miércoles, 22 de junio de 2016

¿LAS VACUNAS MATAN?: MÉDICO ESPECIALISTA LE DICE LA VERDAD

















La Dra Suzanne Humphries (*) se recibió de Médico en la Universidad de Temple, Filadelfia, EE.UU, es graduada en Física Teórica en la Universidad Rutgers, Consultora de Salud Holística, especialista en Nefrología con once años de experiencia en medicina interna y dos como Jefa Técnica en laboratorio de bioquímica y autora del libro de reciente publicación: "Ilusiones disueltas, enfermedades, vacunas y la historia olvidada" entre innumerables artículos de su autoría. Es decir, una profesional altamente calificada en la materia, que en esta oportunidad nos brinda de manera magistral, tres artículos científicos esclarecedores sobre todo lo que el lector debe saber en vacunación. 

Primera Parte

Después de mi experiencia en el sistema hospitalario y viendo el debate en torno a la vacunación desde ambos lados, está claro que este asunto todavía no está resuelto, a pesar de lo que sugiere la profesión médica.
La historia de la vacunación es mucho más complicada de lo que pudiera parecer en un principio. El movimiento contra la vacunación se remonta a varios cientos de años, y tuvo su momento culminante en torno a 1800, cuando los padres del Reino Unido se mostraron hartos de que sus hijos sanos enfermaran, murieran o contrajeran poco después de la vacunación de la viruela la misma enfermedad para la que habían sido vacunados. Los padres y los médicos que rechazaron las vacunas de la viruela, se arriesgaron a perder su casa, sus enseres, su medio de vida, o a ser encarcelados, si un juez se interponía en su camino.
Las vacunas de la viruela se hacían con el pus recogido al raspar las llagas del vientre de las vacas enfermas, que podían estar contaminadas por materiales procedentes de otros animales, o incluso de otras personas. La historia de la vacuna de la viruela quizás no sea la que usted piensa que es.
Se supone que los médicos y personas que administran las vacunas lo hacen con un consentimiento informado antes de vacunar. Pero tal consentimiento informado no es posible porque no se da a los padres toda la información necesaria para que puedan entender las cuestiones más importantes.
Yo nunca digo a la gente si debe vacunarse o no; nunca les digo que no se vacunen.
Lo que pretendo es que entiendan el por qué de las vacunas y a partir de ahí tomen una decisión personal. Esta no ha sido la postura de los Servicios Públicos de Salud. De hecho, hay numerosa documentación que indica lo contrario, que se trata de obviar cualquier duda que pudiera surgir, fuera ésta fundamentada o no.
En el documento que aparece más abajo, que pertenece a los Servicios Públicos de Salud estadounidenses, del año 1984, se establecen las directrices para la campaña de vacunación de la polio, después de tres décadas de controversia.
 
“Ante las posibles dudas, aunque tengan fundamento, sobre la seguridad de las vacunas, no se tendrán en cuenta, ya que hay que asegurar la continuidad de la vacunación para el cumplimiento de los objetivos propuestos por los Servicios Públicos de Salud”.
Pues bien, determinadas prioridades han puesto en peligro numerosas vidas por la administración de vacunas, algo que ha sido pasado por alto por los responsables de las políticas de vacunación.
Todavía existe un gran desconocimiento sobre los fundamentos científicos de las vacunas. Todavía no he encontrado a un pediatra que entienda ambos lados del debate para así dar la información que permita un consentimiento informado. La inmunidad infantil ha sido mal entendida por los inmunólogos, algo que reconoce la ciencia Inmunológica. Sólo recientemente se han podido contestar a algunas importantes preguntas sobre por qué el sistema inmunológico infantil no funciona como el de los adultos. Hay muy buenas razones por las cuales su sistema inmunológico presenta una mayor tolerancia, y la respuesta es que no debemos interrumpir el proceso con aluminio y vacunas para acelerarlo.
Ahora se sabe que todo eso tiene consecuencias a largo plazo. Hay una ausencia de estudios que comparen a los niños no vacunados con los niños parcial o totalmente vacunados. Los estudios de seguridad de las vacunas acarrean un importante problema: la mayor parte de ellos emplean otra vacuna como placebo de control o usan la sustancia en la que se prepara la vacuna. Sólo hay un estudio reciente (Cowling, 2012) en el que se ha usado un placebo salino como placebo, en lugar de otra vacuna o el fluido que contiene el antígeno principal de la vacuna. Este estudio no mostró ninguna diferencia en las infecciones por el virus de la gripe, pero asombrosamente se reveló que eran de 5 a 6 veces más altas las infecciones por virus no gripales en los vacunados. Quizás sea ésta una de las razones por las que no se emplean verdaderos placebos en las investigaciones sobre las vacunas.

