viernes, 7 de junio de 2013

MANUAL BÁSICO DE PERIODISMO INDEPENDIENTE


El periodismo es a la vez una profesión y un arte, pues los periodistas aplican habilidades especializadas y se someten a normas en común. Así pues, ¿qué hace del periodismo algo distinto de otras ocupaciones, como la medicina o el derecho, que pueden ser descritas en los mismos términos? “El propósito esencial del periodismo es dar a los ciudadanos la información precisa y fidedigna que necesitan para desenvolverse en una sociedad libre” Este manual es una breve introducción a los fundamentos del periodismo y al ejercicio periodístico en los sistemas democráticos: un periodismo que trata de basarse en hechos y no en opiniones. Las opiniones tienen su lugar, pero en los periódicos mejor dirigidos sólo son presentadas en las páginas editoriales y en las columnas op-ed (opuestas a la página editorial) para escritores invitados.

El periodista no es una simple correa de transmisión de sus propias opiniones o de la información que otros le proporcionan; realiza reportajes originales, no confunde los hechos con las opiniones o los rumores y sus decisiones editoriales son acertadas. Una de las principales responsabilidades del periodismo, dice Bill Keller, director ejecutivo de  New York Times, es “aplicar el buen juicio a la información”. A diferencia de otros proveedores de información, el periodista debe ser leal ante todo con el público. Como lo declara en su código de ética la Montreal Gazette de Canadá, “el mayor valor de un periódico es su integridad. El respeto por esa integridad se adquiere con mucho trabajo y se pierde con facilidad”. Para mantener la integridad, los periodistas se esfuerzan por evitar los conflictos de interés, reales o aparentes. A diferencia de un propagandista o un divulgador de chismes, el periodista selecciona sus noticias entre la información disponible y determina en qué medida son valiosas y fiables, antes de darlas a conocer al público. Las historias de noticias, ya sean duras o blandas, deben ser precisas. El periodista no sólo tiene que recopilar la información que necesita para narrar la historia, sino también verificar esa información antes de usarla. Confía lo más posible en sus observaciones de primera mano y consulta muchas fuentes para cerciorarse de que la información recabada sea digna de confianza. Sólo en raras ocasiones identifica sus fuentes de información para que la audiencia pueda evaluar su credibilidad. Pero el periodismo es algo más que la simple publicación de información a partir de los hechos. También la propaganda se puede basar en hechos, pero éstos son presentados en forma calculada para influir en la opinión de la gente. El periodista se esfuerza por ser imparcial y presentar el cuadro completo. Pugna por relatar una historia precisa y auténtica que refleje la realidad, no su propia percepción o la de alguna otra persona. Buscan opiniones contrastantes e informan acerca de ellas sin favorecer a ninguna de las partes. Además de verificar las declaraciones. En todo el mundo, los periodistas tienen ciertas características en común. Son curiosos y persistentes, desean saber por qué pasan las cosas y no aceptan un “no” como respuesta. No se dejan intimidar por los poderosos y se esfuerzan al máximo por hacer bien su trabajo. Kevin Marsh, editor de Radio 4 en la British Broadcasting Company (BBC), dice que un buen periodista tiene “habilidad para captar las grandes verdades, pero es lo bastante humilde para descartarlas si los hechos no las confirman”. La radio, una de las fuentes de noticias que más se usan en el mundo, tiene la ventaja de ser rápida y accesible. La radio difunde noticias muchas veces al día, por lo cual las actualiza con frecuencia. Sin embargo, la mayoría de las radiodifusoras dedican poco tiempo a cada noticiario y éste tiende a ser un breve resumen que sólo incluye las noticias más importantes, sin la profundidad ni la amplitud que un periódico puede ofrecer. La primera obligación del periodismo es decir la verdad.  Su primera lealtad es para con los ciudadanos. Su esencia es una disciplina de verificación. Quienes lo practican deben mantener su independencia con respecto a las personas sobre las cuales escriben. El periodista debe ser independiente como observador del poder. El periodismo debe ofrecer un foro para la crítica y la participación del público. Se debe esforzar por hacer que lo significativo resulte interesante y relevante. Se debe permitir que quienes lo practican apliquen su conciencia personal. Estos son los valores que distinguen al periodismo de todas las demás formas de comunicación. Los periodistas se enfrentan casi todos los días a presiones que los inducen a comprometer esas normas. Pero tenerlas siempre presentes es la mejor forma de garantizar que el periodismo cumpla con su función primordial de proveer a los ciudadanos la información que necesitan para tomar las decisiones que afectan su vida. La credibilidad es el activo más importante de un periodista y la precisión es la mejor forma de protegerla. Los reporteros que toman notas de buena calidad, consultan éstas a menudo y buscan fuentes de información primarias siempre que es posible, tienen más probabilidades de cumplir con las tres reglas del periodismo que el editor estadounidense Joseph Pulitzer postuló: “Exactitud, exactitud y exactitud”. Los periodistas se deben abstener también de usar eufemismos, así como las palabras o frases que puedan confundir o desorientar a la audiencia. Un principio clave para la redacción de noticias consiste en mostrar a la audiencia lo que pasó, en lugar de relatar simplemente los hechos. La precisión es de vital importancia en la redacción de noticias. Una historia precisa respeta los fundamentos de la gramática, la ortografía y la puntuación, lo mismo que fechas, direcciones, números y todos los demás detalles que forman la noticia. Anotar mal el nombre o la edad de una persona es el tipo de error que menoscaba la credibilidad del periodista. Una historia precisa relata el panorama completo, no sólo uno u otro lado de la cuestión. Eso no quiere decir que en un solo texto haya que incluir todos los pormenores de un tema, sino que el reportero nunca debe omitir información clave cuya ausencia pueda deformar el significado de la historia. 

