martes, 1 de septiembre de 2015

PLAGUICIDAS CARCINÓGENOS Y ERROR TECNOGÉNICO


Extracto del Primer Congreso Internacional de Ecotoxicología del 11 al 15 de abril de 1988- Buenos Aires-Argentina

Por el Profesor Guillermo M. Eguiazu

Investigador del CONICET. Profesor Depto. de Agroecología Facultad de Ciencias Agrarias(UNR)- Doctor en Ciencias Agrarias por la Universidad de Stuttgart-Hohenheim. RFA- Director del INCABIE, Facultad de Ciencias Agrarias/UNR/CONICET-

El factor común de toda la problemática de contaminación, lo que dificulta sus posibilidades de control, es el tiempo y el espacio, a saber: los contaminantes no permanecen estáticos en el punto de emisión, están sujetos a un devenir espacio-temporal que incluye una serie muy compleja de causalidades, que tiene como consecuencia, que sus efectos se hagan notar a gran distancia y muy tardíamente, en sujetos por lo general distintos a los causantes de la misma. Esto se aplica por lo general en los contaminantes químicos, los que luego de emitidos, ya sea como sustancia indeseables, por ej. como consecuencia de un proceso industrial sin cumplir ningún efecto buscado, o aquellos deseados, como ocurre con los pesticidas, los que son deliberadamente “emitidos”, para obtener un beneficio económico inmediato, hacen sentir sus efectos con posterioridad.

El entorno humano consta de tres postulados esenciales que lo definen con precisión: a) supratemporalidad, b) fragilidad y c) finitud. Dentro de éstos, la contaminación por sustancias químicas en su devenir espacio temporal atacaría al primero y al segundo, haciendo sentir sus efectos tardíos en el hombre. La profilaxis de la contaminación por sustancias químicas y cancerígenas, se basaría así en sentido amplio en el principio de equidad intergeneracional, sobre todo en lo referido a la conservación de la calidad del fideicomiso planetario.

IATROGENIA Y TECNOGENIA

La medicina posee un término acuñado para definir los estados de enfermedad que pueden ser causados en el ser humano como consecuencia indeseada de la aplicación de una práctica médica, y es el término Iatrogenia, del gr Iatrós= médico, o sea literalmente “lo causado por el médico”. En algunos casos el descubrimiento del efecto iatrogénico de una medicina puede ser tan grave que sea inmediatamente retirada del mercado. Aquí si bien la dimensión espacial indicada anteriormente, es a su vez el que sufre el efecto iatrogénico de la medicina, sí existe la dimensión temporal ya que el efecto negativo se observa con mucha posterioridad a la puesta en el mercado, venta y uso del medicamento en cuestión. El caso más conocido el es caso del tranquilizante en base a Thalidomida en la década del 60, en que la descendencia del sujeto sufrió el efecto iatrogénico, con una mínima dimensión espacial ya que debió sólo ser transmitido al niño en gestación. Existen numerosos casos de esta iatrogenia, lo que da lugar a una continua retirada del mercado de determinados medicamentos y sustitución por otros de los que se espera no sean tan nocivos como el sustituido. En el caso de algunos anticonceptivos orales, este efecto se observó en el mismo sujeto que los ingería.

Existe también una diferencia con la iatrogenia y es que en este caso, el ingreso del agente causante, (la medicina) al ser humano es deliberado a los efectos de lograr un fin deseable; sus consecuencias negativas se descubren como error. En el caso de lo causado por la tecnología, el ingreso del agente causal o noxe ambiental al ser humano, no sólo no es deseable, sino que no provoca ningún bien parcial al mismo, ya que el sujeto es receptor de las consecuencias de un acto técnico, orientado a la producción de bienes y servicios, de los que tal vez no sea beneficiario inmediato, o aún más, tal vez no llegue a enterarse de la existencia del causante. La serie de causalidades es asimismo muy grande en tecnología, ya que el fenómeno de ingreso al ser humano del contaminante, necesitó una complejísima serie de causalidades a las que ninguna de las divisiones clásicas de la Ciencia puede aprehender en totalidad mereciendo ser englosadas bajo el neologismo Tecnogenia.