En este artículo, “Resultados neonatales después de la inmunización contra la gripe durante el embarazo: un ensayo aleatorio controlado, vemos un claro ejemplo de cómo los falsos placebos se usan con regularidad. Ni que decir tiene, que administrar vacunas no probadas que a menudo están contaminadas involuntariamente, es un experimento médico que violaría los principios fundamentales del Código de Nuremberg (consentimiento informado e inequívoco). Las mayor parte de las vacunas no se han sometido a las pruebas de carcinogenicidad, por ejemplo, y del mismo modo, raramente se estudian en mujeres embarazadas, de modo que a la gente se le administran las vacunas ante una emergencia sanitaria, o por una emergencia dictada por la OMS, o por amenaza ante la pérdida de unos derechos sobre los hijos o el temor al encarcelamiento, o por una amenaza de abandono por los profesionales médicos, que son los que supuestamente deben proporcionar cuidados.
El consentimiento informado actualmente carece de sentido, ya que las personas son engañadas para que se les administre la vacuna o se les proporciona una información deformada.
Los padres deben aprenden a cuidar de la salud de sus hijos cuando aparecen las enfermedades más comunes de la infancia, estén vacunados o no, ya que los niños vacunados también pueden contraer las enfermedades contra las cuales se vacunaron. En el caso de los niños no vacunados, que contraigan alguna enfermedad de la infancia, los cuidados en casa suelen ser suficientes para que se recuperen de forma natural, y en la mayoría de los casos, los niños tendrán una inmunidad casi permanente.
Algunas políticas de vacunación han privado a los adolescentes y adultos de la oportunidad de estar expuestos de nuevo y continuar con la inmunización natural. Por ejemplo, en madres que se vacunaron del sarampión, la transferencia por la placenta de anticuerpos se limitó a unos meses en lugar a más de un año en los madres que obtuvieron la inmunidad de forma natural.
Lo dicho anteriormente ejemplifica lo dicho, que nos enfrentamos a muchas consecuencias potencialmente adversos debido a la vacunación contra el sarampión y otras enfermedades infantiles, como la rubéola.
En las Facultades de Medicina no se enseña sobre la eficacia, necesidad y peligros de las vacunas. La mayor parte de los médicos se asustan cuando aparecen las enfermedades naturales de la infancia, porque no saben cómo afrontarlas sin poner en peligro a sus pacientes, y las opciones convencionales de tratamiento a menudo provocan más daños que la propia enfermedad en sí. He descubierto otros métodos que funcionan muy bien, pero de lo que nunca me hablaron durante mi formación como médica.
En el breve artículo Descubriendo los secretos del sistema inmunológico, se explican las limitaciones de la Inmunología con detalle. La gente está mal informada, o se les asusta con tal de que participen en las campañas de vacunación. Se emplean todo tipo de tácticas. Una de las más utilizadas es la de decir que mediante la vacunación se protege a los no vacunados. Esto se conoce vulgarmente como “inmunidad de rebaño. Aquí un artículo que habla de este tema.

