poder y clara ambición de dominio –  muy en el fondo la cuestión es que Occidente simplemente llegó al límite de lo que su cosmovisión liberal-individualista le permitió abarcar.

El materialismo racionalista, que surgió como consecuencia de la Ilustración y la Enciclopedia y que inspiró a la Revolución Francesa, ha llevado a la modernidad a vivir desde hace siglos persiguiendo bienes materiales destinados a producir una satisfacción poco menos que inmediata. Es lo que en términos amplios se ha definido como el "bienestar" que supuestamente garantizaría "la felicidad".
Pero lo que el hedonismo materialista ha insistido en ignorar es algo que, desde el fondo de los tiempos, nos enseña la profunda sabiduría de todas las leyendas y de todos los cuentos populares: la absoluta inutilidad de los bienes materiales cuando éstos no están al servicio de un proyecto de gran envergadura o, para decirlo de otra manera, cuando no están al servicio de un ideal basado en valores permanentes.

Ésa es, por ejemplo, la enseñanza que deja la leyenda del rey Midas que convertía en oro todo lo que tocaba y terminó muriendo de hambre.

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Nos estamos aproximando a tiempos apocalípticos. Por favor, no se asusten. No estoy hablando del fin del mundo. Ese tema se lo dejo a personas como el P. Castellani que saben de eso mucho más que yo. A lo que me refiero es al estricto sentido etimológico del término. Porque ocurre que "Apocalipsis" viene del griego απο (apo = quitar) y καλύπτειν (kalyptein = estorbar, esconder). En otras palabras, significa algo así como "des-esconder"; vale decir: "revelar", "desvelar", "quitar el velo". Por eso es que en los países anglosajones el Apocalipsis bíblico se llama "The Book of Revelation"; el Libro de la Revelación.

El Occidente esencialmente liberal, individualista y materialista, se está quitando poco a poco las máscaras que lo hacían atrayente y está emergiendo su verdadero rostro. Está cayendo el velo que hasta hace poco ocultaba la verdadera esencia del capitalismo liberal así como la caída del muro de Berlín reveló finalmente la verdadera esencia del marxismo. Acorralado por sus propias falencias, el hedonismo materialista está intentando mantener su hegemonía – y, dado el caso conquistarla o reconquistarla – mediante las armas y la guerra.

Para su desgracia, está olvidando las sabias palabras de Napoleón: "las bayonetas sirven para muchas cosas menos para sentarse sobre ellas".


Lo que no recuerdo es si Napoleón dijo eso antes o después de atacar a Rusia.   

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