martes, 7 de junio de 2016

PERIODISMO: EL ARMA MÁS LETAL DEL JUDAÍSMO INTERNACIONAL

















En la siguiente nota, los lectores podrán apreciar la realidad de esta actividad, que lejos de desarrollar la noble función de informar, orientar y esclarecer, ha sido diagramada y puesta en práctica por el sistema mundial gobernante, como principal ariete de destrucción en la lucha por la vida. 

Este texto será elemental para los que se están iniciando en esta profesión y por que no también, para los confusos y "desorientados". Representa una oportunidad de ver las dos caras de la moneda, pues en ella se exhiben de manera concluyente, cómo las organizaciones destinadas al engaño y la confusión mediática simbolizan la contracara del noble proyecto diseñado por el nacionalsocialismo en la década del treinta, verdadero basamento de esta noble e importante ocupación. 

En nombre de la "libertad de prensa" se corrompen a diario los verdaderos valores de la sana información y en su lugar, nos encontramos con los "periodistas" transformados en "divulgadores" de noticias y esbirros de la sinarquía universal, en donde evidentemente impera el "valor" oro en reemplazo de la honestidad, la responsabilidad y los valores humanos y patrióticos que son los que deberían prevalecer para que una nación sea libre, soberana e independiente de las tenazas opresoras del judaísmo internacional en todas sus "acepciones idiomáticas". 

Estos cipayos funcionarios de la tiranía, trabajan enarbolando una falsa bandera para que toda la economía industrial, comercial, mediática y profesional de los dueños del mundo tengan los beneficios que se han propuesto y no, para cumplir con el compromiso de lealtad a la patria que ésta profesión debería cumplir, generando consecuentemente la desintegración social de toda la humanidad. 

Hoy en el día del periodista, vaya nuestro más cordial saludo y reconocimiento a todos aquellos servidores de la información que se han mantenido imperturbables dando muchas hasta la vida en pos de tan loable misión.

“La manipulación mediática de los hechos de la historia es la segunda mejor arma en el arsenal de la maquinaria de guerra sionista. El primero, por supuesto, sería el dinero…(….) Pero esto no es cosa de risa. Debido a que el problema real es la libertad de expresión para todas las personas de todas las religiones ... e incluso más que eso, se trata de la libertad de pensamiento”.  John Kaminski, "La guerra sionista en su libertad de expresión”
"Soy un judío antes de ser periodista, antes de que alguien me pague para escribir.  Si encuentro una cosa negativa sobre Israel, no lo imprimiría y se hundiría el por qué sucedió y si pude hacer algo para cambiarlo"  .- Uzi Safanov, escritor en el periódico Seawanhaka de la Universidad de Long Island, en Nueva York, Boletín judío del norte de California, en ​​un artículo del 23 de noviembre de 2001 informando sobre una reunión de un periodista judío en "Do the Write Thing", un programa especial para estudiantes de periodismo patrocinado por la Agencia Judía para Israel y la Organización Mundial Sionista en la general Asamblea de las Comunidades Judías Unidas.
 "La mayor concentración de judíos, sin embargo, es a nivel de productor y  son los productores que deciden qué historias irán al aire, por cuánto tiempo y en qué orden se ejecutarán. En 1982, antes de un cambio en las asignaciones, los productores ejecutivos de los tres noticieros de la noche eran judíos, como lo fueron los productores ejecutivos de 60 Minutes de CBS y ABC de 20/20, y judíos son casi igualmente prominentes tanto en el "alto nivel de producción" como "productores de difusión" Cuando por ejemplo Reuven Frank renunció a la alta dirección como presidente de NBC News en 1984, fue sustituido por Laurence Grossman, quien dejó la presidencia de PBS para tomar la posición".  Charles Silberman, "Judios de América y su vida actual" , Summit Books, 1985, p. 154.

La denominada prensa libre surgió en Alemania en 1848, el año de la revolución. Fue entonces cuando empezó a tomar cuerpo el ideal masónico de una prensa sin traba alguna, siguiendo el ejemplo de otras naciones abrevadas en las doctrinas de la Revolución Francesa. Así se creó aquella forma de periodismo que se jactaba de luchar por la "libertad de los pueblos".