Los médicos no se cansan de repetir: “Tenemos que vacunarnos mientras somos jóvenes, cuando los niveles de absorción son altos”. Otro ejemplo es un artículo para el cual fui entrevistada y donde aparecía un supuesto experto de Maine dando unos consejos poco adecuados. El artículo aparecido en Bangor Metro, titulado Un disparo al corazón(pdf), se dice:

Las preocupaciones sobre si el sistema inmunológico de un niño puede responder adecuadamente ha provocado que algunos padres pospongan las vacunaciones. Pero Fanburg indica que no hay datos médicos para apoyartales prácticas, añadiendo que es más beneficioso vacunar a los niños antes de que se hagan mayores. Los niños tienen una mayor capacidad de absorción de las vacunas en sus dos primeros años de vida. Son más altas las tasas de inmunogenicidad, que es la capacidad del niño de producir anticuerpos al antígeno de la vacuna”.
Parece que este experto en vacunas carece de los conocimientos de cómo funciona el sistema inmunológico de los niños, cómo se desarrolla y por qué. Si lo supiera, se lo pensaría dos veces antes de hacer declaraciones tan dogmáticas.
El sistema inmunológico de un bebé produce sólo pequeñas cantidades de IL-1B (interleucina-1 beta) y TNF-alfa (factor de necrosis tumoral-alfa). Hubo un tiempo en el que los expertos creían que esto era un defecto de todos los recién nacidos. En el año 2004, un estudio de Chelvarajan sugirió que si los fabricantes añadían potenciadores del sistema inmunológico en las vacunas, eso iba a resolver el problema, que por otro lado es absolutamente normal, aunque a menudo se describan como defectuosos o inadecuados, cuando es lo propio de su edad, y una característica que es compartida por todos los mamíferos de la tierra.
Vacunas como la de la hepatitis B, neumonía estreptocóccica, haemophilus influenzae tipo b (Hib) y la meningocócica, llevan adyuvantes, como el aluminio. Sin ellos, el sistema inmunológico del bebé no respondería y no haría nada. Un adyuvante crea una situación de alerta que obliga al sistema inmunológico innato del niño a responder de una manera distinta a como lo haría normalmente durante el primer año de vida. Los inmunólogos que están a favor de las vacunas no ven nada anormal en esto.

Sin embargo, en el año 2007, (Chelvarajan, 2007), vio las cosas de un modo diferente y decía en el último párrafo que si bien en el pasado esto se consideró un defecto, ahora se considera que forma parte del importante programa de desarrollo:

