jueves, 13 de septiembre de 2012

EL “DIA DEL MONTONERO” O LAS MENTIRAS DE UNA FALSA ÉPICA



Por gentileza de nuestro amigo y camarada Rubén Angel Franco que nos acerca este excelente documento histórico que a continuación adjuntamos para el esclarecimiento y verdadera memoria de nuestra patria Argentina.

EL “DIA DEL MONTONERO” O LAS MENTIRAS DE UNA FALSA ÉPICA

¿SERÁ ESTO QUE SE FESTEJA EL DÍA DEL MONTONERO?
El origen de la conmemoración del día del montonero siempre fue difuso y misterioso. La realidad es que el grupito comprometido con el secuestro del general Pedro Eugenio Aramburu por expresas directivas del general Francisco Imaz, ministro del Interior  y el Servicio de Inteligencia del Ejército donde reportaban varios integrantes del grupo, habían cobrado por este “servicio”  -los proto montoneros-  cinco millones de pesos del total de veinte pactado con los integrantes del  gobierno del general Juan Carlos Onganía  y cuando quisieron reunirse con el resto del dinero ya les habían “soltado la mano”…
El gobierno de la “Revolución Argentina” estaba al tanto de la tarea golpista de Aramburu, quien ya tenía esa altura hasta un “Gabinete ministerial” armado y mantenía conversaciones con líderes de los partidos político proscriptos e inclusive con el general Perón exiliado en España. Obviamente los “lonardistas” civiles y militares que había sido excluidos de la Revolución Libertadora  por Aramburu y Rojas no lo iban a permitir de ninguna manera. Aparentemente luego de ser secuestrado  Aramburu sufrió un infarto o algo así y terminó muriendo en el Hospital Militar Central y allí que “necesitaron” nuevamente los servicios de los imberbes…
Luego, para los perejiles y la gilada inventaron un pasado épico y glorioso. Nada dijeron que el secuestro y muerte se lo cargaron al peronismo  –cosa esta que nadie creyó- pero les fue de utilidad en el futuro. A continuación los hechos reales y concretos  que originaron “El Día del Montonero”:
El 7 de setiembre de 1970 Fernando y su grupo tenían una cita muy importante en la pizzería "La Rueda", ubicada en la esquina de Potosí y Moctezuma de William Morris, un suburbio del oeste del Gran Buenos Aires, con  calles de tierra, mal iluminadas y casitas bajas. A una cuadra de la  pizzería está la estación del tren y a diez la Comisaría 4a  de Hurlingham, que depende de la Regional Morán. Allí Fernando, como jefe del grupo, tenía que encontrarse con El Pagador, quien le daría el saldo del dinero que habían acordado por el "trabajo" con Aramburu: 15 millones de pesos que, sumados a los cinco millones del anticipo, redondeaban los 20 millones pactados. Con el adelanto habían comprado un Renault 4L, a nombre de Norma Arrostito, muchas armas, ropa, combustible, municiones, explosivos, pasajes, falsificaciones y también habían solventado el alquiler de cinco casas, los honorarios de los abogados, amén de una suma para compañeros de Córdoba y Santa Fe. Los 15 millones que  iban a recibir les servirían para conformar una estructura logística, principalmente pasaportes y dinero para salir del país. La persecución era constante y los contactos habían comenzado a desaparecer.
La cita era a las veinte. Ramus y Luis Enrique Rodeiro fueron con Fernando en un Peugeot 404, Sabino Navarro iba en un Fiat 1500; Mario Eduardo Firmenich, en una pick-up y Norma Arrostito con Norberto Rodolfo Crocco, en un Dodge. Fernando tenía ciertas dudas con respecto a esa cita, dudas de las que, como muchas otras veces había ocurrido, lo sacó Norma, con su empuje avasallador. Llegaron con diez minutos de anticipación, tras haber recorrido las inmediaciones y verificar que "La Rueda" era el único sitio público de la zona. Tenían, entonces, que extremar las precauciones.
Sólo Abal Medina, Navarro y Rodeiro entraron en la pizzería. Los tres estaban muy bien vestidos: Abal Medina, con un impecable traje gris, camisa celeste, corbata azul con vivos rojos y zapatos negros; Navarro, con traje azul oscuro, camisa blanca y corbata; Rodeiro, traje y corbata azules. Abal Medina llevaba dos pistolas de 9 mm a cada lado de la cintura; Navarro también estaba armado, no así Rodeiro.