Especialmente en los primeros decenios hubo algunas personas de buena fe que creyeron en la eficacia de la innovación y tomaron en serio la nueva misión que se le
decía encomendar a la prensa, pero pronto pudo comprobarse que ésta no era sino una arma esgrimida por un determinado grupo de intereses.

Poco a poco los diversos periódicos fueron reuniéndose en grupos capitaneados y subvencionados por elementos que trataban de llevar a la opinión pública por determinados caminos. La prensa nacional cayó entre las manos de los grandes banqueros, de los jefes de algunos partidos políticos y de advenedizos expertos que contaban con los medios materiales para poder convertirla en defensora de sus intereses particulares.

Detrás de cada periódico se escondía un determinado grupo de personas o un paquete de acciones y los periodistas habían pasado a transformarse en meros servidores que trabajaban a sueldo suyo sin curarse de los supremos intereses de la cosa pública.

Por lo que hace a Alemania los principales diarios se hallaban adscritos a grupos que tenían a su cabeza a los Ullstein, a los Mosse y a tantos otros. Algunos de estos grupos mantenían sospechosísimas relaciones con el extranjero.

A medida que aumentaba la cultura de las gentes el ciudadano se dio cuenta del peligro que tal prensa representaba y empezó a advertir al propio tiempo lo sospechoso de la actuación del profesional del periodismo.

El número de las publicaciones crecía a tono con el incremento de la cultura y el lector ansioso de aprender cosas nuevas bebía en la misma fuente el veneno de una
intencionada propaganda que se iba infiltrando más y más en el elemento todavía sano de la nación. Pero fueron muchos los que, a pesar de comprender el peligro, no osaban oponerse a él por respeto al ídolo de las libertades democráticas, hasta que llegó el nacionalsocialismo y arremetió contra la maléfica deidad.

Apenas subido al poder, la primera preocupación del nuevo régimen fue la de dar al traste con un ambiente periodístico propicio al medro de los intereses particulares o que fomentase la tibieza en la defensa de la causa colectiva.

Los directores de los periódicos quedaron sometidos a las normas de una ley en la que se señalaron también las obligaciones y derechos del editor y de los redactores. El editor tiene que dar de antemano a conocer los fines culturales y el tipo de la publicación, y
el redactor jefe es el responsable de su contenido.

Los deberes del redactor de un periódico alemán quedan condensados en los cinco preceptos siguientes:

Está obligado:

1) A no posponer el interés colectivo a la utilidad particular.

2) A no debilitar la potencia del pueblo alemán ni en el interior ni respecto al extranjero, con artículos que puedan causar detrimento a sus instituciones militares, a su cultura y a su economía o herir los sentimientos religiosos del individuo.

3) A no ofender la dignidad del matrimonio o de la colectividad nacional.

4) A evitar cualquier ultraje a la moral o al pudor.

5) A no poner en ridículo el sentimiento de la familia o la buena reputación de las personas.

De esta manera la prensa pasó a ocupar su digno puesto en la vida de la nación y a interpretar los sentimientos sanos y auténticos del pueblo alemán.

Quedaron automáticamente eliminadas las revistas que so capa científica difundían artículos e ilustraciones más o menos pornográficos, explotando los sentimientos más
bajos de cierta categoría de personas, y desaparecieron los periódicos que vivían del vulgar chantaje, mientras que los órganos más importantes de la prensa del Reich fueron inmediatamente adscritos al servicio de la nación.

Todos los periodistas y editores de periódicos y revistas entraron a formar parte del Reichsverban der Deutschen Presse - la Asociación de la Prensa Alemana -, del Reichverband der deutschen Zeitungsverleger - la Asociación de Editores de Periódicos - y del Reichsverband der deutschen Zeitschriftenverleger - la Asociación de los Editores de Revistas -.

Todas esas asociaciones están agrupadas en la Reichspressekammer - la Cámara de la Prensa Alemana - que forma a su vez parte de la Rechskulturkammer - la Cámara Cultural del Reich - y que depende directamente del ministerio de Educación Nacional y Propaganda. Los periodistas alemanes acuden diariamente a conferencia de prensa especiales y tienen cada semana una Kulturkonferenz, es decir, una conferencia sobre
temas de índole cultural.