Este fenotipo antiinflamatorio puede ser beneficioso para el neonato en un período en el que el crecimiento de los tejidos y los sucesos de remodelación se suceden con mucha rapidez… así que la ausencia en el neonato de respuesta a las infecciones de bacterias encapsuladas puede ser el riesgo que corra el organismo para llevar a cabo de forma positiva el desarrollo”.
A fin de adaptarse al mundo de manera apropiada, un fenotipo antiinflamatorio es algo crítico para el niño. La leche materna suple el papel del sistema inmunológico innato, protegiendo al bebé de las enfermedades producidas por toxinas y otras, suministrando sustancias antiinflamatorias en la leche materna junto con otras partículas inmunes que impedirían a las bacterias y a los virus adherirse, o destruyéndolos completamente.
Esto protege al bebé, sirviendo como una defensa in situ, mientras el sistema inmunológico infantil se está preparando para saber más de sí mismo y del otro. Este mismo modelo de desarrollo se ha observado en los mamíferos no humanos estudiados en el laboratorio, y sería algo común a todos los mamíferos, mostrando que el fenotipo antiinflamatorio es crucial para la supervivencia, tanto a corto como a largo plazo.
Un reciente estudio de Elahi, 2013, muestra que las células inmunes de los niños tienen una plena capacidad funcional, pero se reprime con un objetivo más importante, aprender quién soy yo, cuáles son los microorganismos comensales saludables, y qué es lo que más tarde se debe atacar.
Durante este período de ajuste, que dura aproximadamente 2 años en los seres humanos (extrapolando a partir de los estudios realizados en animales), el niño se encuentra bien protegido por la leche de la madre, que respeta el proceso de aprendizaje y se deshace de los organismos no deseados. ¿Cuál sería entonces el efecto de las vacunas, que interfieren en este plan maestro del sistema inmunológico del niño, añadiendo grandes cantidades de aluminio?
Con el apoyo de la leche materna, el sistema inmunológico infantil se desarrolla de manera apropiada y sistemáticamente, a su debido tiempo, según el programa genético presente en los bebés desde el mimo momento de la concepción. ¿Cuál sería ese plan maestro? Permitir que el niño realice una transición sin peligro hacia la independencia inmunológica, con los menores niveles de inflamación posibles. ¿Se puede interferir en este proceso? Sí se puede ¿Qué puede interferir en el sistema inmunológico neonatal? Algo que provoque una respuesta inflamatoria en la madre mientras se encuentra embarazada y en el bebé por la administración de vacunas.
La investigación médica tiene muy clara una cosa. No sería en sí la infección lo que supone un problema. Es la activación del sistema inmunológico. ¿Cómo saben que no es sólo la infección? Como el estrés, las toxinas y otros antígenos no infecciosos, pueden provocar una reacción en cascada en el sistema inmunológico, de modo muy similar a como lo haría una infección.
Si es importante para el desarrollo favorable del bebé permitir el riesgo de infección al no activarse dos mecanismos clave de defensa ante una infección primaria, ¿cuál sería el otro riesgo que se asume si se fuerza al sistema inmunológico a hace algo que se supone no debiera hacer? Una vacuna, por definición, provoca una inflamación repetida, en diferentes intervalos de tiempo. Las vacunas están diseñadas para provocar una inflamación periférica, y los adyuvantes presentes en las vacunas y los antígenos pueden provocar inflamación cerebral, producir alergias y autoinmunidad, causar una inflamación constante en algunas zonas del cuerpo. En algunos niños, las vacunas también pueden provocar que las mitocondrias no trabajen correctamente.
Dicho esto, podrá pensar lo siguiente… si falta la respuesta del bebé ante las toxinas producidas por una infección bacteriana, ¿qué posibilidades tiene el bebé de sobrevivir en este mundo? Si quiere aprender más sobre la inmunidad neonatal, lea estos tres artículos del blog y tome nota de los artículos médicos de referencia:

Segunda Parte

Los médicos que están a favor de la vacunación a menudo citan “la literatura científica revisada por pares” para demostrar sus puntos de vista, pero una observación más atenta a esa literatura a menudo viene a demostrar lo contrario – al mismo tiempo que se cuidan de no hacer referencia a la población enferma de niños vacunados.
Además, una observación atenta a los manuales médicos que se vienen utilizando desde hace décadas, revela una interesante tendencia. En los años 1920 y 1930, los médicos a menudo daban poca importancia a ciertas enfermedades que hoy se consideran más mortales que una plaga. Muchos abuelos se quedan sorprendidos por el modo en el que la profesión médica de hoy en día trata ciertas infecciones, que antes no eran otra cosa que unos días sin escuela.
Esto quiere decir que las consecuencias no eran muy serias. A veces las tenían. Sin embargo, hoy la mayor parte de los padres creen que suponen un grave riesgo para los niños, cuando los abuelos las consideraban un fastidio pasajero.
El sistema médico considera ahora que el sarampión es más peligroso que una plaga y la enfermedad más peligrosa que haya conocido el hombre. No hay motivo para tal preocupación, porque los niños bien alimentados tienen suficiente vitamina A a su disposición para recuperarse sin mayores problemas. El aburrimiento podría ser un problema más serio.
También he descubierto que la tos ferina no es una enfermedad de la que tampoco haya que asustarse. En aquellos tiempos en los que única herramienta de la que disponía eran los antibióticos, entonces sí que tenía algo de preocupación, pero hoy en día no. Hoy muchos padres tratan la tos ferina con dosis altas de vitamina C, y de vez en cuando con algún remedio homeopático. Observan una mejora rápida y sin complicaciones serias. Pero nada de esto leerá en la literatura científica revisada por pares y su médico tampoco le dirá nada, porque los niños enfermos es lo único que aparece en las estadísticas de morbilidad. Los niños sanos que se recuperan sin mayores problemas, y al no ser atendidos por el sistema médico no entran en las cuentas.
Las consecuencias más serias de las enfermedades infantiles provienen de unas pocas cosas: los preparados para lactantes, la leche de vaca, los medicamentos más comunes, sobre todo los antibióticos, la desnutrición y las vacunas, y también el desconocimiento de ciertos cuidados muy sencillos para llevar a cabo en casa.
Todas estas barreras que se ponen para una sencilla recuperación se pueden evitar, tanto en Estados Unidos como en otros países, y es por eso que muchas veces vemos a niños sanos que nunca se vacunaron, cuando nos tomamos un tiempo para considerarlo.
La mortalidad por las enfermedades comunes es algo que ya había descendido considerablemente mucho antes de que se introdujera la vacunación.



