lunes, 18 de marzo de 2013

TDAH: "HIPERACTIVIDAD": LA ESTANDARIZACIÓN QUE SE ASUME COMO NORMAL

La “salud del comportamiento” tiene por objetivo medicar nuestra manera de estar en el mundo; nuestra libertad. Abrir nuevos mercados creando nuevas enfermedades a partir de los comportamientos que, especialistas a sueldo de las diferentes industrias, decidan que son “anormales“.
Es la penúltima frontera en la medicalización de la vida cotidiana. ¿Quién no manifiesta algún comportamiento, aunque sea en un momento de su vida, que sea susceptible de ser considerado “anormal” por los demás? Viene esto a colación del un artículo publicado anteriormente titulado: “Los profesores que no “diagnosticaban” ni “medicaban” a los niños” y la normalización del sobrediagnóstico y sobremedicación de niños que supuestamente padecen falta de atención y son muy activos.
Hasta hace unos días se celebró en Washington (Estados Unidos) una reunión de profesionales sanitarios destinada a potenciar este mercado. Charlando con un psiquiatra que colabora con migo, me cuenta que la falta de atención es el “edema de la mente”, algo inespecífico y subjetivo, diagnosticar a un niño de Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) es como diagnosticarle de TEHE, Trastorno de Exceso de Hinchazón con (o sin) enrojecimiento.
La falta de atención es una respuesta normal, debido a la diversidad temperamental de cada alumno, la habilidad del profesor que explica, el número de alumnos en la clase, etc. Muy pocos niños de los que hoy son diagnosticados como TDAH lo eran hace 40 años.  La civilización urbana predispone a la hiperactividad: “Where will de children play?” se preguntaba el músico Cat Stevens hace ya más de cuatro décadas.
La estandarización, la homegenización y cosificación de actividades humanas también predispone. Con eso juegan las empresas sin escrúpulos.
Los fármacos estimulantes, incluido el más usado en niños, el metilfenidato, actúan de manera parecida a la cocaína. Mejoran la atención en un alto porcentaje de casos y son euforizantes, a costa de no saber cuál era el problema, si había problema y de desconocidos aunque presumibles daños en el futuro. Estos medicamentos ayudan al maestro a tener la clase quieta, controlada pero drogada.
Esto se hace con productos legales pero similares a otros que si los padres de los infantes medicados fueran pillados comerciando con ellos irían directos al cuartel de la Guardia Civil; en EE.UU., según los Institutos Nacionales de Salud, vender u obsequiar el metilfenidato puede causar daños a otras personas y constituye un delito.
La tolerancia en la escuela a conductas, ritmos y capacidades de aprendizaje y temperamentos diferentes, nunca ha sido tan baja en la historia de la humanidad aunque ahora se disfraza con diagnósticos y terapias.
“Ofrecer pequeñas cantidades de cocaína o anfetamina, que es lo que es el metilfenidato, si se dan por la mañana, durante cortos periodos y con interrupciones, puede que no haga mucho daño (aunque probar por probar en niños es absurdo). Muy diferente es tomar esta medicación de manera continuada, sin interrupciones durante años y a dosis cada vez mayores y esto es lo que tiende a ocurrir”, afirma el psiquiatra con el que he charlado.
También me comenta que por su experiencia, tiene constancia de que por la noche se han empezado a dar antipsicóticos como el Risperdal para calmar los efectos del metilfenidato de acción sostenida (Concerta):”El Risperdal produce en porcentajes  muy altos de hasta el 20%, acatisia, es decir intraquilidad motora, lo que es diagnosticado como hiperactividad resistente y lleva a subir las dosis”.
Por la mañana un estimulante de la dopamina y además de acción sostenida como el Concerta, así creará hábito y por la noche un bloqueador de la misma, un antipsicótico que como tal es muy tóxico. El cerebro se convierte así en un órgano pasivo, sin autonomía y cuya relación de desarrollo con el mundo externo es una de habituación a un par de sustancias químicas que con el tiempo se harán imprescindibles. En el caso de una de ellas con bastante probabilidad de provocar enferme incluso muy seriamente.
El fracaso de las políticas educativas actuales no tiene mejor exponente que este. El médico, psiquiatra, neuropediatra, etc, ha abandonado la clínica, la historia del paciente y ahora es un recetador para diagnósticos pre-fabricados por docentes, pedagogos y psicólogos escolares que actúan gratis como agentes de farmacéuticas, políticos y demás interesados.

Fte: Miguel Jara- Periodismo Comprometido

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