martes, 14 de junio de 2016

BONAFINI Y BERGOGLIO


"La basura va junta, Macri, Bendini y Bergoglio. Son de la misma raza. Son fascismo, son la vuelta de la dictadura. Son la dictadura misma. Los tres representan la dictadura"."Son los enemigos del pueblo que necesitan de los pobres para seguir existiendo. Son basura, pura basura". Hebe de Bonafini [*]

Últimamente, el destino turístico preferido del cholulaje argentino es, sin duda alguna, Roma. Sin embargo, no se trata de ir a ver los grandes tesoros históricos que alberga la Ciudad Eterna y las marcas que han dejado siglos y más siglos de historia. No; el objetivo no es Roma en sí y como tal. El objetivo es un lugar bien específico y puntual: el Vaticano. Y dentro del Vaticano la meta del turista argentino insigne es no menos específica y puntual: consiste en sacarse una foto con el Papa.

Esa foto es uno de los trofeos más preciados últimamente. Con suerte, sirve para lograr un impacto periodístico al día siguiente porque el periodismo no es menos cholulo que el fotografiado y está al acecho de cualquier foto lograda con un argentino puesto que cada foto de ésas sirve para reafirmar y subrayar que el Papa es argentino y no por haber ido a parar al Vaticano deja de preocuparse (y dado el caso ocuparse) de los problemas argentinos. Sin la suerte del impacto inmediato, la foto servirá de todos modos como ilustración para cuando el visitante fotografiado escriba sus Memorias y llegue al capítulo dedicado a su trascendente relación con la Iglesia Católica. Y, si no es así – porque el sujeto es demasiado perezoso para escribir Memorias o las mismas son de tal calibre que es mejor olvidarlas y rápido, no sea que despierten la curiosidad de algún juez – en el peor de los casos la foto puede servir para cuando, sentado frente a la computadora con el nieto sobre las rodillas, el susodicho fotografiado pueda decirle al pequeño vástago:

– ¿Ves? ¡Aquí estoy yo con el Papa!

Y todo eso solamente para ver como se cae a pedazos la gloria de su trofeo ante la cruel sinceridad del pequeño enanito quien en su ignorancia infantil no tiene ni la más remota idea de quién se trata y pregunta:

– ¿Y qué es el Papa, abuelo?

Lo que obligará a una larga explicación que, por la fuerza y la inevitable naturaleza de las cosas, implicará una dramatizada exégesis de la importancia terrenal de Su Santidad ya que, si éste no fuese un personaje tremendamente importante (¡y encima argentino!) ¿qué valor podría tener una fotografía con él, no es cierto? Por lo cual una foto con el Papa tiene una utilidad doble. El fotografiado puede presumir y farolear con ella dándose aires de importancia mientras que el Papa se asegura una descripción altamente positiva, ya sea en los medios del día siguiente o bien, en el peor de los casos, ante los amigos y parientes del propio fotografiado.

El pasado 27 de Mayo el Papa Francisco recibió durante más de una hora a Hebe de Bonafini.

Ninguno de los dos concurrió a la cita por los motivos cholulos arriba brevemente descriptos. Los dos sabían perfectamente bien lo que hacían. La Bonafini es demasiado retorcidamente inteligente como para bancarse un viaje a Roma tan solo para sacarse una foto. Y Bergoglio es demasiado jesuita como para negársela sabiendo, como que sabía muy bien, que a Bonafini no le interesaba la foto sino la entrevista y lo que podía sacar de ella. La gran pregunta es: ¿por qué Bergoglio le concedió esa entrevista?

Según el propio Bergoglio: “Parece que la piedra del escándalo es que yo reciba a la señora Bonafini. Sé bien quién es, pero mi obligación de pastor es la de comprender con mansedumbre”. [1] Lo cual es técnicamente cierto pero yo lo creería y comprendería si se tratase de una explicación proveniente del cura párroco de mi barrio. Viniendo del Papa necesariamente uno infiere que tiene que haber algo más.

Porque, si la señora ha pecado, para el perdón de esos pecados – incluso si son pecados mortales – el sincero arrepentimiento y la confesión ante cualquier auténtico sacerdote alcanzan y sobran. No hace falta ir al Vaticano para eso. La señora va, se confiesa, cumple con la penitencia que el sacerdote le impone, y después hasta puede ir a comulgar. Y todo eso acá nomás, en la iglesia a la vuelta de la esquina. Dios no atiende solamente en Roma y el Papa no es el único sacerdote que le puede otorgar el perdón por sus pecados (siempre y cuando sea cierto que se ha arrepentido realmente de haberlos cometido, claro).

De modo que, de nuevo: ¿por qué Bergoglio concedió esa entrevista?

Llegados a este punto, que se parece bastante a un punto muerto, se me ocurre que podríamos dar vuelta la cuestión y preguntarnos: ¿por qué fue Bonafini a verlo a Bergoglio? Porque en esto, como en la casi totalidad de las cuestiones políticas, hacen falta dos para bailar el tango. Y es bastante obvio que se trata de una cuestión política y no de misericordias y mansedumbres – que pueden no estar excluidas pero que de cualquier manera no constituyen el meollo de la cuestión.

Por de pronto es bastante obvio que, con el ocaso del kirchnerismo, Hebe se ha quedado sin la cobertura estatal que la protegía de cualquier pregunta incómoda y de cualquier medida desagradable. Atrincherada detrás del escudo de la lucha por los derechos humanos Hebe pudo siempre decir impunemente lo que se le dio la gana y hacer casi todo lo que se le dio la gana. Y lo pudo hacer porque ese escudo estuvo sostenido por una parte sustancial del periodismo y la casi totalidad de la militancia de izquierda, la izquierda peronista incluida. Además de eso, durante los últimos doce años a ese escudo contribuyó a sostenerlo todo el aparato estatal de Néstor y de Cristina. Con el apoyo del gobierno, los medios y la militancia, Hebe fue intocable.