Ninguno de los parroquianos (dos mujeres y cinco o seis hombres) advirtió que entraban, absortos como estaban en la pantalla del televisor, mirando "Nuevediario Extra". Como todos los lunes, el noticiero daba la síntesis de los hechos deportivos del domingo: Alberto Demiddi era el nuevo campeón mundial de remo; Juan Carlos Corradi se había consagrado campeón peso pluma tras derrotar a Carlos Cañete; se había matado el corredor de Fórmula 1 Jochen Rindt.
Rodeiro era un estudiante de 27 años, que pertenecía a la agrupación Cristo Obrero, de Córdoba. Su nombre de guerra era "Tomás". Como no era conocido en Buenos Aires, pensaron que era conveniente que estuviera presente en la cita, porque si surgía algún problema podía irse con el dinero sin que lo siguieran; además serviría como correo con los compañeros de otras provincias, "Tomás" había esperado que lo pasaran a buscar por la estación de Hurlingham, con una revista en la mano para que lo identificaran. Abal Medina, Rodeiro y Navarro entraron separados, pero se sentaron juntos en el fondo, en dos mesas unidas. Navarro de frente a la puerta de entrada; Abal Medina, de perfil; y Rodeiro, de frente a una gran ventana sin cortinas que daba a la calle Potosí Los dos mozos del local estaban ocupados con otros clientes, y el mismo dueño se acercó con la bandeja para atenderlos.
—  ¿Qué se van a servir?
—  Tres cafés.
Eran las 20.10. Un poco ansiosos, miraban por la ventana. Ramus, también impecable, con traje gris, corbata marrón y camisa blanca, se mueve nerviosamente en el asiento del Peugeot. Bajo el chaleco tenía la canana con municiones. Apoyada en las piernas, la ametralladora, y a su derecha, al alcance de la mano, una valija negra para guardar el dinero. Miró preocupado el reloj y les hizo una seña a los compañeros de los otros vehículos. Se colocó un revólver en la cintura y bajó del auto, dejando  la puerta semiabierta. Lentamente y tratando de no llamar la atención, ingresó en la pizzería. Se acercó a la mesa del fondo y apoyando los brazos en el respaldo de una silla preguntó en un murmullo:
—  Son las ocho y veinte, ¿qué hacemos?
—  Hay que esperar, no tenemos otra alternativa —le contestó Abal Medina.
Ese lunes transcurre sin sobresaltos en la Comisaría 4a de William Morris, ubicada en Victoria 1231. Hasta las veinte, el parte sólo registraba los asuntos habituales: denuncia de una esposa lesionada, un chico perdido. Los agentes estaban recolectando dinero para ir a comprar pizza cuando suena el teléfono. Atiende el cabo.
—  ¿Cómo? ¿Qué dice, señor? —El cabo llama al oficial principal Armando Hass, que de mala gana se acerca y toma el tubo. Allí escucha la información:
—  En el bar "La Rueda" acabo de ver a tres integrantes de un grupo extremista que llegaron en tres vehículos en los que hay bombas y otros materiales explosivos.
—  ¿Y usted cómo lo sabe?
Pero el desconocido corta la comunicación. Hass se queda pensando. Al principio cree que es una broma, pero después, a medida que el hombre habla, advierte que hay seguridad en su voz, y que el timbre es el de una persona mayor. Aseguraba que había visto a los extremistas. ¿Cómo sabía que lo eran? ¿Los conocía? ¿Por qué no había querido identificarse? En el barrio todos los vecinos conocían a los policías, y siempre que llamaban decían su nombre... Hass le dice al comisario que tienen que hacer un procedimiento con la brigada. El comisario, sin mayor interés, lo autoriza, pero su rostro dice, sin palabras, "La gente está loca, ve extremistas por todas partes". Antes de partir en un desvencijado patrullero, el comisario inspector Juan Carlos Mignasco pone en conocimiento de lo que estaban por hacer al subjefe de la policía de la provincia de Buenos Aires, coronel Pedro Osvaldo Quiroga. (6) La brigada la formaban cuatro hombres, ya que eran sólo tres los sospechosos, según la denuncia. Fueron Roque Hernández, cabo primero y ametralladorista; Mario Bravo, cabo y chofer, con una pistola "cuarenta y cinco"; Rodolfo Carusso, cabo, con otra "cuarenta y cinco" y el oficial Armando Hass, con una Itaka.