Los Editores

Los editores prestan también atención a cuestiones de buen gusto y lenguaje, las cuales dependen de la cultura local. Tanto los editores como los reporteros deben leer los textos en voz alta, para detectar si hay frases demasiado largas, redundancias, expresiones torpes y casos de doble sentido. En muchas salas de redacción, el editor tiene autoridad para cambiar  el texto del reportero y corregir errores básicos de esa índole sin consultarlo con él. Si una historia es deficiente, el editor o productor debe ser capaz de trabajar con el reportero para mejorar el producto final. Ahí es donde entran en juego sus habilidades de líder, pues aplica un procedimiento que se conoce de ordinario como “orientación del asesor” (coaching). 

“Sigue los pasos del dinero” 

Es un buen consejo para todos los periodistas, en particular para los que cubren los rubros del gobierno y la política. Las historias sobre la financiación del gobierno pueden parecer áridas, pero los impuestos y los egresos afectan directamente a la audiencia y la gente necesita saber adónde va su dinero. En general, los documentos son la sangre vital del gobierno, por lo cual el reportero debe ser capaz de acceder a ellos y entenderlos. El reportero político tiene una misión fundamental: dar a los ciudadanos la información que necesitan para elegir en forma razonada entre los candidatos a cargos públicos. Para eso el periodista tiene que examinar los antecedentes y los méritos de los candidatos, sus posiciones en los asuntos clave y lo que cada uno declara en sus presentaciones y anuncios de campaña. El reportero que cubre la política examina también a los partidarios de los candidatos, pues los intereses de éstos arrojan a menudo mucha luz sobre lo que cada político hará en caso de ser elegido. En cuanto a los temas de las campañas, el periodista no sólo debe prestar atención a las palabras de los candidatos, sino también a lo que los votantes desean saber. A veces los candidatos pueden tratar de eludir ciertos asuntos controvertidos que son de importancia crucial para los votantes. En ese caso, el periodista debe plantear las preguntas que el público desea hacer. Un buen reportero de política no sólo señala la posición de los candidatos ante los distintos temas, sino investiga también qué ha hecho cada uno en torno a esas cuestiones en cargos públicos anteriores o en otros puestos que haya podido desempeñar. 

Asuntos jurídicos

El reportero de asuntos jurídicos debe entender el proceso judicial de principio a fin. Los reporteros con experiencia dicen que la mejor manera de aprender el proceso es pasar algún tiempo en tribunales. Comience con los secretarios, que son quienes están a cargo de la lista de litigios (el orden del día) y del calendario. Averigüe cómo obtener copias del sumario judicial, los archivos y testimonios. Lea los expedientes –incluso las mociones y los alegatos previos al juicio– y manténgase al tanto de lo que se dice acerca del caso si no puede ir al tribunal todos los días, lo cual ocurre a menudo.
La responsabilidad fundamental de los periodistas en una sociedad libre es informar, comunicar las noticias con precisión e imparcialidad, es decir, ejercer el periodismo ético. Así como la ley señala lo que se puede y no se puede hacer en una situación dada, la ética nos dice lo que debemos hacer. Se basa en valores personales, profesionales, sociales y morales, y es fruto del razonamiento. Para tomar decisiones en forma ética, lo único que se requiere es aplicar esos valores en el trabajo diario. La Declaración de Chapultepec, aprobada por los países de América en 1994 para contrarrestar las presiones que se oponen a la libertad de expresión en todo el hemisferio, aclara que el periodismo ético es esencial para el éxito a largo plazo de los medios de noticias: La credibilidad de la prensa está ligada a su compromiso con la verdad, con la búsqueda de precisión, imparcialidad y objetividad, y con una clara distinción entre noticias y publicidad. En ciertas ocasiones falta ética en el periodismo. A veces el reportero inventa la información y el editor acepta pagos de sus informantes. Las organizaciones de noticias han publicado anuncios disfrazados de noticias. Cuando esto ocurre, el público tiene derecho de cuestionar todo lo que se presenta en los medios de noticias. Todos los periodistas y todas las organizaciones de noticias sufren menoscabo cuando un colega no se ajusta a la ética, porque tal comportamiento pone en entredicho la credibilidad de la profesión. Y cuando la credibilidad decae, lo mismo ocurre con la capacidad de las organizaciones de noticias para sobrevivir en el aspecto económico. 

