domingo, 22 de julio de 2012

¿IMPUESTO AL CO2 PARA CHILE?


La coordinación de Rockefeller en el anuncio de Sebastián Piñera

Luego de recibir la asesoría indirecta del banquero y rostro del monopolio petrolífero Rockefeller, el gobierno de Sebastián Piñera evaluará aplicar un impuesto a la emisión de CO2. La medida se sustenta en el manoseado fraude del calentamiento global antropogénico, impulsado por los grandes poderes económicos e influyentes políticos nacionales como Ricardo Lagos. A mediados de febrero, el infame Council of the Americas (Consejo de las Américas) de David Rockefeller publicó un informe de 22 páginas titulado “Hacia la seguridad energética de Chile”. El trabajo surgió de una asesoría iniciada en noviembre de 2011, cuando una delegación del think-tank se reunió con el ministro de Energía, Rodrigo Álvarez, para discutir los principales desafíos energéticos del país. El documento redactado por el Energy Action Group, urge la necesidad de expandir la matriz energética de Chile y usar Mercosur como un marco que permita crear un “mercado regional” con Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia y “quizá Perú” – en otras palabras, fomentar la integración continental. En sus líneas, el informe también sostiene que el país podría verse enfrentado a una “presión global” para reducir sus emisiones de CO2 hacia el año 2020. ¿Pero qué intereses se esconden detrás de estas recomendaciones? Según revela Eric Farnsworh ), “experto” del Council, el Enery Action Group fue originalmente formado con el objetivo de facilitar “la participación de Estados Unidos en asuntos energéticos del hemisferio”. El grupo ha sido encabezado por Luis Pinto, asesor de la petrolera Shell Oil Company. Pinto también ha trabajado con las compañías de Exxon Mobil, Chevron y British Petro-leum para aconsejar al gobierno estadounidense y promover la inversión privada extranjera en los países de Latino-América. No es sorpresa que la administración de Sebastián Piñera haya presentado su Estrategia Nacional de Energía sólo meses después de la asesoría del Council. Entre las más de 100 medidas que el plan aborda, se encuentra el evaluar aplicar un impuesto a las emisiones de CO2 – los llamados “impuestos verdes” mencionados en ocasiones pasadas por el presidente Piñera y el ministro de Hacienda, Felipe Larraín.La medida repercutiría inmediatamente sobre los bolsillos de los chilenos, ya que prácticamente toda actividad humana emite dióxido de carbono. Para el ingeniero forestal José Manuel Henríquez. lo que se pretende “es imponer un tributo absurdo e innecesario que sólo traerá pobreza y que terminaremos pagando en las cuentas de luz”. Estudios privados ya prevén que en Australia, donde el impuesto fue recientemente aprobado, los costos de energía suban en un 10%. Desde la década de 1970, los grandes poderes económicos han promovido la implantación de un impuesto al carbono para controlar el desarrollo industrial de los países del Tercer Mundo. La estrategia fue bosquejada por el Club de Roma, poderoso think-tank que reúne a prominentes figuras como el ex líder comunista Mijaíl Gorbachov, el ex presidente Ricardo Lagos y la Reina de Holanda. “En la búsqueda de un nuevo enemigo que nos una, se nos ocurrió la idea de que la contaminación, el calentamiento global, la escasez de agua, el hambre y similares harían un buen papel”, versa un informe del Club de Roma de 1991, titulado “La Primera Revolución Global”.                    
La pseudociencia del calentamiento global antropogénico, evidenciada como fraude luego de la filtración de más de mil correos electrónicos de la Universidad de East Anglia en 2009 (incidente de Climategate), ha sido utilizada para acelerar el control de la economía global. El discurso político también ha promovido la creación de un mercado de huellas de carbono, que sólo permitirá a las grandes corporaciones pagar sus cuotas de emisiones “contaminantes”. La llamada “bolsa de valores climática” ha sido impulsada por el ex petrolero Maurice Strong, hombre de los Rockefeller en las Naciones Unidas y organizador de la famosa Cumbre de la Tierra, celebrada en Rio de Janeiro en 1992. A esta campaña se suma el apoyo que han brindado los gigantes de Exxon y Shell a las políticas de regulación de CO2. El catastrofismo climático ha sido utilizado además para cimentar los objetivos de la globalización. En una columna de 2006, escrita por el globalista Richard Haass, éste manifiesta que la “soberanía de los estados debe ser alterada en una era globalizada” y que un sistema de gobierno mundial debe ser creado para combatir el calentamiento glo-bal y el terrorismo. Haass es presidente del Consejo de Relaciones Exteriores (Council on Foreign Relations). Similares fueron las palabras del ex mandatario Ricardo Lagos en una entrevista de 2007 con El Mercurio, afirmando que las medidas para paliar los efectos del calentamiento global significarán “un quiebre hacia una gobernanza mundial”. Tomemos en cuenta que Lagos es enviado especial de la ONU para el cambio climático, ha sido premia-do por David Rockefeller en el Council of the Américas y también es miembro activo de la organización hermana del Club de Roma, el Club de Madrid, junto al ex presidente Patricio Aylwin. Los “impuestos verdes” no sólo son una iniciativa de la actual administración de Piñera. En conversación con La Tercera, el ex ministro de Obras Públicas, Eduardo Bitrán, expresó que le parecía “sensato y eficiente que se plantee un impuesto al CO2” y que “debería aplicarse no sólo al sector eléctrico, sino a todas las emisiones de fuentes fijas”. En junio de 2011, activistas de Verdad Ahora confrontaron al entonces presidente del Senado, Guido Girardi, por su afirmación de que existe un consenso científico sobre las presuntas causas humanas del calentamiento global. Girardi expresó entonces que los científicos que se oponen a la versión convencional están “pagados por las petroleras” y que “no se ha impulsado una agenda política”. El reciente anuncio del gobierno demuestra la facilidad que poseen organismos internacionales como el Council of the Américas para incidir sobre la política y satisfacer a intereses que van más allá de nuestras fronteras.   
Matías Rojas (Fundación Argentina de Ecología Científica)

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