Lamentablemente para ella las cosas han cambiado bastante. El apoyo estatal es algo con lo cual ya no puede contar; al menos lejos no en la medida en que estuvo acostumbrada a recibirlo. Cierto apoyo mediático gramsciano aun le queda pero ya no es lo que era antes; la intensidad y la amplitud del mismo han mermado prácticamente en la misma medida en que mermó el poder real del kirchnerismo. Y la militancia de izquierda con la que Hebe podría contar está más que nada ocupada en hacer piquetes, tocar el bombo, putearlo a Macri y tratar de fomentar la lucha de clases. De modo que hay nubes bastante negras en el horizonte de Bonafini y sus Madres, aunque más no sea porque cualquier día de éstos, – así como en cierto momento a alguien se le ocurrió destapar las ollas de Ricardo Jaime, de Lázaro Baez y de algunos cuantos más – no es para nada imposible que alguien se acuerde y reflote el caso de Schoklender y los Sueños Compartidos. Y, si eso sucede, tanto Bonafini como Schoklender estarán en el horno. Un horno del cual quizás los pueda sacar Caritas o alguna otra institución – sea, o no, católica – ante la cual quizás pueda interceder Bergoglio con el argumento de la caridad, la humanidad y la solidaridad fraterna.

De modo que el interés de Bonafini es bastante transparente. Como diría el viejo Vizcacha: "... siempre es güeno tener, palenque ande ir a rascarse". Lo que sucede es que el consejo de Vizcacha se refiere al juez [2 ] y para Bonafini – a quien no le conviene llamar demasiado la atención de ningún juez – a falta de jueces buenos son Papas. En realidad creo que cualquier colectivo la dejaría bien con tal de recuperar al menos algo de la protección que ha perdido. Porque la necesita. Realmente la necesita.

Del lado de Bergoglio la cosa es más compleja pero, habiendo calibrado las verdaderas necesidades de Bonafini y sus correlativas intenciones, el cálculo del Vaticano puede muy bien haber partido de la necesidad de ponerle límites al neoliberalismo que se perfila alrededor de la figura de Mauricio Macri. Dados sus antecedentes políticos en el peronismo y su experiencia personal en la Argentina, lo que Bergoglio se resiste a aceptar es que se repitan los escenarios del gobierno de Carlos Saúl Menem y Domingo Cavallo que al final, después de unas cuantas idas y vueltas, terminaron en la hecatombe económica del 2001. Pero para ponerle límites a Macri, Bergoglio necesita al peronismo y a la izquierda, con lo que destratar a la Bonafini no vendría a ser precisamente la estrategia más recomendable para convocar a los posibles aliados de ese espectro.

Desde el punto de vista humano es comprensible. Nadie en su sano juicio desearía repetir la experiencia que el país tuvo con el Mingo Cavallo. La teoría del "derrame" y de "la mano invisible del mercado" ya no convence a nadie desde el momento en que está demostrada su falacia.

Pero, por más comprensible que sea la preocupación humana de Jorge Bergoglio por su país, uno no puede dejar de tener presente que Jorge Bergoglio es más que Jorge Bergoglio. Es el Papa Francisco. Es el sucesor de San Pedro y el Vicario de Cristo en la tierra. Por eso, cuando declaró que: "Si Hebe de Bonafini me usa o no me usa, no es mi problema" [3] uno quedó tentado de responderle: "No Santo Padre, no es su problema. Pero si Usted usa a Hebe de Bonafini, entonces sí es su problema. Como que en mi humilde opinión también es su problema si Usted se deja usar por Hebe de Bonafini".

A todo esto la cruda realidad demuestra que el cristianismo está amenazado a nivel mundial y en algunas zonas hasta está siendo masacrado. No se salvará abrazando a sus enemigos. [4] En Occidente se salvará solamente con una actitud firme ante la invasión de quienes no se asimilarán porque no tienen la más mínima intención de asimilarse. Por otra parte, el abrazo de un par de dirigentes no significa – ni por lejos – un abrazo similar de parte de los dirigidos. Que el Papa se abrace con su par de amigos judíos y musulmanes no significa, para nada, que judíos, musulmanes y cristianos del mundo entero se fusionarán en un gran abrazo fraternal.

Es cierto que Cristo no fue el Mesías de los ricos. Es cierto que se rodeó de simples pescadores a los que les enseñó a ser pescadores de hombres. Es cierto que vivió entre personas muy humildes, entre pecadores, enfermos y marginados. Es cierto que nos enseñó la misericordia, a desterrar el odio de nuestros corazones y a darle una mano al necesitado. Todo eso es muy cierto.

Pero ¿sabe una cosa Su Santidad?

Todavía estamos esperando a que, más allá de las corruptelas internas de la Iglesia, alguien en el Vaticano tome por fin el látigo y eche a los mercaderes del odio, el resentimiento, la envidia, el fanatismo y la muerte del templo de la convivencia mundial.


NOTAS
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2)- Hacéte amigo del juez.
No le dés de qué quejarse;
Y cuando quiera enojarse
Vos te debés encojer,
Pues siempre es güeno tener
Palenque ande ir a rascarse.
(José Hernandez - La vuelta de Martín Fierro).


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