martes, 19 de marzo de 2013

EFEMÉRIDES: HOMENAJE A JUAN MANUEL DE ROSAS





El 16 de marzo se llevó a cabo en el Cementerio de la Recoleta, Bs As, un sentido Homenaje a Don Juan Manuel de Rosas, con motivo de conmemorarse el 136 aniversario de su fallecimiento (14/3/1877). 

EL GRAN CALUMNIADO

A Rosas no lo sacaron por lo que hizo, lo sacaron por lo que no hizo: 1) No fue un dictador por imposición propia. 2) No gobernó para una minoría privilegiada.3) No les dio a los ingleses. 4) Y no le dio el gusto a los franceses. 5) Rosas no le dio el gusto a los “iluminados”.6) Y no desconfió lo suficiente de Urquiza.

Frente a la mentalidad de los ideólogos, el general don Juan Manuel de Rosas aparece como su oponente más destacado.  Nada en él se asemeja o confunde con los liberales; es, indiscutiblemente, el reverso de la medalla. Su raíz es terrígena, su sensibilidad se forjó en el cuenco de los grandes valores tradicionales y su idiosincrasia es la propia del pueblo. Rosas es un elemento de la tierra, una fuerza desprendida del alma de las multitudes bravías: la encarnación de todas las pasiones Nacionales. Suprimir a Rosas es tanto como suprimir a la Argentina; que es ni más ni menos lo que se proponen los liberales. El más grande elogio de Rosas lo hicieron sus adversarios; porque para combatirle se vieron forzados a combatir todo lo nuestro: el pueblo y la Nación, la verdad de la patria y la independencia de sus instituciones. Por eso tuvieron que adulterar la historia; pues, apenas conocida en su realidad, Rosas emerge con grandeza y ellos se hunden en el ludibrio. La mentira es el único elemento de que disponen los liberales para perdurar en un plano que no es el que realmente les corresponde. Los monumentos erigidos a los próceres del liberalismo están fundidos en el crisol de las más burdas adulteraciones. La calumnia es el arma terrible en las manos de estos falsificadores; Rosas es el ", gran calumniado" de nuestra historia.  Pero el pueblo no se engaña porque sus mecanismos intelectuales son harto simples; no influyen sobre él las propagandas urdidas en la trastienda de los despachos oficiales. Su instinto es certero y su intuición es el canal que lo guía en medio de las sombras del rencor inmoderado. Por lo demás, los calumniados son siempre sus iguales; volverse contra la calumnia es defenderse a sí mismo. De Rosas dijo uno de sus mayores adversarios: "Rosas y la República Argentina, son dos entidades que se suponen mutuamente: él es lo que es, por ser argentino; su elevación supone la de su país; el temple de su voluntad, la firmeza de su genio, la energía de su inteligencia” (Juan Bautista Alberdi: La República Argentina treinta y siete años después de la Revolución de Mayo. Valparaíso, 1847).  Estas palabras de Alberdi, ¿no son definitivas para comprender que el hundimiento de Rosas supone el hundimiento del país y del pueblo? ¿Es posible admitirlo, nada más que por hacerles el Juego a los liberales? Decía Ernesto Palacio en “La historia falsificada” que “no sabemos qué hacer porque no sabemos lo que somos; y no sabemos lo que somos porque se nos ha confundido deliberadamente sobre nuestros orígenes y no sabemos ahora de dónde venimos”. La Argentina tiene dos historias: la oficial, por un lado, redactada a partir de mensajes de protagonistas y continuadores que muchas veces carecieron de la imparcialidad y perspectiva temporal suficiente para juzgar los hechos que los ocupaban y, del otro, la reacción del denominado revisionismo histórico, que, frente a muchas arbitrariedades, incógnitas y excesos diversos, buscó correr el telón para reivindicar la verdad, ofrecer certezas y despejar el incómodo camino poblado entre réprobos y elegidos, según gustos y afinidades. El revisionismo existe porque muchos aspectos de la historia argentina se ocultaron o interpretaron maliciosamente, no con el ánimo predispuesto a divulgar el pasado según criterios de fidelidad respecto a los acontecimientos ocurridos y su recta interpretación, sino con fines subalternos. El historiador Manuel Gálvez expresaba en “Vida de don Juan Manuel de Rosas: El nombre don Juan Manuel de Rosas ha llegado a ser hoy, en 1940, lo que fue en 1840: la encarnación y el símbolo de la conciencia nacional, de la Argentina independiente y autárquica, de la Argentina que está dispuesta a desangrarse antes que se estado vasallo de ninguna gran potencia. Frente a los imperialismos que nos amenazan, sea en lo político o en lo económico, el nombre Rosas debe unir a los argentinos. Estudiemos su obra y juzguémosla sin prejuicios. Y amémosla, no en lo que tuvo de injusta, excesiva y violenta, sino en lo que tuvo de típicamente argentina y de patriótica. (T III. p.924.Ed.Arg.1974)