La iatrogenia puede tal vez ser objeto de estudio de la toxicología; la “Tecnogenia-“lo generado por la tecnología” en cambio, si bien necesita el auxilio de toxicología, para saber el efecto final de un contaminante, necesita más aún de otras ciencias, como física, química, biología, ecología, derecho y antropología, englobadas todas ellas en una visión prospectiva, que tiende a instrumentar una profilaxis de los efectos negativos del acto técnico, mereciendo un paradigma propio más amplio tal vez bajo el nombre de antropoecología.

La base de los estudios sobre Tecnogenia, es la fundada en los experimentos de Druckrey realizados con ratas y el colorante amarillo de manteca, constatados por Preussmann en experimentos sobre nitrosaminas y otros cancerígenos, se llegó a postular un “dogma de la carcinogeneticidad” que afirma que cada dosis de un carcinógeno es aditiva con la próxima, aún cuando el receptor no acumule en sus tejidos la sustancia en cuestión y menos aún manifieste síntomas mensurables de intoxicación. Superado el umbral establecido para cada organismo en particular, se manifestaría la enfermedad. Llegamos aquí a la base del concepto de profilaxis, ya que siendo tantas las sustancias cancerígenas, que son continuamente emitidas y estamos en contacto continuo con ellas, la vía más simple de profilaxis es evitar que las mismas sean arrojadas al medio y puedan así entrar en contacto con el hombre, se trata de atacar directamente a las causas de la contaminación.

Las dificultades que arroja esta idea no sólo en sus aspectos prácticos, sino también teóricos, ya que la ciencia se resiste a otorgarle entidad propia, hace muy trabajoso que la “profilaxis del error tecnogénico-ambiental”, pueda ser aceptada como una multidisciplina independiente, a pesar de los serios esfuerzos realizados en el campo sociológico y tecnológico. La profilaxis ideal del error Tecnogenico-ambiental se realizaría si fuera posible en la misma matriz gestálica de cada nueva tecnología naciente; para tecnologías ya desarrolladas, solo queda la posibilidad de controlar sus efectos negativos.

El caso de la industria de plaguicidas es un ejemplo de ambas posibilidades, ya que por un lado, en el desarrollo de nuevos productos, se afina cada vez más en las pruebas que asegurarían su bajo efecto mutagénico, carcinógeno, teratogénico o de daño fetal a largo plazo, se halla con determinadas cantidades de productos terminados, que para asegurar el correcto retorno del capital invertido en investigación y desarrollo, deben ser comercializados. 

Respecto al desarrollo de nuevos productos, las pruebas más eficaces son por lo general las que duran no menos de dos años, tendiéndose cada vez más a prolongar este período, y esto somete a quien deba tomar la decisión de lanzarlos al mercado suficientemente probados o no, a la dura prueba de las presiones económicas.

De esta manera, la eliminación de un producto plaguicida, y su retiro total del mercado mundial, se ha comprobado alguno de los efectos indicados más arriba, queda librada a la buena voluntad de la firma productora, si no existe legislación eficaz en las naciones aceptadoras, que excluya los productos cuyos efectos a largo plazo se hayan manifestado.

¿Cómo funciona el mecanismo legal-administrativo en los países en desarrollo para asegurar a su medio ambiente similares condiciones de protección al existente en los países desarrollados?