Gráficos similares y su interpretación aparecen en la entrada: La historia olvidada de las vacunas
Algunos errores muy comunes sobre los no vacunados:

* Ponen en peligro a otras personas no vacunadas. ¿En peligro de qué? ¿De contraer la varicela? Pregunte a su abuela si conoció a alguien que muriese de sarampión. Las diferentes enfermedades tienen diferentes grados de gravedad en función de la edad. La falsa idea de que “si no se vacuna pone en riesgo a otras personas” está basada en la consideración de que la gente vacunada no va a contraer la enfermedad porque ha sido vacunada contra esa enfermedad. ¿Sabía usted que un estudio controlado publicado en BMJ (British Medical Journal) realizado entre los niños en edad escolar mostró que entre todos los casos detectados de tos ferina más del 86% de los niños estaban vacunados contra esta enfermedad? Hay estudios similares que muestran que las paperas y los brotes epidémicos de sarampión a menudo afectan a los vacunados. Las personas vacunadas han sufrido cambios en su sistema inmunológico, de modo que pueden ser más susceptibles a otras enfermedades infecciosas, pero también les puede hacer vulnerables a la enfermedad de la que se vacunaron, debido a un fenómeno que se conoce como pecado original antihigiénico”. ¿Qué es el pecado original antihigiénico? Consiste en que el antígeno presente en la vacuna y que se inyecta en el cuerpo para que se produzca una reacción, a veces ésta es incompleta y diferente a la respuesta natural ante una infección. Cuando el vacunado entra en contacto otra vez con la enfermedad, es incapaz de dar una respuesta eficaz al patógeno, porque los primeros pasos vitales han fallado. La vacuna de la tos ferina es un ejemplo claro de esto.

Un estudio digno de tener en consideración, del año 2013, realizado con mandriles, que también son susceptibles como las personas de contraer la tos ferina, es el estudio de Warfel. En este estudio se expuso a los mandriles a la bacteria de la tos ferina, tanto a los vacunados como a los que no, algo que no se puede hacer con las personas por razones éticas, pero que dieron unos importantes resultados. Como era de esperar, los mandriles que no habían sido vacunados se infectaron por la bacteria de la tos ferina y estuvieron colonizados por la bacteria durante un período máximo de 38 días. Los mandriles que sí habían sido vacunados e inmunizados mediante la vacuna, estuvieron colonizados por la bacteria durante un período más largo, 42 días. Sin embargo, los mandriles no vacunados que se recuperaron de manera natural y que más tarde fueron expuestos de nuevo a la bacteria de la tos ferina, no volvieron a ser colonizados por dicha bacteria: cero días.
Viendo esto, ¿quiénes proporcionan una mejor inmunidad de grupo ante la exposición bacteriana? ¿Los individuos vacunados que se supone que son inmunes, y que sin presentar síntomas están colonizados por las bacterias 42 días y, por tanto, propagándolas? ¿Los niños no vacunados que se infectan y permanecen colonizados durante 38 días? ¿O aquellos que se recuperan de manera natural que ya no son de nuevo colonizados y que por lo tanto no propagan las bacterias después de una nueva exposición? La convalecencia natural genera una inmunidad de más larga duración que la provocada por la vacunación.
A los entusiastas de la vacunación les gusta recurrir al término “inmunidad de grupo” para argumentar que aquellos que no se vacunan presentan un riesgo para los vacunados. Pero el concepto de inmunidad de grupo no tiene relevancia para los vacunados, ya que el término se acuñó para referirse a la inmunidad natural de las poblaciones, tendiendo hacia una menor incidencia de las epidemias.
* Propagación de enfermedades por lo no vacunados. Cuando en realidad es todo lo contrario. Se conocen casos de vacunados con microorganismos vivos que se han transmitido a las personas cercanas. Este es un ejemplo reciente:

Tercera Parte 


Las vacunas con microorganismos vivos pueden transmitir las enfermedades

También sabemos que en el caso de la tos ferina, aquellos que están vacunados, debido al pecado original antihigiénico, pueden ser portadores de las bacterias durante más tiempo que los no vacunados, aunque no muestren síntomas. En un artículo publicado en Clinical Infectious Disease en el año 2004, cuyo texto completo se puede consultar aquí, el Dr. James Cherry decía que los adultos vacunados contra la tos ferina no muestran ninguna actividad antibacteriana. A continuación explica por qué. Las vacunas más comunes contienen unos antígenos que producen el pecado original antihigiénico, por lo cual la respuesta del sistema inmunológico a la vacuna es anormal. Esa primera respuesta aprendida es la que el sistema inmunológico adopta como predeterminada en las futuras dosis de refuerzo. Así pues, como en el caso de las vacunas de la tos ferina, hay factores específicos de virulencia de algunas proteínas clave que no han sido incluidos, tales como toxina adenilato ciclasa – hemolisina (ACT), factor de colonización traqueal (TCF), citotoxina traqueal (TCT), y toxina dermonecrótica (DNT) y BrkA.

Como los tres primeros no se incluyen, la falta de respuesta de sistema inmunológico no previene la colonización, y además, Cherry señala que el pecado original antihigiénico causa la incapacidad del vacunado para realizar una limpieza de las bacterias presentes en sus pulmones. Los no vacunados poseen inmunidad a todos los factores de virulencia de primera línea y rápidamente pueden deshacerse de las bacterias ante nuevas exposiciones.

Las madres que se han vacunado pueden desarrollar marcadores sustitutos, algo que se puede medir en el laboratorio, pero estos no garantizan respuestas del sistema inmune eficientes después de la exposición a una enfermedad, porque la primera respuesta aprendida fue incorrecta. Además, todavía no está seguro de cuál es el marcador sustituto para tos ferina (pertussis).

Lo mismo se puede decir del sarampión, otra enfermedad que ha sido considerada por los medios como un peligro para la población debido a los niños no vacunados. Pero no es una información exacta; el sarampión no es una enfermedad peligrosa en las personas que disponen de suficiente vitamina A. Damien señaló que los vacunados son de 5 a 8 veces más susceptibles a infecciones asintomáticas que los no vacunados. Entonces, ¿por qué son únicamente responsables los no vacunados de los recientes brotes, por ejemplo, de sarampión?

Se dice de muchas vacunas que están atenuadas o modificadas, tienen microorganismos vivos pero supuestamente no infectarían, pero durante las últimas décadas hemos visto cómo los virus atenuados se transforman una vez que están en el interior del cuerpo y pueden propagar una enfermedad con mayor virulencia, incluso estando vacunado. Las vacunas orales de la polio que se administraron en Nigeria son un ejemplo. Esto es algo que puede pasar con cualquier vacuna con virus atenuados.

Se ha sabido que las vacunas originales de la polio de Salk eran vacunas con microorganismos muertos, y aún así infectaron a miles de personas por el contacto directo, provocando la muertes y parálisis de más de 200 personas. Sería una cifra tirando a la bajo de los daños causados.