EL HOMENAJE

El Acto fue organizado y convocado por la Asociación Patricios Vuelta de Obligado, y contó con la adhesión de entidades publicas, privadas, gremiales y la asistencia de público de neto sentimiento federal. 
El mismo fue realizado frente a la bóveda de la familia Ortiz de Rozas, y luego se hizo un recorrido por donde descansan los principales federales de la época 

Varios dirigentes de distintas entidades dirigieron la palabra haciendo alusión, recordatorio y homenaje al Restaurador. 
Transcribimos a continuación, las palabras pronunciadas por Leonardo Castagnino, Director de “La Gazeta Federal”, 

“Antes de hacer unas breves reflexiones sobre Rosas y el rosismo, quiero cederle la palabra directamente al mismo Juan Manuel de Rosas, leyendo una parte de su discurso ante la Legislatura, al asumir su segundo gobierno en el año 1835” Dijo Rosas: "Compatriotas: Ninguno de vosotros desconoce el cúmulo de males que agobia a nuestra amada patria, y su verdadero origen. Ninguno ignora que una fracción numerosa de hombres corrompidos, haciendo alarde de su impiedad, de su avaricia y de su infidelidad, y poniéndose en guerra abierta con la religión, la honestidad y la buena fe, ha introducido por todas partes el desorden y la inmoralidad; ha desvirtuado las leyes, y hécholas insuficientes para nuestro bienestar; ha generalizado los crímenes y garantido su impunidad; ha devorado la hacienda pública y destruido las fortunas particulares; ha hecho desaparecer la confianza necesaria en las relaciones sociales, y obstruido los medios honestos de adquisición; en una palabra, ha disuelto la sociedad y presentado en triunfo la alevosía y perfidia. La experiencia de todos los siglos nos enseña que el remedio de estos males no puede sujetarse a formas, y que su aplicación debe ser pronta y expedita y tan acomodada a las circunstancias del momento. (13 de abril de 1835) Obsérvese la fecha: “1835”; ¿es que acaso ha cambiado algo en nuestra Patria luego de tanta sangre derramada en defensa de la misma? Una estremecedora y conmovedora visión, sin duda una llamada de alarma para que el pueblo argentino despierte de una vez de tanto letargo.

“Don Juan Manuel de Rosas vive en el espíritu del pueblo”,  continuó el Ingeniero, “al que apasiona con su alma criolla, su defensa de nuestra soberanía, la honradez ejemplar de su gobierno y el saber que es una de las expresiones más fuertes de la argentinidad. Rosas vive en los documentos que cobran vida en manos de los historiadores que se convierten en fervientes defensores de Rosas, cuando se sumergen honradamente en busca de la verdad, ajenos a la miseria de la historia dirigida y ajenos a los ficticios honores oficiales.  Rosas vive sobre todo en el rosismo, que no es el culto de la violencia como pretenden sus enemigos. El rosismo es un ferviente movimiento espiritual, es la aspiración a la verdad en nuestra vida política y en nuestra Historia. Es la protesta contra la entrega de la Patria al extranjero. Es el rechazo a la mentira que todo lo envenena y corrompe.  Rosas es el símbolo de la conciencia nacional, de la Argentina independiente y autárquica, de la Argentina que no está dispuesta a ser un estado vasallo de ninguna potencia extranjera. Cuando alguien vitorea a Rosas, vitorea al hombre que durante años defendió con talento, energía, tenacidad y patriotismo, la soberanía y la independencia de la Patria contra las dos potencias más grandes del mundo, alentadas y auxiliadas por lo enemigos de Rosas y de la Patria. Rosas no ha muerto. Viva Rosas!!!.

Ref: La Gazeta Federal
        Leonardo Castagnino       

¡Viva la verdadera y grande Historia Argentina! Y basta ya de mentirosos y traidores

1 comentario:

  1. ¡Como hace falta hoy en mi ARGENTINA,un hombre como DON JUAN MANUEL !!

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