Este mecanismo, si existe, es mucho más rudimentario en países en desarrollo que en los desarrollados; al respecto cabe comparar las exigencias que se solicitan para permitir la inscripción y uso de un plaguicida en USA y en nuestro país. Originariamente la inscripción y reglamentación de uso era área de competencia del ministerio de agricultura, el que solicitaba las pruebas agronómicas, como ser eficacia del producto para controlar, en las dosis indicadas, la plaga en cuestión, sea ésta vertebrada, invertebrada, fúngica o vegetal, y algunas pruebas toxicológicas mínimas como dosis letal media, toxicidad crónica, ingestión diaria admisible, tratamiento del intoxicado, etc.. También se exigía una muestra sellada de la sustancia y eventualmente las técnicas de análisis químico, formulaciones, etc. El interés del ministerio de agricultura es el de asegurar la producción agrícola, evitar intoxicaciones en los operarios que manejan los productos, y que se respeten los plazos existentes para cada producto entre la última aplicación y la cosecha a fin de evitar problemas en la exportación si se detectan residuos por sobre las tolerancias.

El descubrimiento posterior de los efectos a largo plazo, como ser el enriquecimiento en cadenas tróficas de los clorados y los efectos subcrónicos, mutagénicos, carcinógenos, teratogénicos y de daño fetal de otros productos llevó a que la “variable ambiental”, que no había sido considerada, fue posteriormente incorporada con la intervención de la Agencia de Protección Ambiental, la que debe asegurar las pruebas a largo plazo, ya que los antiguos cánones que regían para indicar el nivel de “no efecto” de un plaguicida eran una medida muy grosera de sus efectos negativos sobre el hombre. Actualmente en USA se exige para cada nueva sustancia las cuatro pruebas indicadas anteriormente, y la Agencia de Protección Ambiental continuamente cancela productos antiguos en los que se han descubierto alguno de los cuatro efectos indicados, y se sospecha fundadamente su riesgo para el hombre. Recientemente se han realizado estudios epidemiológicos no clásicos, que relacionen al 24D y al 245T con linfoma no Hodgkin en humanos, siendo el 24D de uso muy restringido.

Lamentablemente la carcinogeneticidad de un plaguicida y su dosis letal media no siempre van juntas. Productos de muy baja toxicidad son de alto riesgo siendo la LD/50 incompleta para la evaluación del efecto negativo sobre la salud de una sustancia con riesgo de carcinogeneticidad.

Se observa que plaguicidas como el Nitrofén y Amitrol, de muy baja toxicidad, son cancerígenos, y que el Aldicarb, de alta toxicidad no es cancerígeno; aquí con el criterio antiguo se hubieran preferidos los primeros, ya que el efecto inmediato debido a su baja toxicidad no es observable. La orientación general de la economía a la ganancia a corto plazo, no incorporaba la variable ambiental. El concepto actual es que en los costos internos de producción se deben incorporar los costos externos de decontaminación y este criterio general (el contaminador paga) hace que la inscripción de un nuevo producto químico sea mucho más estricta en la actualidad en los países desarrollados. Criterios similares a los de USA se aplican en la CEE, donde algunos países tienen oficinas similares a la Agencia de Protección Ambiental de USA.

LEGISLACIÓN

Si un plaguicida se prohíbe por detectarse efecto ambiental en una país desarrollado no existe por el momento legislación internacional que impida su exportación a cualquier país que lo acepte, es decir, queda liberada la decisión de la exportación a la ética de la firma productora, o a la legislación de la nación donde se halle la firma.

¿Por qué los efectos de un plaguicida deben ser reconocidos tan tardíamente?

¿Por qué no fueron reconocidos sus efectos ambientales, con mucha anterioridad a su uso masivo, tal vez cuando sólo era una sustancia cuasi desconocida emanada de un reactor experimental? La contestación a estas preguntas es muy compleja, y el principal factor es la falta de conocimiento científico de los efectos lejanos de cada sustancia química creada por el hombre. El hombre crea sustancias químicas y pretende insertarlas en una naturaleza que requirió millones de años para desarrollar un delicado equilibrio, en que sistemas enzimáticos de degradación, se encargan de reciclar e inactivar a las sustancias naturalmente tóxicas o cancerígenas, lo que no ocurre siempre con las sustancias sintéticas, y lamentablemente el daño causado puede entonces ser reconocido sólo luego de su uso masivo, sirviendo el hombre como último animal de experimentación, inadvertidamente. 