Los redactores en jefe reciben las noticias de las agencias de información. El 5 de diciembre de 1933 las dos agencias alemanas más importantes, la TU-Telegraphen Union - y la TB - Wolf’sches Telegraphen-Büro - se refundieron constituyendo la DNB- Deutsches Nachrichtenbüro -. Esta agencia, magníficamente montada y dotada de todos los servicios técnicos, cuenta con corresponsales que recogen las informaciones
en todas partes del mundo. Durante la guerra conserva más de cincuenta sucursales fuera de Alemania con más de un centenar de corresponsales fijos y otros tantos
retribuidos según el servicio que suministran.

El incremento que el régimen nacionalsocialista le ha proporcionado al periodismo en todos sus aspectos se tradujo también en una espléndida floración de
publicaciones. Alemania contaba antes de la guerra con 2.500 diarios, con una tirada conjunta de 19 millones de ejemplares. El número de las revistas llegaba a 10.000 con una tirada de 260 millones.

Como se advierte, las revistas eran cuatro veces más numerosas que los diarios y alcanzaban una tirada diez veces superior, si bien es preciso tener en cuenta que
mientras una buena parte de estos últimos aparecían en dos ediciones diarias, la mayoría de las primeras no veían la luz sino una vez al mes. De estas revistas 1.700 eran puramente científicas, de medicina, de derecho, de química, de electricidad, etc.

La guerra ha reducido un tanto el número de tales publicaciones pero ha venido a demostrar algo muy importante, a saber: que una prensa disciplinada constituye una excelente arma para la defensa de la nación.

Los periodistas de hoy están consagrados íntegramente al servicio de la patria. Los lectores siguen con gran atención y cariño la gesta de sus soldados narrada e ilustrada por otros combatientes, los miembros de las compañías de propaganda, que no son otra cosa que periodistas o reporteros gráficos que actúan en la primera línea para poder enviar diariamente a la retaguardia el artículo, la película o la impresión radiofónica del frente.

Gracias a estos héroes del periodismo el público puede seguir el desarrollo de los acontecimientos con una veracidad y un interés inconcebibles hasta el presente.

Artículo de la revista ASPA, Nro. 1.- La prensa en el III Reich

LA PRENSA Y LA POLÍTICA MUNDIAL 

Por Otto Dietrich (*) 

Un nuevo problema se ha sumado a los grandes problemas políticos que influyen en las naciones en las últimas décadas. No cabe duda de que los asuntos de prensa se encuentran desde hace tiempo entre las cuestiones más interesantes de la vida social y
entre las más importantes de las relaciones entre las naciones; pero nunca en el pasado tuvo el trabajo realizado por la prensa un efecto tan profundo y directo sobre los acontecimientos políticos como en la actualidad. El Führer de la nación alemana hizo
del creciente problema internacional de la prensa el tema principal de un gran discurso que encontró eco en todos los rincones del globo.

Pública y claramente mostró los resultados y peligros del trabajo destructivo de la prensa, que tanta influencia posee en la actualidad sobre la política nacional. Hitler se refirió a la prensa como problema político de importancia internacional. Su discurso mostró el lado negativo de una parte de la prensa internacional.

Pero quizás muchos de los que oyeron este discurso se enteraron por primera vez del alcance conseguido por la prensa para convertirse en las últimas décadas, en un
elemento de la política mundial. La prensa es una de esas instituciones de las que podíamos decir que lo negativo es más perceptible que lo positivo. Quizás sea esta la razón por la cual algunas personas se hallan francamente preocupadas y contemplen a la
prensa como una de las desgracias que afligen a la humanidad. La prensa se ha convertido en una de las partes más importantes de la vida moderna y sin ella apenas podemos imaginarnos la existencia de las naciones. La prensa tiende un puente sobre el tiempo y el espacio al dar cuenta de los acontecimientos diarios, une cada día y cada hora a la humanidad con el mundo que la rodea, pero que se encuentra fuera de su radio
de visión.

