viernes, 26 de octubre de 2012

LA FRAGATA QUE PERDIÓ HASTA SU NOMBRE: “LIBERTAD”


CANCILLERÍA DEL FPV (FRENTE PARA LA VERGÜENZA)

"CUANDO EL PELIGRO LLEGA Y NO ANTES, DIOS ES ACLAMADO Y EL SOLDADO ES VENERADO, CUANDO EL PELIGRO HA PASADO, DIOS ES OLVIDADO Y EL SOLDADO DESPRECIADO"

Esconderlos como en Malvinas o hacerlos desfilar por la “obediencia debida” de abandonar la Fragata Libertad. Los cadetes navales, técnicamente, oficiales en comisión, no quieren abandonar la Fragata Libertad. La situación es delicada, grave, complicada. Hay una orden Presidencial y, en paralelo, la exigencia de dejar de lado todas las tradiciones que durante años se inculcaron en esos Cadetes-Oficiales. La situación para ellos no será fácil, aun cuando eventualmente cuenten con algún discurso moral y éticamente tranquilizador del Comandante de la Fragata. Sabrán, de una u otra manera, que destrozaron, más allá del resultado final, la tradición del prócer de la Armada Argentina, el Almirante Guillermo Brown, en la frase que encabeza la tradición… “es preferible irse a pique que rendir el pabellón”. Los Cadetes-Oficiales, obviamente los suboficiales y marineros también, saben muy bien que no están en una situación de guerra o propia de la piratería convencional y real que suelen surcar aguas próximas. Conocen muy bien el tema de los fondos buitres, la obvia colusión del Juez y la participación ya innegable del Poder Ejecutivo de Ghana. Pero esto no cambia la cuestión de fondo. Abandonar el barco y dejar a su Comandante y un número que no es claro de compañeros (se habla de 5 o de 30) es una orden muy difícil de cumplir sin que esto marque toda su vida profesional y personal. Les han dicho hasta el cansancio que todas las órdenes tienen un límite y que no sirve acogerse al antiguo principio de “Obediencia debida” si los que se les ordena va contra el honor, la tradición y sus obligaciones como oficiales de la Armada. Pero la orden llegó. Abandonar y evacuar el barco. Y la orden llegó de la propia boca de la Presidente de la República, invocada por el Canciller Jacobo Timerman. Incumplir una orden Presidencial, o sea de su Comandante en Jefe, es inconcebible. Pero cumplirla, supone también borrar con el codo lo que les transmitieron durante toda su etapa formativa. Así, estos Cadetes – Oficiales, navegarán desde su primera experiencia real de convivencia con el Poder, en la obligación de tomar una determinación que condicionará su vida profesional y su espíritu.
Si deciden quedarse en la Fragata y no abandonar el buque pueden encontrarse todos en “disponibilidad” primero y baja después. Toda una Promoción completa. Si cumplen, la orden Presidencial, como legalmente deberían, por cierto, hacerlo, navegarán viejos mares morales sobre el alcance de la “obediencia debida”. Restará ver y observar si después del cumplimiento de la Orden Presidencial, el Comandante de la Fragata Libertad y el nuevo Jefe de Estado Mayor, liberan en algo la pesada carga de ordenarles a sus subalternos abandonar el barco, presentando sus retiros, luego de haber aceptado las presidenciales órdenes. Quedará luego el regreso. Regreso que seguramente estará repleto de directivas y órdenes de silencio. Recibirlos con alguna forma de fanfarria sería un error, no hay mérito por abandonar el buque, tampoco demerito, no hay culpa por abandonarlo por órdenes Presidenciales. Recibirlos y mandarlos de vuelta a la Escuela Naval, también lo sería. Sus familias, serían quizás el lugar donde estos oficiales deberán encontrar la paz que las inconsistencias y los mensajes cruzados de la política no les dejaron alcanzar. La Fragata Libertad, señora Presidente, no es un Avión de Aerolíneas o una propiedad cualquiera en el exterior. Es parte de la historia y la tradición de la República Argentina toda. Los Cadetes – Oficiales que la tripulan no tienen nada que ver, ni por edad ni por historia, con la década del 70 como para someterlos a la ignominia personal y profesional de ir contra todas las tradiciones que configuran el sentir de una Fuerza Armada que debe proteger el patrimonio nacional todo, obligándolos a cumplir una orden de abandonar el barco aunque se quiera utilizar la eufemística expresión de “evacuación”. Se imagina usted siquiera por un momento cual será el nivel de burla hacia el interior de todas la Marinas del mundo cuando observen que la tripulación argentina fue evacuada por su Presidenta, por el reclamo de un fondo buitre, un juez corrupto y una Nación irrelevante, por más respetable que sea.
                                                                                        
Fuente: Lic. Rodolfo Patricio Florido

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