Sin embargo la ecotoxicología ha avanzado mucho y ha adquirido entidad propia respecto a la toxicología, y la batería de test a los que se someten las sustancias experimentales, se ha perfeccionado tanto en las últimas décadas, que muchos plaguicidas que fueron usados intensivamente, y que actualmente son cancelados y retirados del mercado, probablemente hoy no hubiesen sido presentados por la industria para su aprobación, ya que no hubiese aprobado las pruebas de laboratorio. 

Lamentablemente en este “trial de error” de la tecnología defendido por muchos, a nadie le agrada hallarse bajo las consecuencias del error y pagar el denominado “precio del progreso”.  Por estos motivos, el tiempo que media entre el uso de un plaguicida y el reconocimiento de su efecto ambiental, debe desde el punto de vista ético a tener en cuenta. Ahora bien, ¿cómo instrumentarlo?

Aquí llega a una confluencia de intereses, donde por un lado se halla la ciencia que descubre el efecto indeseado de una sustancia, tal vez de gran efectividad agronómica, y cuya retirada del mercado implicaría cuantiosas pérdidas económicas, lo que lleva a los intereses comerciales, a minimizar el riesgo y demorar su retirada del mercado hasta tanto retorne parte del capital invertido en investigación y desarrollo, momento éste en que tal vez se produzca la retirada voluntaria del mercado de la sustancia cuestionada  y su sustitución por otro producto de similares características agronómicas; así la lista de productos disponibles cambia constantemente.

Es interesante hacer notar que uno de los mayores argumentos que se esgrimen, para continuar con el uso de sustancias de alto riesgo ambiental en los países en desarrollo, es que la presión de noxes ambientales sería menor que en los desarrollados, donde se agregarían muchas otras sustancias a los plaguicidas que no existirían en un territorio relativamente virgen desde el punto de vista ambiental. Se argüiría que el hombre en el subdesarrollo “puede tolerar” cierto margen de contaminación, como precio del progreso, que no puede permitirse en el desarrollo. 

Este argumento no es del todo sólido ya que al no existir controles eficaces en el subdesarrollo, no solo para sustancias creadas por el hombre, sino también para las naturales, no puede medirse con exactitud la magnitud real de la multiplicidad de noxes ambientales, pudiendo en algunos casos superar los márgenes y controles claramente definidos en el desarrollo. El “riesgo calculado” del desarrollo se convierte en una “tierra de nadie” en el subdesarrollo, si existen, son en su mayoría letra muerta.

Al respecto, es interesante destacar que en nuestro país, la inscripción y permiso de uso de un plaguicida no contempla la variable ambiental, el posible efecto carcinógeno a largo plazo, teniéndose en cuenta sólo sus efectos agronómicos y parámetros toxicológicos clásicos para proteger a los operarios de intoxicaciones agudas o crónicas, pero la variable ambiental no es tenida en cuenta.

Otro argumento más refinado que el anterior es la denominada “transacción sobre emisiones”, en éste se arguye que si bien una sustancia de alto riesgo ambiental debe retirarse del mercado, se permitiría en sustitución a la misma, otra que si bien no estuviera aún suficientemente probada en test, a largo plazo, de similares características agronómicas, a bien de no entorpecer el comercio, sería de esperar que la sustancia sustituyente fuera menos peligrosa ambientalmente. Esta argumentación tampoco es muy convincente ya que si bien como se indicara más arriba, la batería de test para probar el riesgo de cada sustancia, se ha perfeccionado y se perfecciona día a día, no es garantía que, la nueva sustancia sea menos nociva ambientalmente que la sustituida.

¿Qué medida a nivel internacional permitiría controlar el flujo de plaguicidas de alto riesgo ambiental de regiones restringidas a otras sin restricción?