Principios de ética

Hay una regla sagrada en el periodismo”, dijo el finado reportero y novelista ganador de premios John Hersey, quien cubrió la secuela del ataque a Hiroshima con la bomba atómica. “El escritor nunca debe inventar. El lema de su trabajo debe ser: NADA DE ESTO FUE INVENTADO”. Los periodistas éticos no ponen sus palabras en labios de otras personas ni simulan haber estado presentes si no lo estaban. Además, no presentan el trabajo de otros como si fuera suyo. Las falacias y los plagios son violaciones de las normas periodísticas básicas en todo el mundo. Sin embargo no todas las transgresiones son tan evidentes. El periodista se enfrenta a dilemas éticos todos los días bajo la presión de los dueños de la empresa, los competidores, los anunciantes y el público. Necesita contar con un proceso para resolver esos predicamentos de modo que su trabajo periodístico sea ético.
En definitiva: el verdadero periodista independiente DEBE: buscar la verdad e informar sobre ella. Ser sincero, imparcial y valiente para recopilar, transmitir e interpretar la información. Tratar a sus informantes, a las personas de quienes escribe y a sus colegas como seres humanos que merecen respeto. Actuar con independencia. Ser responsable. En muchos casos, tomar una decisión ética no significa elegir entre lo correcto y lo incorrecto, sino entre lo correcto y lo correcto. Para no dar ni la más ligera impresión de un conflicto de intereses, a los reporteros se les puede prohibir que adquieran acciones de las compañías sobre las cuales escriben o que tengan intereses personales en ellas. A los periodistas no se les puede permitir que asuman una posición pública en asuntos de política ni que apoyen abiertamente a un candidato a cargos públicos. La organización de noticias puede prohibir que sus periodistas tengan una relación comercial con cualquier fuente de noticias o que realicen trabajos externos  remunerados, a menos que lo hagan con aprobación de sus directivos. Una de las cuestiones legales más comunes que los periodistas enfrentan es el tema de la calumnia o la difamación. La difamación se define como una declaración de hechos sustancialmente falsa que tiende a dañar la reputación de una persona cuya identidad se señala. La difamación recibe el nombre de “libelo” cuando la declaración se publica en los medios y se llama “calumnia” cuando es transmitida por los medios electrónicos, pero los parámetros básicos son los mismos. En términos generales, si una declaración es verdadera no puede ser difamatoria. Por lo tanto, el periodista debe confirmar en forma independiente los comentarios de sus informantes que puedan ser difamatorios para alguna persona.  

Corrección y rectificación de errores

El periodista tiene que considerar como una de sus principales obligaciones el deber de rectificar prontamente y de forma libre y espontánea cualquier información errónea o inexacta, así como el conceder el derecho de réplica, rectificación o respuesta a toda persona que lo solicite. Éste es uno de los DEBERES primarios del periodista. En conexión con esta obligación del periodista está el derecho de réplica, respuesta o rectificación, derecho que pertenece al público, al lector en este caso, y que por este motivo insertamos en este lugar y NO en el de los derechos del periodista. Para él no se trata de un derecho, sino más bien de un deber u obligación que comparte con su empresa informativa. El lesionado tiene derecho a que se informe bien de él y a corregir los perjuicios que le haya ocasionado una deficiente información. El público tiene derecho. El mismo informador --cuya información deficiente, inexacta o incompleta no siempre obedece a un animus de mentir o de perjudicar- tiene derecho a que se le corrija, además del de que se le ayude a cumplir el deber de corregirse y el de corregir la información deficiente. El derecho de réplica o respuesta se entiende como el derecho a rebatir en el mismo medio de difusión las informaciones que afectan al titular que insta la réplica. Desde la deontología periodística se ve la corrección de errores como un deber del periodista y de su medio informativo a rectificar de forma espontánea y lo más inmediatamente posible las inexactitudes, mentiras, falsedades, equivocaciones, medias verdades, incorrecciones, errores, etc. 