El periódico es el espejo de nuestra época y la prensa el centro de todos los grandes acontecimientos. Se le ha denominado el órgano de la opinión pública, la voz de las naciones y el ojo y el oído del mundo. ¿Hasta qué punto puede realizarse esta tarea?

Este es el problema de la prensa de nuestros días. Pero lo cierto es que la prensa constituye un elemento importante de la vida política. Crea la atmósfera, buena o mala, dentro de la cual deben trabajar los políticos.

La política de la prensa alemana no es siempre comprendida en algunas partes del mundo, pero creo que si se la entendiese correctamente, ayudaría a eliminar los frecuentemente desastrosos efectos, consecuencia habitual de una idea equivocada de la
prensa. Es prácticamente imposible comprender la estructura de nuestra prensa, si se carece de todo conocimiento de los fundamentos del nacionalsocialismo, de la nueva escuela del pensamiento que lo creó, de la nueva concepción de Estado que defiende yde la relación del individuo con el conjunto, que proporciona a su existencia una expresión totalmente nueva. El nacionalsocialismo revolucionó el pensamiento político del pueblo alemán. El nacionalsocialismo reemplazó el pensamiento individual por la idea comunitaria, así se abrieron nuevas sendas que, aquellos que viven en otro plano, no pueden entender. Las ideas que otros pueblos utilizan como base de su escuela de pensamiento no son por lo general lo suficientemente trascendentales como para que sus
defensores puedan comprender lo que ha sucedido en Alemania, aunque sean suficientes en sus propios países. 

Nos hallamos aquí en la encrucijada de dos escuelas de
pensamiento. Es imposible comprender el nacionalsocialismo con un tipo de pensamiento liberal. Solo quien siente ese nuevo pensamiento comunitario o, por lo menos, se esfuerza en comprenderlo, puede entender al nacionalsocialismo, su época, su obra, sus lenguajes y su voz.

Mis observaciones con relación al progreso de las ideas humanas, que ha alcanzado una revolución del pensamiento en Alemania durante los últimos años, se refieren a la prensa. Cuando uno analiza los puntos de vista desde los que se critica a la prensa  nacionalsocialista y considera caducos los modelos empleados, no puede dejar de sorprenderse ante la deficiente comprensión con la que tantos extranjeros contemplan la concepción de la prensa nacionalsocialista. Es cierto que la prensa nació del liberalismo, pero la prensa de la época liberal no es sinónimo de la prensa en conjunto. La prensa
liberal se caracteriza por la idea de que la crítica o la opinión del individuo con relación al Estado y sus instituciones públicas se hallan justificadas. El individuo, tanto el periodista como el colaborador, aparece como el portavoz de la opinión pública sin otra
justificación más que su propia opinión privada. Esto corresponde a la idea fundamental del pensamiento individual.

La idea de comunidad nacionalsocialista, por el contrario confiere a la prensa una tarea totalmente distinta, la de reproducir los principios de la totalidad en contraposición al individuo.

El pueblo alemán ha comprendido que el mayor tesoro lo constituye la idea de obrar de común acuerdo. El N.S.D.A.P., como el gran movimiento de resurgimiento de la nación alemana, ha aprendido en su propia historia que el uniforme pensamiento político de toda la nación constituye la base de todo éxito nacional y social y que solo el conocimiento de los problemas de destinos comunes engendra la voluntad de solucionarlos.

En el Estado nacionalsocialista, la tarea de la prensa, no es la de expresar la opinión individual contra la totalidad, ni la de hacerse eco de una opinión pública de hecho inexistente. Debe representar la visión de la comunidad frente al individuo y hacer esto comprensible a todos aquellos que lo desconozcan. El periódico se convierte de este modo en la voz admonitoria de la nación y en la escuela de pensamiento político, prestando a cada ciudadano el conocimiento que constituye un eslabón en la cadena de la comunidad para el bien y el mal. La opinión pública, tal como la vemos, consiste en la verdadera voluntad del pueblo, con el que el nacionalsocialismo toma contacto directo desde su propia fuente a través de sus íntimas relaciones. No fabricamos la opinión pública, intentamos establecerla. 