Recorrieron despreocupados las diez cuadras que los separaban de la pizzería "La Rueda". Detuvieron el patrullero en  la esquina y Hass les ordenó a Carusso y a Hernández que bajaran. Estos cumplieron la orden y se dirigieron hacia la puerta. El chofer corrió el auto más hacia la esquina, quedando perpendicular a la puerta y entre dos árboles podados al ras, cuyos troncos estaban pintados de blanco.
—  Buenas, Sabadinno —saluda Carusso al dueño de la pizzería- (7), ¿vos llamaste a la comisaría?
—  Yo no. Además, con qué, si no tengo teléfono. ¿Por?
—  No, porque nos llamaron y dijeron que había unos tipos raros, no sé.
—  Mirá, Carusso, los únicos nuevos son aquéllos —y Sabadinno señala a los elegantes muchachos que están cerca del ventanal. Carusso duda. Le hace un gesto a Hernández y vuelven al patrullero, para comunicar la novedad a Hass. Este le ordena que les pida los documentos con cuidado. Carusso regresa al interior de "La Rueda" y Hernández se queda en la pueda. Pasa cerca de la caja hacia la mesa del fondo, pero no llega...
Abal Medina ya tiene el dedo en el gatillo. Nerviosamente se pone de pie y disparan. La ametralladora accionada por Sabino Navarro termina de voltear al policía. Hernández intenta disparar, pero se lo impide una ráfaga de la ametralladora de Ramus. Herido por cuatro balazos, cae al suelo en la vereda, delante de la puerta.
En el interior hay un caos  de gritos y corridas. Todos, el dueño, los mozos, los parroquianos y también Rodeiro, tratan de protegerse del tiroteo detrás del mostrador. El chofer del patrullero y el oficial disparan desde el automóvil, tratando de evitar la ametralladora de Ramus, que salvajemente escupe plomo sobre todo lo que se mueve. En la pizzería estallan platos, tazas, vasos y los vidrios de puertas y ventanas.
Sabino Navarro ha quedado cerca de la puerta del baño, se da cuenta de que están entrampados y decide escapar, para no quedar encerrado en el fondo del local. Le grita a Abal Medina, pero éste no lo oye y sigue disparando con la intención de ganar la puerta.
Sabino cierra los ojos y se tira por el ventanal, rompiendo los vidrios con la cabeza. El impacto es tremendo. Herido por los vidrios, logra escapar, rengueando.
Fernando logró acercarse bastante a la puerta. Recarga el arma y amaga salir, cuando el policía Hernández, herido en el suelo, hace un movimiento. Abal Medina intenta rematarlo, pero un balazo certero del agente Mario Bravo entra por su oído derecho, haciéndolo girar y caer de espaldas. Lo acompaña una lluvia de balas...
Es el final. Su última bala cae sobre la gorra que Hass, como treta, había arrojado detrás del coche, sobre un montículo de tierra.
Ramus, cerca de la camioneta, recarga su arma y trata de sacar la granada» del Peugeot. Lo logra y está por arrojarla cuando el itakazo de Hass le da de lleno en el pecho y en la mano. La granada estalla y Ramus cae, dando alaridos de dolor, frente al local de una carnicería. (11)
El tiroteo había durado veinte minutos. Hass ingresó en la pizzería y detuvo a Luis Enrique Rodeiro, quien no ofreció resistencia. Ordenó el traslado de sus hombres heridos y la revisación minuciosa de los muertos, sus armas y vehículos. Llegaron refuerzos policiales que se encargaron de introducir a Rodeiro en un coche y de llevarlo a la comisaría. Rodeiro comprendió que El Pagador los había entregado. Mario Firmenich huyó con la pick-up; (12) Norma Arrostito abandonó el Dodge verde (13) y tomó el tren en la estación. Norberto Rodolfo Crocco ayudó a Sabino Navarro y lo recogió en el Fiat 1500.
El subjefe de la policía de la provincia de Buenos Aires, Pedro Quiroga, resaltó la actuación de sus hombres. El comisario Juan Carlos Mignasco dio el siguiente Informe policial (14).