Calumnias

El periodista debe evitar en sus escritos, o comentarios radiotelevisados, la calumnia, la acusación infundada, la difamación, las faltas contra el honor, las injurias y todo aquello que pudiera resultar ofensivo y lesivo para las personas. La falta causa un daño moral que es imposible devolver a quien se le haya quitado. En suma, se entiende por integridad profesional del periodista: no ofrecer ni recibir dinero, ni beneficio alguno, ni nada en lo que los intereses personales del periodista se vean implicados, a cambio de publicar u omitir reportajes o informaciones. En una sola palabra, se entiende por integridad del periodista el no al soborno, bajo cualquiera de sus formas. Todo esto en orden a salvaguardar la libertad e independencia del periodista.

Publicidad e independencia periodística

Si no olvidamos las nuevas tecnologías en la información, y no podemos hacerlo, tendremos que mencionar la inmoralidad de la utilización por parte del periodista de la publicidad subliminal, aquella que se emite teniendo en cuenta el umbral o límite de lo consciente y emitir una publicidad por debajo de esa línea que sea captada de forma inconsciente sin que de ella se aperciba el consciente. Esto es advertido ya en el Código de Missouri, que data de principios de siglo: "La publicidad disfrazada como noticia o editorial no debería ser aceptada. Publicidad política especialmente debería notarse que es publicidad". Crea un obstáculo para la información libre el hecho de que un periodista, cualquiera que él sea, se vea obligado a obtener pauta publicitaria. En un correcto orden de cosas, el periodista trabaja en una empresa, o para una empresa que le paga por sus trabajos. Esas empresas son las que hacen el trabajo de obtener pautas y de pagar a sus periodistas, o los trabajos que les ofrecen los independientes. Un periodista, en efecto, no tiene qué dividirse para desempeñar dos roles: el de periodista y el de vendedor de espacio para publicidad. La práctica del periodista vendedor de publicidad va en perjuicio de la dignidad profesional, de su independencia y de la calidad del producto informativo. En un sano orden de cosas, la publicidad oficial no se le debe otorgar a cualquier medio, sino al medio que ofrece las condiciones técnicas y de acogida entre el público que garantice la eficacia publicitaria de los mensajes que difunde. En esas condiciones no es el periodista independiente quien debe tramitar publicidad, sino el medio para el que trabaja. Alegar el derecho al trabajo supone que quien lo reclama hace, o pretende hacer, su trabajo específico. Como se ha explicado arriba, el trabajo concreto de un periodista es informar de modo independiente puesto que lo suyo no es el trabajo comercial o empresarial que limita su independencia e impide un trabajo informativo de calidad.

Conclusión

Los deberes esenciales del periodista en la búsqueda, la redacción y el comentario de los acontecimientos son: 1. Respetar la verdad, sean cuales sean las consecuencias que esto puede acarrearle, y esto por el derecho que tiene el público de conocer la verdad.2. Defender la libertad de información, de comentario y de crítica. 3. Publicar solamente las informaciones cuyo origen se conoce o, en caso contrario, adjuntarles las necesarias reservas; no suprimir las informaciones esenciales y no alterar los textos o documentos. 4. No utilizar métodos deshonestos para obtener informaciones, fotografías o documentos. 5. Imponerse el respeto a la vida privada de las personas.6. Rectificar toda información pública que se presenta como inexacta.7. Mantener el secreto profesional y no divulgar la fuente de las informaciones obtenidas confidencialmente.8. Se prohíbe el plagio, la calumnia, la difamación y las acusaciones sin fundamento. 9. Se prohíbe el recibir cualquier ventaja en razón de la publicación o supresión de una información. 10. No confundir jamás el oficio de periodista con el de publicista o propagandista; no aceptar ninguna consigna directa o indirecta de los anunciantes. 11. Rechazar toda presión y no aceptar ninguna directiva redaccional sino de los responsables de la redacción.  Todo periodista digno de este nombre acepta como un deber el observar estrictamente los principios enunciados aquí.