Nuestros periódicos constituyen la conciencia pública de la nación, destinados a fomentar y no a dificultar el trabajo del Estado, pues tenemos mejores métodos de mantener a éste en contacto con el pueblo.

La prensa alemana también se toma la libertad de criticar, pero critica aquello que perjudica al pueblo y no aquellos que le beneficia, con las limitaciones obvias que
imponen los intereses vitales de la nación, posee en realidad mayor libertad que la prensa liberal. Incluso se toman la libertad de criticar la libertad de prensa, tan alabada con toda la pasión que los demócratas son capaces de desarrollar, como una de las más sagradas posesiones de la humanidad. Ni la pluma del liberal más independiente osaría criticar la llamada libertad de prensa. Nuestros colegas de las oficinas editoriales de las
democracias liberales saben el porqué. Pero no están autorizados para contarlo pues tan perjudicial publicidad daría como resultado el tener que buscar una nueva profesión.

Se ha demostrado que la libertad de prensa es una de las frases vacías más estrepitosas que han ofuscado la mente humana. El testimonio de quienes exigen la libertad de
prensa en sus propios países es además una prueba de que nunca ha existido en ningún lugar una verdadera libertad de prensa, y que aquellos que se enorgullecen
especialmente de esta libertad son los que verdaderamente menos la poseen. Puedo citar algunos casos que ilustran la esclavitud mental de la prensa. 

En 1913, el periodista americano John Swinton declaró durante la reunión anual de la asociación de prensa
americana que no existía una prensa independiente en América, aparte de los periódicos de las pequeñas ciudades de provincias. Continuó diciendo que todo el mundo conocía este hecho pero que nadie se atrevía a opinar sobre el mismo y que aunque él lo hiciera
nunca aparecería impreso. El hombre lo suficientemente loco como para escribir su propia opinión personal pronto estaría en la calle.

Un periodista de New York debía mentir y sentarse a los pies de Mammon. Debería venderse a sí mismo y a la nación para conseguir el pan de cada día, el orador acabó refiriéndose a los periodistas como herramientas y vasallos de los ricos quienes se sentaban detrás del escenario y movían los hilos.

El tiempo y el talento de los periodistas les pertenecía y los hombres de la prensa eran prostitutas mentales. Es esta una opinión drástica de hace veinticinco años, pero las cosas no han mejorado desde entonces. Una editorial de New York ha sacado recientemente un libro titulado 

El corresponsal de Washington donde aparecen algunas
declaraciones extremadamente interesantes. El autor consigna las respuestas a un cuestionario realizado a varios periodistas, cuando se les preguntaba por la libertad de prensa, respondían a menudo lacónicamente dando la impresión de que todo el mundo sabía que tenían que escribir lo que querían los editores, porque corrían el riesgo de tener que abandonar su departamento editorial si no escribían lo que deseaban. 

El autor del libro, Leo C. Roston, declara que en una sociedad donde la libertad constituye un bello eslogan limitado por la realidad económica, una conciencia clara es un lujo limitado a aquellas personas que poseen suficiente dinero como para rechazar un compromiso a expensas de sus ideas personales.

Este libro, que no ha sido escrito por nacionalsocialistas alemanes, sino publicado en los EE.UU., constituirá una excelente lectura para aquellos que piensan que pueden
acercarse a nosotros con ausencia de libertad de prensa. O deberían leer con atención el extraordinario ataque a la prensa americana publicado por Ferdinand Lundber, bajo el título Las 60 familias de América. En este libro se reconoce la auténtica verdad sobre la
libertad de prensa. La libertad de prensa es un fantasma, una simple etiqueta. No existe, ni ha existido nunca libertad de prensa en ningún lugar del mundo. La prensa es siempre dependiente y siempre tiene obligaciones para con alguien, la única pregunta es ¿para quién? ¿Para con las empresas y partidos políticos, para con el anónimo poder del oro y la destrucción de la moral y el orden o para con los hombres del Estado y el gobierno
responsable?