Siendo el tiempo que media desde el descubrimiento de los efectos ambientales de una sustancia y la instrumentación real de su prohibición, de capital importancia para las noces ambientales, lo fundamental sería lograr el principio de cancelación automática o sea la inmovilización de las existencias de cualquier lugar que estuviera, una vez que se hubiese detectado efectos ambientales negativos, y restringido o prohibido su uso en cualquier país del mundo con suficiente fundamentación científica. Al respecto, las redes mundiales de información como IRPTC jugarían un rol fundamental para que la difusión de la información sea fluida y rápidamente distribuida mundialmente. Una vez difundida esta información y detenido el transporte, comercialización, distribución y aplicación de la sustancia, debería ésta pasar a ser manejada con el criterio reinante para los residuos tóxicos, entrando en otra figura específica, similar a la que rige para los residuos radiactivos o desechos industriales de alto riesgo ambiental. A esto debe agregarse el desarrollo de sistemas regionales y nacionales eficientes de control así como la debida legislación que premie el uso de productos de bajo riesgo ambiental y castigue por el contrario el uso de las sustancias que entraron en la categoría de “residuo tóxico” a fin de disuadir su uso.

Cabe mencionar, como ejemplo, que la ley 18.073 de nuestro país promulgada en 1969, y que sufriera algunas modificaciones menores posteriormente, no contempla la variable ambiental, ya que no hace mención a la carcinogeneticidad como elemento de juicio, plaguicidas como el Lindano, DDT y Toxafeno eran tolerados en cantidades variables hasta los 7 mg/kg en productos cárnicos, y posteriormente fueron cancelados, luego de décadas de utilización, sin mencionar su efecto carcinógeno experimental y su fundada sospecha de que puedan ser causantes de cáncer en el hombre. (IARC -1983, Miscellaneus Pesticides. IARC Monographs, Vol.30, pags. 424). 

Aún sin considerar a la variable ambiental, esta legislación es muy poco dinámica ya que comparando con la similar existente en un país desarrollado puede verse que la ley sufre constantes modificaciones y que los niveles de tolerancia son cada vez menores, pasando en pocos años de tolerancias del orden mg/kg al ug/kg, es decir la unidad de medición de la concentración residual debe ser mil veces menor, para adecuarse a los bajos niveles máximos tolerados. 

Los productos considerados en la ley son otro capítulo aparte, ya que en la Ley desarrollada se consideran 44 plaguicidas; en la muestra sólo 22, si se toma el capítulo mínimo de los productos cárnicos. Los rubros animales también son desiguales existiendo en la primera 28 rubros animales que contemplan además de productos cárnicos clásicos, productos marinos y animales de caza, en la segunda sólo 17 rubros, que no contemplan animales marinos y de caza. Es conocido el hecho de que la fauna silvestre oficia como concentrador de plaguicidas de alta residualidad como los clorados, estando los consumidores de carne de caza bajo presión constante de esta noxe particular. Los niveles tolerados son muy superiores en la ley argentina que en el ejemplo tomado del desarrollo. Una comparación de los rubros vegetales, es aún más desfavorable a la 18073, existiendo una actualización bianual siempre en sentido más estricto en el ejemplo de la RFA. Algo similar ocurre comparando la legislación sobre residuos argentinos, y de USA. Durante sólo el año 1986 ingresaron a la Argentina 9.548.981 kg de principios activos plaguicidas de los cuales el 48% correspondía a sustancias de carcinogeneticidad y/o teratogeneticidad, comprobada o sospechosa. Si se consideran los productos con riesgo de carcinogeneticidad, teratogeneticidad o dudosos, ingresaron al país cuatro millones 563.365 kg pa. El mayor porcentaje parcial corresponde a productos de media carcinogeneticidad (41%), luego los discutidos (35%), los de alta carcinogeneticidad (16%), teratogeneticidad (4,7%) y baja carcinogeneticidad (3,3%). Respecto al total de lo ingresado la relación se mantiene ( 19%; 17%;7,7%;2,5%;1,6%).