INFORME POLICIAL
"El dictamen médico sobre los policías es el siguiente: Roque Hernández recibió 14 balazos; Rodolfo Carusso, 4; Mario Bravo, 1 y el policía de civil Clemente Ríos, que pasaba accidentalmente por allí, sólo heridas leves.
"Los policías Carusso, Hass, Hernández y Bravo fueron ascendidos en mérito a su brillante
actuación.
"Las armas capturadas fueron las siguientes: 2 pistolas ametralladoras Uzi, 1 pistola 45 y
otra 9 mm.
"Se detuvo a uno de los integrantes  de la organización, Luis Enrique Rodeiro, quien no estaba armado y llevaba documentos falsos a nombre de Ricardo Oroná  (15). Su hermano,
el abogado José Rodeiro, presentó un recurso de hábeas corpus que fue desestimado, ya
que se confirmó su detención por esta policía.
"Rodeiro confesó que recibía entrenamiento desde hacía 2 años en Córdoba, desde la cual
había llegado esta tarde. Sus instrucciones indicaban que debía estar bajo un farol en la estación Hurlingham del ferrocarril San Martín, a las 19.30 horas con un diario abierto en la sección Deportes. De esta manera sería reconocido por sus propios compañeros a quienes no conocía hasta ese momento."  
El Comunicado de Montoneros (16)
"8 de septiembre de 1970. La muerte de Abal Medina y Ramus, se debe pura y exclusivamente a un error propio, al no haber establecido un adecuado control sobre el lugar en el cual se habían reunido con los compañeros.
"El día del tiroteo, a 'La Rueda' de William Morris fueron por razones de funcionamiento y no previas a una operación.
"Fueron 5 los compañeros que se encontraban en el bar de William Morris cuando se cumplió  el procedimiento policial; además de los muertos consignamos el nombre del detenido Luis Rodeiro e indicamos que fueron 2 los que lograron fugar.
"Montoneros comunica que ante eventuales enfrentamientos con la policía, advertimos
que no vacilaremos en tirar a matar."
 UN TESTIMONIO (17)