Las cosas claras

La patria no es un grupo político, ni un funcionario, es toda la población y es deber patriótico darles a todos una información independiente, que puedan creer, y que les sirva para escoger libremente su candidato. El periodista hace información, no propaganda. Cuando el periodista se vincula a un grupo o partido, fatalmente convierte la información en propaganda del grupo o partido en que se enlistó. El periodismo, por definición, es universal, o sea abierto a todas las opiniones, grupos o partidos. Sólo así puede hacer una información libre y merecer la credibilidad de todos los receptores de su información. Un periodista debe tener una opción política personal, pero ésta no debe determinar la orientación de sus noticias, por tanto, debe mantenerse como asunto personal, no profesional. Idealmente el periodismo debe ser escéptico frente al poder y no ser crítico según el color político o ideológico de quien ostente el poder. Debe mostrar los datos de la realidad porque los gobiernos y los partidos tienden a producir y creer en sus realidades. Debe investigar los pliegues del gobierno, porque el poder invariablemente mantiene lugares oscuros. Debe poner la lupa sobre problemas que necesitan atención pública y no justificar la noticia según la razón partidaria. Debe estimular a los ciudadanos a conocer lo que ignoran en vez de confirmar sus preocupaciones militantes. Debe incrementar las oportunidades para la expresión ciudadana y de las organizaciones civiles y no ser ventrílocuo de quienes están rodeados de micrófonos. Debe marcar los errores y olvidos de cualquier oficialismo y/o partido político y no ayudar a cubrirlos cualquiera sea la justificación.
Sabemos, que el periodismo que sobrevivirá es el que, mediante la información, convierte al lector, oyente o televidente, en conciencia de su historia. Este es el resultado de un periodismo que hace entender porque interpreta, contextualiza, da antecedentes y dirige la mirada hacia las consecuencias de lo que está sucediendo. Es un periodismo comprometido y comprometedor, digno y dignificador, que no se limita a ser un espectador distante de la historia de cada día. Esta actividad supone una preparación académica severa, y sobre todo, es una manera de ser que, una conciencia ética forja en las personas. Esto, como se ve, establece la principal diferencia con el periodista improvisado.  Cuando, como sucede hoy, las generosas y móviles fronteras del periodismo abarcan cada día más funciones, tareas y personas distintas, cuando el espectáculo, la opinión y la operación política se visten de información, cuando todo y nada es periodismo, la respuesta aparece clara: volver a las fuentes. En otras palabras, redefinir qué es el periodismo, distinguir quiénes son periodistas y quiénes deben recibir otro nombre para calificar su actividad; aceptemos que la opinión es importante, pero más importante aún es la veracidad de lo que se cuenta y la forma como se lo hace. En este camino se impone recuperar dos nociones básicas: la información entendida como bien público y una noción personal de la ética profesional. Los periodistas, editores o propietarios no se considerarán dueños de la información merecida por los ciudadanos sino solo intermediarios cualificados para difundirla objetiva y responsablemente. En consecuencia, la  información nunca debería ser usada como mera mercancía  que se difunde según sean los ingresos por publicidad  que se esperan recibir a cambio, o según los réditos políticos obtenibles por parte de los organismos del Estado o de particulares.


Referencias: “Manual de Periodismo independiente”, Deborah Potter (*) 

Deborah Potter es directora ejecutiva de NewsLab (www.newslab.org), un centro de recursos en línea para periodistas instalado en Washington, D.C. que ella misma fundó en 1998. Ha impartido clases de periodismo como miembro del profesorado de The Poynter Institute y de la Universidad Americana y fue directora ejecutiva de la Fundación de Directores de Noticias de Radio y Televisión. Dirige talleres para periodistas en salas de redacción de Estados Unidos y de todo el mundo. Es una importante columnista cuyos análisis de los noticiarios en los medios electrónicos son publicados en la American Journalism Review y es autora de Ready, Set, Lead: A Resource Guide for News Leaders. Potter pasó en noticiarios de TV más de 20 años, 16 de los cuales fue corresponsal de las cadenas CBS News y CNN, a cargo de los asuntos de La Casa Blanca, el Departamento de Estado, el Congreso, política nacional y asuntos del medio ambiente. También fue presentadora de la serie de PBS TV “In the Prime”. Tiene una licenciatura por la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill y una maestría por la American University.

“El error de la prensa militante”, Silvio Waisbord, La Nación de Costa Rica, 12-01-11Raquel San Martín, “La ética como identidad compartida”. En Sala de Prensa. AGUIRRE M., El deber de formación en el informador, Eunsa, Pamplona 1988; BARROSO ASENJO P., Códigos deontológicos de los medios de comunicación, Paulinas y Verbo Divino, Madrid y Estella (Navarra) 1984

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