Si se realizan los porcentajes discriminando por uso agronómico, los fungicidas 36% son los que arrojan el más alto porcentaje de productos con problemas, luego insecticidas 34% y finalmente herbicidas. Es de hacer notar que tanto insecticidas como fungicidas se pueden aplicar muy cerca de la cosecha siendo el riesgo de permanencia de éstos en el producto final mayor que el de los herbicidas.

Considerando el continuo avance de la ciencia la ley debe ser dinámica y abierta a cualquier modificación, ya que toda demora en la actualización de las prohibiciones o los niveles tolerados, mantiene la presión de las noxes ambientales, porque la reacción del entorno es sumamente lenta, lo que fue comprobado con la residualidad de los clorados.

El código de la FAO se refiere también a la publicidad de cada producto, y al respecto debería por lo menos lograrse que en el marbete de los productos de riesgo ambiental se mencionara claramente este riesgo y que el gobierno asegure para la inscripción, que la fecha y país en que fue cancelado el producto figure claramente en el marbete, así como la causa de la cancelación, si es debida a riesgo de carcino o teratogeneticidad, para el hombre. Respecto a la aplicación de productos de alto riesgo ambiental, debe enseñarse claramente en las facultades de ciencias agrarias sobre el riesgo ambiental y difundir el concepto de Tecnogenia como ya se halla en medicina el de la iatrogenia.

Teniendo en cuenta la desigual distribución de riesgos y beneficios en el acto tecnogénico, sumado a la general ignorancia del sujeto que sufre el efecto concreto de la aplicación de una sustancia de alto riesgo ambiental, hace fundamental más aún que el acto iatrogénico, la profilaxis mediante la correcta legislación e instrumentación de la misma. Cabe repetir la mayor dificultad que nace de las instituciones que deberían instrumentar administrativamente esta legislación, la resistencia a incorporar la variable ambiental por parte de los ministerios de agricultura, por su interés en los efectos puramente agronómicos de los plaguicidas, y secundariamente en evitar las intoxicaciones agudas o crónicas en los trabajadores. Por otra parte la resistencia en los ministerios de salud a considerar el concepto de noxe ambiental, ya que en este caso paradójicamente, sustancias que asegurarían la lucha contra los patógenos más comunes actuarían en algunos casos como carcinógenos, como se descubrió en algunos antibióticos (Kapfelsperger,E 1982, Chemie in unserer Nahrung.Kiepenheur/Witsch, Verlag. Pgs 322-  Koch, E 1981, Krebswelt.kiepenheuer/Witsch, Verlg.pgs 463)

La toxicología clásica y sus definiciones de Ingestión Diaria Admisible, Toxicidad Crónica, Dosis Letal Media, y los coeficientes administrativos de seguridad que definen los niveles tóxicos tolerables, no alcanzan a aprehender la nueva variable en que ya no existiría una “dosis razonable” cuando se trata de carcinógenos. Por ese motivo se desarrolla la Ecotoxicología, en que el interés se centra en la serie de causalidades previas al ingreso de la sustancia al hombre, a través del entorno, más que en los efectos de la misma sobre el hombre en condiciones ideales. La necesidad de que la variable ambiental sea considerada, hace que deban existir agencias de protección ambiental eficaces en todo el mundo, para el permiso de inscripción y restricciones de uso de sustancias de alto riesgo ambiental, llenando el vacío administrativo entre la producción y la industria por un lado, y la salud humana. Se desarrollará así un eficaz mecanismo legal-administrativo que reduzca el desfasaje temporal-espacial en la regulación de residuos permitidos en plaguicidas con riesgo de carcinogeneticidad.

