jueves, 7 de junio de 2012

NUEVO ORDEN: FALOPA YES, BWANA


“La excelencia suprema consiste en destruir al enemigo sin combatir”
(Sun Tzu)

Carroll Quigly, “insider” del sistema y, entre otras cosas, mentor de Bill Clinton, decía en “Tragedy and Hope”(Tragedia y Esperanza): “El poder del capitalismo financiero mundial tiene un objetivo trascendental, nada menos que crear un sistema de control financiero mundial en manos privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía como un todo, e influir sobre los políticos colaboracionistas”.
 
El proyecto, por supuesto, es ya antiguo, pero las cosas comenzaron a acelerarse a partir de un par de reuniones organizadas por Nelson Rockefeller en 1972, una para reunir a altos directivos de importantes empresas norteamericanas, para concretar acciones de mayor colaboración entre potencias superindustrializadas, y otra para sentar las bases  de lo que sería la Comisión Trilateral (CT), nombre derivado de la presencia de ejecutivos de empresas con capacidad de decisión de Estados Unidos, Europa Occidental y Japón. La reunión inaugural tuvo lugar en Tokio, el 23 de octubre de 1973, y concurrieron a la misma James Carter y Zbibniew Brzezinsky, que se integraron a la misma.
 
El primero declaró en 1975 que “había llegado la hora de concretar una Alianza con Europa Occidental y el Japón. Estos países ya están preparados para desarrollar un papel importante en la creación de un nuevo orden internacional”. Este nuevo orden implicaría la implantación de una nueva división internacional del trabajo, y la transformación de los países en provincias de un nuevo imperio.
 
Bien, Carter asumió la presidencia de los Estados Unidos el 4 de noviembre de 1976, y en su equipo figuraron 18 integrantes de la CT, entre ellos el recientemente fallecido Cyrus Vance, su Secretario de Estado, Zbigniew Brzezinsky, Consejero de Seguridad Nacional, quien escribiera en “La Era Tecnotrónica” (Between Two Ages): “El concepto de interés y soberanía nacional sólo era viable mientras las naciones estaban suficientemente separadas en el tiempo y el espacio… Los vínculos supranacionales progresan, en tanto las reivindicaciones nacionalistas,  aunque todavía potentes, se están diluyendo”. Richard Gardner fue su embajador en Italia, y manifestó en “Foreing Affairs”, en abril de 1974: “Así  llegaremos a poner fin a las soberanías nacionales, corroyéndolas pedazo a pedazo”. También se incluyó en el equipo Sol Linowitz, quien fuera presidente de la United Fruit, luego United Brands y del Marine Midland Bank, lavador de narcodólares en el área de Panamá, y en cuya sede de Nueva York se depositaban fondos para Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y el CELS, provenientes de la Fundación Ford (es decir CIA) y Amnesty International (es decir, Inteligencia Británica).
 
El gobierno de Carter apoyó la despenalización de la droga, mientras que el Departamento de Hacienda y la Reserva Federal, entonces dirigida por Paul Volker, respaldaron la campaña del FMI para obligar a Iberoamérica a producir estupefacientes para pagar sus deudas externas.
 
Para lograr sus metas este poder utilizará cualquier tipo de debilidad humana para hacer caer al objetivo en la trampa: vicios, obsesiones, fallas en la personalidad, corrupciones, etc, sin perder de vista que no hay guerra política sin guerra cultural, de nivel estratégico, con el objetivo de destruir todo elemento cultural que pudiera generar reacciones contra el imperio. En esta guerra se reconocen varias misiones, una de las cuales es la adaptación gradual a las condiciones morales en deterioro, método desarrollado por el Standford Research Institute, parte de la red Tavistock de Londres en Estados Unidos.
 
Ahora bien, el senador Aníbal Fernández presentó un proyecto para despenalizar la tenencia de drogas para uso personal, que incluye (Página 12 – 30/3(12): “…Esto vale para todas las sustancias ilegales, ya que el fallo Arriola, emitido en agosto de 2009, se basa en el Art. 19 de la Constitución Nacional sobre la impunibilidad  de los actos privados que no afectan a terceros”. “Buscamos priorizar los derechos humanos de segunda generación: primero atender la salud de quien consume y después atacar al narcotráfico, explicó Fernández”, y “La actual legislación, evaluó el senador, formó parte del fracaso de la política criminal en materia de persecución, represión y sanción de los delitos vinculados con el tráfico ilegal de estupefacientes”.
 