"Como yo vivía en la zona, me hablaron para que defendiera a los policías que mataron a
Abal Medina y a Ramus. Ellos fueron los que relataron que si Abal Medina no se hubiera
puesto nervioso, no hubiera pasado nada dentro del bar.
"Cuando empezó el tiroteo hubieran podido escapar si Abal Medina no intenta rematar al policía caído, allí fue cuando lo mataron. Además les tocaron policías aguerridos que les hicieron frente, otros quizás no hubieran sostenido tanto tiempo el tiroteo, no lo hubieran
aguantado.
"Por la investigación se comprobó que la Arrostito terminó escapando en tren, ya que la estación estaba a una cuadra y media."  

NOTAS
(6) "El día 7 de septiembre de 1970 fue para nosotros un día clave. Un llamado anónimo
detectó gente sospechosa en una pizzería conocida.
"— ¿Verdaderamente fue un llamado anónimo?
"Mignasco: — Si, fue anónimo, no sabemos quién lo hizo. Tenían necesidad de esperar allí.
"— ¿Existió la presunción de que el grupo se proponía asaltar la planta de Radio Belgrano,
de ITT, y la dependencia policial?
"Quiroga: No existió nunca tal presunción" (Testimonios del coronel Pedro Quiroga,
subjefe de la policía de la provincia de Buenos Aires, y del comisario Juan Carlos Mignasco,
Clarín, La Nación y La Prensa, 9/9/1970).
(7) José Gerardo Sabadinno, titular de "La Rueda" (La Prensa y La Nación, 9/9/1970).
(8) "El que comenzó a disparar fue el más alto y delgado. Se puso de pie y tiró" (Testimonio
de José Gerardo Sabadinno, Causa 145/75 cit.).
(9) "El que escapó rengueando era un hombre morocho, alto, de 1.80 m de estatura. Saltó
a través de una vidriera del local, destrozándola" (Testimonio del coronel Pedro Quiroga,
Clarín y La Nación, 9/9/1970). Tomó intervención en el caso el subcomisario Osvaldo
Sandoval, de Coordinación Federal.
El 15 de noviembre de 1970 Sandoval debla declarar en la audiencia oral y pública. Dos
días antes, el 13 de noviembre, se tenía que encontrar con su ayudante, con quien se
había citado en Triunvirato y Olazábal para cargar nafta. Allí lo mató por la espalda un comando del Servicio de Inteligencia del Ejército. La policía, para proteger al ayudante, lo
hizo revistar en la Sección Tránsito, sin salir a la calle.
(10) La granada era de fabricación casera (Informe policial, Causa 145/75).
(11) El informe posterior de los Montoneros señala que Ramus murió dentro Peugeot, pero
eso es inexacto, como lo prueban el testimonio de los policías intervinientes y de los
testigos, y la foto publicada en Crónica el 8 de setiembre de 1970. En esa foto, reproducida
por las revistas La Causa Peronista y Militancia en setiembre de 1973, se ve a Ramus en la
calle, boca arriba al lado de la puerta del vehículo.
(12) La pick-up fue abandonada en Haedo.
(13) El Dodge verde fue abandonado en Hurlingham (Abogado Enrique Escalante Echagüe,
Comunicación personal, setiembre de 1986).
(14) Clarín y La Nación, 9 y 10/9/1970.
(15)  El 25 de mayo de 1973 Luis Enrique Rodeiro fue indultado de acuerdo con la ley promulgada por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Oscar Bidegain. Su causa
estaba caratulada "Falsificación de documentos" por el Juzgado Penal del juez Correa, de
Mercedes (La Nación, 26 de mayo de 1973).
(16) Clarín, 11/7/1970, pág. 27.
(17)  Comunicación personal, 26 de setiembre de 1986. Se trata del abogado Enrique
Escalante Echague, actual defensor del ex gobernador Ricardo Obregón Cano, defendió en
julio de 1970 a Ana María Portnoy, Rubén Portnoy, hermano de ésta, y a Liliana Pelman,
concubina del anterior. A partir del 10 de setiembre de 1970 defendió a los policías
Armando Hass, Rodolfo Carusso y Roque Hernández.

El texto precedente corresponde al libro del periodista Eugenio Benjamín Méndez  “ARAMBURU:  el crimen imperfecto” Sudamericana – Planeta. Buenos Aires 1987.
Hasta ahora no ha podido ser desmentido por los ex miembros de la “Orga” que enfrentó al gobierno peronista del General Perón y el de su esposa María Estela Martínez Cartas y que contribuyeron en forma clara y palmaria al golpe del 24 de marzo de 1976.

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