CONCLUSIONES

   A)     La dimensión espacio-temporal de la contaminación no es suficientemente contemplada en los mecanismos administrativos-legales que regulan el transporte, almacenamiento y aplicación de plaguicidas.
   B)      El efecto ambiental, como carcinogeneticidad a largo plazo, se trazan aún dentro de las tolerancias de residuo, no es suficientemente contemplada en las regulaciones para la inscripción de un plaguicida dentro de las exigencias generales en el subdesarrollo. 
   C)      Debería desarrollarse una figura internacional, que sometiera al transporte, almacenamiento y aplicación de plaguicidas de alto riesgo ambiental y probada carcinogeneticidad residual en laboratorio, y de los que se sospecha puedan ser causa o co-causa de neoplasias en humanos, a las mismas reglamentaciones que a los residuos peligrosos. 
   D)     Los riesgos ambientales de cada plaguicida, y su riesgo de carcinogeneticidad a largo plazo deberían estar indicados claramente en el marbete comercial.
   E)      Para el transporte, almacenamiento y aplicación de plaguicidas sobre todo de aquellos de alto riesgo ambiental, debería intervenir el profesional idóneo, penándose con la misma figura que el ejercicio ilegal de la medicina o el expendio de medicinas de alto riesgo, si se soslaya el control. La figura debe contener el agravante del daño a los intereses difusos de la comunidad.
   F)      Los riesgos ambientales, la carcinogeneticidad a largo plazo y la Tecnogenia en general deberían formar parte de la currícula del profesional que maneja tecnologías de alto riesgo, como los ingenieros químicos, industriales, agrónomos, médicos veterinarios, y todo aquel profesional que está ligado a la producción de alimentos o actividades que puedan causar la emisión de sustancias tóxicas o de carcinogeneticidad residual.
   G)     Los colegios profesionales de estas especialidades deberían intervenir cuidadosamente para denunciar y evitar todo manejo indebido de sustancias de carcinogeneticidad comprobada.


Agradecemos los generosos envíos del Sr. Alfredo Arocena, alumno de la cátedra de "Tecnogenia Ambiental" del Profesor Eguiazu

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5 comentarios:

  1. Si le hubieran tomado en serio la lista que Eguiazu publicó en 1988 en el trabajo que Uds publican habria habido tantos casos de cáncer en pueblos fumigados? A pesar de que elevó sus investigaciones al CONICET en sus informes reglamentarios de 1988, 1999 y 1992, con la recomendación de que a su vez las autoridades correspondientes(Ministerios de Agricultura , Salud y Ambiente etc) sean a su vez advertidos por el CONICET, no fué tomado en serio.por lo que pienso que sólo predicaba en el desierto como nos dijo a sus alumnos de Tecnogenia Ambiental. Es muy difícil que se tomen medidas preventivas cuándo hay mucho dinero en juego. Las medidas recién se toman cuando el producto o los productos se han utilizado masivamente y el negocio está asegurado. Por eso lo que hizo Carrasco no pudo evitar que haya enfermos de cáncer, sus resultados experimentales llegaron muy tarde. Eguiazu nos decía :lo inico que cabe en este problema es 1) Poner en claro y definir cual es el problema y 2) hallar vías preventivas y no curativas del mismo.
    Con gran pesar nos decí: la cosa es tan grave que una vez echada a rodar no se puede dener, lo único que se me ocurre es la formación de los científicos en una ciencia específica por que si no nunca habrá un enfoque correcto del problema. Así nos contaba que los evaluadores del CONICET le proponían encuadrar su trabajo en varias ciencias o campos del conocimiento que no tenían a la postre nada que ver con la profilaxis del problema. Eguiazu hilaba muy fino y al final habló de una ciencia específica y preventiva: la tecnopatogenología o technopathogenology. Era un investigador muy consecuente y no se conformana con una visión burda del problema y estaba realmente imbuído por el deseo de prevenir en el largo plazo al problema.