No recuerdo al autor de “cuando alguien dijo algo antes y mejor que uno es mejor parafrasearlo que plagiarlo”. Pero, en fin, el Instituto Aspen, funcional a la usura internacional, entre cuyos miembros se encontraban entonces el citado Cyrus Vance, Robert Mc Namara, ex Secretario de Defensa de Estados Unidos y ex presidente del Banco Mundial, el ex ministro de Hacienda de Colombia, Rodrigo Botero, quien manifestara que “será difícil para cualquier gobierno suscribirse al enunciado que la soberanía nacional ha desaparecido”, y creó la “ventanilla siniestra” del Banco de la República de Colombia, dedicada al lavado de narcodólares, y Sir Henry Kissinger —recordamos, el coordinador del Memorando 200, donde se mencionaba a trece países “con interés especial para Estados Unidos, donde se requiere imponer una política de control o reducción de la población”—propuso en 1988 la legalización del narcotráfico en Iberoamérica para pagar a los bancos supuestamente acreedores sus fraudulentas y perversa deudas externas con los fondos así obtenidos, propuesta apoyada por el FMI y el Banco Mundial. Dicha propuesta incluía además la posibilidad de apoyar, de paso a David Rockefeller en sus dificultades con el Chase Manhattan Bank(también a otros banqueros), que por entonces no podía resolver  con los 500.000 millones de dólares, producto en ese momento del narcotráfico.
 
Volviendo al proyecto del senador Fernández, con respecto al cuidado de la salud de los consumidores, podría preguntarse que pasó con la Ley de Represión del Tráfico de Drogas No 20.771, sancionada por el Congreso Nacional el 26/9/74, promulgada por el Poder Ejecutivo el 30/10/74 y publicada en el Boletín Oficial el 9/10/74, la que proponía la internación de los consumidores de drogas en establecimientos sanitarios adecuados , de los cuales podían salir una vez que se hallasen rehabilitados. Así se cortaba, de paso, la cadena de distribución de drogas, base del narcotráfico (“Los Tratados de Paz por la Guerra de Malvinas” – Julio C. González).
  
Tal vez este plan defienda mejor el derecho básico de los consumidores a la salud y la vida, que darles rienda suelta para continuar el consumo, así como la compra. Permitir que se continúe el uso, por ejemplo de la “inocua” marihuana en forma crónica puede ocasionar en el adicto, alteraciones en los linfocitos T, importante eslabón de los procesos inmunitarios del organismo, así como del epitelio pulmonar y la mucosa gástrica, similares a los provocados por los cigarrillos comunes, atrofia gonadal y cerebral más severa que la del alcoholismo crónico.
  
Y en cuanto a que no existe peligro para terceras personas, no pueden negarse los accidentes y delitos  en los que intervienen personas con embotamiento de sus sentidos y deformación de sus percepciones, sin mencionar las molestias que tienen que soportar los vecinos de los consumidores de porros. Y tampoco los “caminos que trazan una cultura sin Dios, y sin sus mandamientos o incluso contra Dios, animados por los ídolos del poder, la riqueza y el placer efímero, la cual termina siendo una cultura contra el ser humano y contra el bien de los pueblos latinoamericanos” (“Aparecida. Documento Conclusivo”).
 
Bien, bwana no tiene motivos de queja. Las órdenes del Institute for the Future se fueron cumpliendo: registro de armas de fuego, cumplida; legalización de la homosexualidad, cumplida; legalización del aborto, cumplida; instrucción de planificación familiar en las escuelas, cumplida; despenalización de las drogas, a un paso (paciencia, bwana).
 
Sin embargo, siempre puede aparecer un aguafiestas que se pregunte, como el presidente de la Comisión Especial sobre Narcotráfico del Congreso de los Estados Unidos, Charles Rangel, quien ante la propuesta de legalización del Instituto Aspen de 1988, porque la guerra al narcotráfico no había funcionado:  “¿Cómo va a funcionar si ni siquiera ha comenzado?”.
  
Luis Antonio Leyro
Revista Cabildo

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