Cuando el Estado nacionalsocialista se estableció en 1933, los asuntos de prensa se encontraban en un caos total y Alemania debió hacer frente a este problema
decidiéndose por la última alternativa mencionada.
La purificación de la prensa del Reich fue, por así decirlo, la tarjeta de visita y la reorganización de la prensa, el primer fruto de la revolución nacionalsocialista. Se podría haber perdido la reputación de la prensa entre el pueblo alemán si el partido
nacionalsocialista no hubiera realizado grandes sacrificios para establecer su propia prensa, que luchó durante años contra las antiguas condiciones del mundo periodístico.

El caos se convirtió en orden y las nuevas leyes editoriales se publicaron ya el 4 deoctubre de 1933, entrando en vigor el 12 de enero de 1934. La estructura de la reorganizada prensa alemana es clara y simple. La nueva ley traspasó el centro de gravedad de la responsabilidad a la persona interesada. Quedó clara la responsabilidad personal para la parte editorial, es decir, para la parte política y principal del periódico.

En la misma medida que el individuo es absolutamente responsable ante la nación, asimismo quienes escriben en la prensa y moldean la opinión pública deben responder ante el Estado y ante el público. Esta nueva ley concuerda igualmente con el sentimiento alemán de justicia, en oposición a la concepción liberal, según el cual las colaboraciones de periodistas independientes debieran ser editorialmente supervisadas ya que el individuo es responsable. Se reemplazó pues el principio anónimo por el de responsabilidad.

La ley de prensa nacionalsocialista puso a los periodistas alemanes en relación directa con el Estado y la nación, ante quienes deben responder, lo mismo que ante su propia conciencia. Por otra parte, el Estado les garantiza la necesaria independencia legal de influencias injustas en su trabajo. Anteriormente, los hombres de la prensa no podían siempre rechazarlas. La responsabilidad y los derechos de la prensa privada constituyen el punto de partida de la nueva posición del periodismo en la Alemania nacionalsocialista. Han llevado a cabo un cambio fundamental en la posición social del
alemán. Constituirá un grave error el pensar que Alemania quería una prensa de Estado mecánica, con sus directores como simples esclavos de las autoridades estatales.

Queremos una prensa formada por seres vivos donde la personalidad del director pueda desarrollarse libremente y su sentido periodístico del deber extenderse en
beneficio de la nación. Al mismo tiempo, la prensa alemana es consciente de que queda mucho por hacer, un cambio tan personal y fundamental como el que realizamos, necesita tiempo para desarrollarse de acuerdo con las tareas cotidianas. La regulación
legal se veía absolutamente necesaria. Con la separación radical de negocio y política lograda por la ley editorial en Alemania, se han suministrado las bases para el
restablecimiento de la prensa, porque ha despertado en el corazón de cada periodista alemán la ley interior de esa libertad de prensa superior que distingue a la profesión periodística ennoblecida por la responsabilidad nacional. Aparece así claro el poder
interno y la importancia nacional de la prensa. A todo ello se opone el omnipotente poder internacional de la prensa como factor de política mundial.

(*) Otto Dietrich nació en Essen el 31 de agosto de 1897. Durante la Primera Guerra Mundial sirvió en el ejército alemán y fue galardonado con la Cruz de Hierro (Primera Clase). Después de la guerra estudió en la Universidad de Friburgo , Universidad de Munich y la Universidad Goethe. En 1921 se graduó con un doctorado en Ciencias Políticas y Filosofía y trabajó como periodista en Múnich.

En agosto de 1931 fue nombrado jefe de prensa de la NSDAP. En 1938 ascendido a jefe de prensa del Secretario de Estado del Reich y al Ministerio de Propaganda. En  1945 fue detenido por las fuerzas aliadas,  juzgado por “crímenes contra la humanidad” y por ser miembro de una “organización criminal”, en Nuremberg . El 11 de abril de 1949, fue condenado a siete años de prisión. Fue puesto en libertad en 1950. Durante su tiempo en la prisión de Landsberg , escribió “El Hitler que conocía. Memorias de Jefe de Prensa del Tercer Reich“. Murió en Düsseldorf el 22 de noviembre 1952.



2 comentarios:

  1. Una inmensa alegría que estén de regreso.
    Saludos en Cristo y la Patria.

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    Respuestas
    1. Igual para nosotros estimado Augusto!! Gracias a usted por su salutación!. Un fuerte saludo!

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