Es bastante común ver un niño recién vacunado de la varicela que desarrolle herpes o varicela. Vemos esto muy a menudo. También he visto vacunas de herpes ( que contienen 14 veces la cantidad de virus de la vacuna de la varicela) provocar herpes en una anciana, días después de que le administrasen la vacuna. Algo que les pareció extraño a los médicos, y consultaron para ver si las vacunas contra el herpes pueden causar herpes, porque los médicos saben muy poco sobre las vacunas.
Así están las cosas cuando se oye hablar de un brote de un enfermedad infecciosa: “¿Cuántos fueron los afectados entre los vacunados y cuánta gente murió o tuvo que ser hospitalizada? ¿Se verificaron los casos mediante pruebas de laboratorio o están basados en los informes de los médicos?

Otra pregunta que también hay que considerar: ¿Se hospitalizó a las personas porque la enfermedad era realmente grave o porque la familia no supo cómo tratarla y atendieron a las exageraciones médicas de la peligrosidad de esa enfermedad? En otras palabras: ¿Era realmente necesario el ingreso hospitalario?

“Las muertes por estas enfermedades terribles que una vez asolaron a la Humanidad, volverán a niveles anteriores a las vacunas sino continuamos con ellas”.







Pero podemos ver el gráfico de que la mortalidad por estas enfermedades ya disminuyó drásticamente antes de que comenzasen las vacunaciones. Pero además, quizás quiera conocer la explicación racional de por qué dejaron de ser enfermedades mortales en tiempos más recientes. No fue por las vacunas. Se ha demostrado que fue por las medidas higiénicas. En este artículo, “¿Cuáles son las pruebas parauna relación causal entre la higiene y las infecciones?”, los autores ofrecen pruebas epidemiológicas que establecen la relación entre las prácticas de higiene y las infecciones. 

Quizás haya algo de lo que usted no haya sido informado:

La reducción en Estados Unidos de la tuberculosis se produjo antes de la introducción de cualquier vacuna, y lo mismo puede decirse del resto de enfermedades, así como antes de que los antibióticos estuvieran disponibles comercialmente, hacia 1950. Entonces, ¿cuál fue la causa?No fueron las vacunas. Incluso en los países que utilizaronel bacilo de Calmette-Guérin (BCG) como primera línea de protección, observaron una disminución idéntica a la de Estados Unidos, no usando ninguna vacuna contra la tuberculosis.

Si comparamos los gráficos de disminución de muertes por la difteria y la escarlatina, son casi idénticos. En ese momento no había disponible ninguna vacuna de uso común para la escarlatina. La escarlatina y las complicaciones que provoca, reumatismo, se ha mostrado claramente según la literatura médica que se resuelve muy bien con una alimentación adecuada. Y si alguien le cuenta que ha tenido complicaciones con la escarlatina, quizás sea por condiciones de pobreza, situaciones dadas por la guerra, o golpeado por el hambre. En los países desarrollados, el reumatismo se observa entre los grupos cuya alimentación es más deficiente, o su acceso a una comida más sana está más limitada.

Incluso entre las personas de una clase social más baja, sin muchas posibilidades económicas, pero que siguen unas pautas alimenticias eficaces, tendrán una susceptibilidad bastante baja, porque la alimentación y una nutrición adecuada es algo que cuenta. Lo que suele ocurrir es que se suelen juntarse una educación deficiente, la falta de una vivienda y esas menores posibilidades económicas.

Los grupos con menor grado de cultura, peor alimentados, en condiciones de pobreza, con una pobre nutrición, históricamente mantienen una correlación con el reumatismo bastante alta. Todos nosotros somos portadores de Streptococcus A con regularidad, pero las personas bien alimentadas no contraen la escarlatina, ni muchos menos las complicaciones del reumatismo.

Este punto ha sido bien estudiado para dejar al lado cualquier preocupación sobre si realmente la correlación implica causalidad.

Históricamente, en el caso de las enfermedades infecciosas, una buena nutrición ha sido y es un factor fundamental de prevención, lo que ha llevado a una enorme disminución de la morbosidad y la mortalidad provocadas por las enfermedades infecciosas.

(*) Puede leer AQUÍ el Curriculum Vitae de la Doctora Humphries

Procedencia del artículo: 

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