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    1. Quienes evaluaron los trabajos de Eguiazu que responsabilidad les cabe si inactivaron sus investigaciones con total impunidad? Tal vez a él no le importa ya que sólo bloquearon su carrera a la que tenía derecho como investigador totalmente compenetrado con su trabajo. Era una persona que vivía para su trabajo de gran honestidad e integridad en la búsqueda incondicional del conocimiento. Aquí no interesa su carrera arruinada lo que interesa es la gente que de haberse tomado quien corresponía sus recomendaciones en serio tal vez no hubieran enfermado tantas personas de cánceres ligados a los plaguicidas. Quién fué el responsable? Creo que la impunidad de los evaluadores científicos y los políticos que lideran la ciencia es total No pueden nunca ser tomados como responsables de sus actos. Por que la evaluación es secreta y la colocación en las listas negras también?
      Eguiazu vislumbró el problema en el CONICET mucho antes de que el malogrado Carrasco realizara sus constataciones embriológicas.Por que el CIM prometió a Eguiazu en Frankfurt los medios mínimos para su trabajo y luego no se cumplió lo pactado antes de su retorno?. Tal vez por que sus investigaciones se orientaron a traer a la luz algo de gran "incorreción política"?Creo que la carrera de Eguiazu ya esta terminbada y los enfermos de cancer serán tratados con mayor o menor éxito pero y el futuro? Cuantos Eguiazus deberán ser acallados?

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  2. Un buen científico no debe pensar en la correción o incorrección política. Un buen científico debe hacerse siempre la pregunta: Esto que he encontrado( teórico o experimental) es verdadero o falso?. Eguiazu era lo suficientemente ingenuo como para creer que la verdad por si sola se impondría tarde o temprano. No podría creer que hubiera científicos que deliberadamente ocultaran la verdad de los riesgos de los plaguicidas.Luego de que se le prometió los medios mínimos para el desarrollo de su programa sobre tecnopatogenología en Frankfurt, a su regreso trabajó en ese sentido sin importarle que en realidad le impidieron el desarrollo de su Instituto en tres lugares distintos. Fué un buen profesor, nos queda el concepto de technopathogenology creado por el para apuntar a la prevención de estos riesgos inaceptables.Sus alumnos de Tecnogenia Ambiental continuamos con sus conceptos. Y ojalá el CONICET forme como nos decía evaluadores en tecnopatogenología.

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  3. El concepto de tecnopatogenología(technopathogenology) es tan obvio y simple que ningún científico honesto puede desconocerlo. No requiere ningún gran conocimiento ni matemático ni de gran abstracción filosófica. Es un concepto del sentido común al que llegó Eguiazu como científico honesto. Lo lamentable es que las autoridades que lideran la ciencia ,si con total deshonestidad miren para otro lado. Sus alumnos nos dábamos cuenta lo que había sufrido para defender estas ideas aún en el ámbito europeo( al que creíamos erróneamente más idóneo) y no sólo en el del CONICET dónde siempre fué subevaluado.Siempre nos decía que lo más impórtante para un científico es la "busqueda incondicional del conocimiento" y agregaba y si quiere con algo de "más allá de la ciencia" búsqueda de la Verdad. Es lamentable como se desperdició a este investigador y quiénes lo hicieron quedaron totalmente impunes. Ojalá no se repita nunca más un caso como el de Eguiazu.

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  4. Creo que lo péor no es la ignorancia de los evaluadores del conicet o la arrogancia ignorante de muchos de ellos que los llevó a perseguir a este profesor. Eran tan ciegos que no veían ante sus ojos los méritos que tenía por lo menos para ser aceptado en el beneficio de la duda. Aquí lo peor es que alguien con grandes intereses en la mentira de las colateralidades o mejor aún en la negación d elas colateralidades guiñó un ojo a los evaluadores para que hicieran el desastre que hicieron- Y eso fué un caso puntual pero cuantos científicos dignos se hallan en la misma situación y se los coloca en la disyuntiva o miran para otro lado o la nada?. Por eso me parece que si existen autoridades patriotas en el CONICET deben formar evaluadores en tecnopatogenología(technopathogenology) como quería este profesor. Así los futuros investigadores( los jóvenes que son los que en última instancia importan) sean alentados a realizar búsquedas similares.La Patria ( que incluye a su pueblo) se beneficiará en el largo plazo

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