jueves, 22 de febrero de 2018

LOS PECES MUEREN POR LOS AGROTÓXICOS Y NO POR LA TEMPERATURA



En una de las notas más leídas de este portal, Contrapoder denunciaba el día 6 de febrero que la muerte de millones de peces en varias provincias argentinas, pertenecientes a las cuencas de los ríos Paraná y Paraguay se debía a los agrotóxicos que provienen de plantaciones linderas a dichos ríos y los arroyos que los alimentan, y no a “la temperatura” o el cambio climático, tal como, a través de los medios corporativos, intentaba engañar el gobierno de Mauricio Macri al pueblo argentino.



Contrapoder afirmábamos que “Monsanto y compañía siguen envenenando las tierras con sus productos, mientras que las fuertes lluvias y las crecidas de los ríos se encargan de acercar ese veneno a los causes de los arroyos”.

Imágenes tomadas el 9 de febrero pasado en el Canal El Florentino, Córdoba

La sabiduría de los lugareños explica algo que en realidad es de sentido común, la terrible mortandad de peces que se observó los primeros días de febrero tuvo que ver con que la creciente de los ríos coincidió con el reciente abonado de las tierras y repentinamente el envenenamiento se potenció, llevando a los arroyos y los ríos cantidades de agrotóxicos insoportables para la vida de diversas especies ictícolas.


Imágenes tomadas el 11 de febrero en la Laguna de Lobos, provincia de Buenos Aires

Días pasados, el Foro Ambiental dio a conocer un nuevo estudio del Conicet, explicando una presencia alarmante de agroquímicos y metales pesados en la cuenca del Paraná. El biólogo Damián Marino, investigador del propio Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas y profesor de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de la Plata, reveló que “en el tramo superior de la cuenca hay concentraciones de distintos insecticidas de uso agrícola, mientras que desde la cuenca media hacia la baja existe una contaminación múltiple con algunos metales y principalmente con glifosato. Son los sitios más afectados. El glifosato es una molécula dominante. El Paraná está en problemas”, resaltó Marino.

Además, Marino resaltó que “si se toman en cuenta los parámetros internacionales, las muestras superan por amplio margen los niveles de presencia tolerables con respecto al insecticida endosulfán, prohibido en argentina desde 2013, y sus posteriores reemplazantes: clirpirifós y cipermetrina”.

El científico explicó que si bien en el mundo hubo un decaimiento del 52% en las especies ictícolas, en América Latina ese valor llega al 80%. “No es que hay menos especies, sino que los grupos poblacionales son más chicos”, explicó, y trasladando a la experiencia cotidiana explicó que “la gente puede observar la presencia de menos cantidades de ranas o de peces en nuestros ríos".

El investigador también mencionó que “las aguas de los ríos San Lorenzo, Saladillo y Pavón tienen sedimentos con concentraciones superiores que provocan efectos letales en organismos, en tanto en la cuenca alta se detectaron implicancias subletales y alteraciones en el crecimiento vinculadas a altos niveles de plaguicidas”. “Mirando los resultados, veíamos que el glifosato estaba pegado en partículas en suspensión o formando parte del sedimento. A partir de la cuenca media empezaba a aumentar la concentración. Y cuando llegaba a la altura de Luján, había aumentado mucho” agregó.

Los niveles de glifosato más AMPA, el metabolito en la degradación del glifosato, hallados en la cuenca del río son unas cuatro veces las concentraciones que pueden encontrarse en un campo sembrado con soja”, aseguró, concluyendo que “El fondo de un río que desemboca en el Paraná tiene más glifosato que un campo de soja”.

La Liga de los Pueblos Libres publicó ayer un informe realizado por la TV italiana sobre el uso de Glifosato en los cultivos argentinos y el desastre ambiental que ese producto nos está generando a lo largo de todo el país.

Biodiversidad en caída

El contexto inicial en que Marino ubicó su presentación fue el informe de Planeta Vivo, una organización internacional que elabora un índice que mide la biodiversidad del planeta. Ese índice fue hecho sobre 10 mil especies de distinto tipo. “Se ve que entre 1970 y 2010, hubo un decaimiento del 52% de las poblaciones a nivel mundial. Pero en América Latina el valor es 80%. No es que hay menos especies, sino que los grupos poblacionales son más chicos”, graficó, y trasladando a la experiencia cotidiana explicó que la gente puede observar la presencia de menos cantidades de ranas o de peces.

Como concepto emergente del informe, resaltó que en menos de dos generaciones humanas se destruyó la mitad de la población de especies que había en la Tierra durante toda su evolución. En tanto, utilizando el concepto de Huella Ecológica, que se mide en varios países, dijo que “Argentina tiene esencialmente una huella basada en los sistemas agroproductivos”.

Luego, apuntó otro dato gráfico: tomando la biocapacidad, es decir cuánto puede ofrecer el planeta respecto de lo que se está usando, y cruzando con información de la evolución poblacional, puede verse que el 8 de agosto de 2016 la humanidad consumió todos los recursos naturales de ese año. “A partir de ahí consumimos recursos a crédito, se los estamos sacando a las generaciones futuras. La última vez que salimos hechos fue en diciembre 1970. Hoy estamos consumiendo por año un planeta y medio. Algo no está andando”, alertó.

Al respecto, resaltó que los plaguicidas “son una huella que vamos dejando a los sistemas ecológicos” y expuso "que tienen asociado un concepto de dinámica. Desde el momento de la aplicación, ocurrirán procesos en la atmósfera, en el suelo, y otros que vincularán el suelo con el agua. Se dan todos en forma simultánea”.

El caso de Pampa del Indio

Luego de hallar glifosato en el agua usada para consumo en Pampa del Indio en el año 2012, la medida cautelar interpuesta tuvo efectos y las pulverizaciones dejaron de hacerse en superficies cercanas a poblaciones. Así lo resumió la doctora química de la UBA y científica del Conicet, Alcira Trinelli, quien durante media década estudió el agua para consumo y riego en esa localidad chaqueña y en parajes de la zona donde predomina la población aborigen y con alto nivel de vulnerabilidad social.

“Sabíamos que en ese momento había aviones fumigando sin restricciones sobre la lejanía de las zonas pobladas. Encontramos niveles elevados, como las 500 partes por billón en la entrada de la planta de tratamiento de agua”, contó Alcira Trinelli.

Trinelli explicó que las muestras se tomaron en la planta potabilizadora, aljibes de escuelas, aguas de napas, Pampa Chica, Lote 4, Campo Medina y Campo Nuevo; el río Bermejo y la red de agua de Presidencia Roca. Hubo campañas de muestreo en 2012, 2013 y 2014.

“Gracias a la medida cautelar que se interpuso poco después de esos muestreos donde se halló glifosato, a partir de 2013 en las muestras no fue detectado nuevamente”, ponderó. Lo más preocupante, recordó, fue el agua analizada en la zona de Campo Medida, que mezclaba múltiples contaminantes.

El estudio en Pampa del Indio surgió por un pedido expreso de la comunidad qom de la región, ante la falta de acceso al agua de calidad, y se financió con recursos de un voluntariado, subsidios de la Subsecretaria de Políticas Universitarias y de la propia universidad.

Tal como detalla Trinelli, el objetivo fue analizar la calidad del agua para consumo y riego, y así poder generar una herramienta científica que sirviera para sustentar los reclamos de acceso al agua. “En todos los parajes encontramos algún tipo de tóxico, excepto en el río Bermejo y en Presidencia Roca”, concluyó la especialista.

Fuentes: Foro Ambiental / Diario Norte/Contrapoderweb 

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