miércoles, 12 de junio de 2013

MONÁRQUICOS, MASONES CATALANES, POLÍTICOS Y EMPRESARIOS ESTUDIAN PEDIR AL REY QUE ABDIQUE EN 2014


José Díaz-Herrera.- La II Guerra Mundial está a punto de terminar. Los ejércitos aliados se encuentran ya al borde de la frontera de los Pirineos dispuestos a invadir España y a librar Europa de la última “tiranía”, del último fascismo, el de la “Falange” española que no resultó ser tan peligrosa para las libertades occidentales como la pintaban los “rojos” en el exilio.
Y es entonces cuando los delegados del Consejo Nacional Catalán Josep Fontalals y Joan Carner Ribalta le envían un memorándum de 11 folios al coronel William J. Donnovan, jefe de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), el servicio secreto norteamericano, precedente de la CIA.

“La aceptación de la independencia de estas dos regiones (País Vasco y Cataluña), con sus partidos autóctonos, sin vinculación con el resto de España, debe constituir una cuestión previa a cualquier arreglo del problema de la Península Ibérica”, le dicen en perfecto castellano, como debía ser, ya que en Estados Unidos nadie hablaba catalán. Y agregan:

Los líderes republicanos no deben mantener el estado unitario heredado de los tiempos de la monarquía porque sin la separación de vascos y catalanes con sus estados propios es imposible alcanzar una solución pacífica y duradera que asegure la paz en la península ibérica”.

En Nueva York, donde tenía su “delegación” (una especie de embajada como las que tienen ahora CiU y los nacionalistas vascos) el PNV, el “embajador de Euskadi” Manu de la Sota le hace llegar al gobierno americano la decisión del “presidente” de los vascos, José Antonio Aguirre, un tipo impuesto por el Frente Popular en plena Guerra Civil, y del que fuera del lehendakari o jelkide del PNV Doroteo Ciaurriz. “Cualquier invasión de España debe garantizar previamente la independencia total y absoluta del pueblo vasco. Los partidos políticos tienen dos opciones o firman un programa en el que se comprometen a defender Euskadi con uñas y dientes o se largan. Castilla es muy grande”.
Mucha gente, sin embargo, parece haber olvidado la historia. En estos días, algún grupo monárquico pretendidamente europeo, sectores de la masonería catalana, grupos vinculados al empresariado del Principado y hasta por algunas cancillerías europeas, empiezan a circular documentos secretos que contienen “pretendidas fórmulas” magistrales para hacer frente al desafío catalán e impedir que la iniciativa de convocar un referéndum para separarse de España el 11 de septiembre de 2014 llegue a celebrarse, con la división del país en dos bloques antagónicos, hostiles, refractarios a entenderse e irreconciliables. Lo que supondría, para muchos, el principio de la desaparición de la nación española, máxime teniendo en cuenta que Escocia celebra una consulta popular autorizada por las mismas fechas y que la masa crítica a favor de la independencia acaba de crecer con la incorporación del socialismo catalán, traidor al internacionalismo proletario y a sus esencias históricas, a las tesis separatistas.
De ahí que estos sectores aboguen por anticiparse y buscar soluciones que impidan se tenga que llegar a la ilegal consulta a los catalanes que propone Artur Más, que sería apoyado sin duda por el 80 por ciento de los catalanes, al hacer campaña en favor de la consulta el Partido Socialista Catalán, que acaba de desvincularse del nacional en esta materia. El plan pasaría por persuadir al Rey de España de que, por el bien de la nación, debería abdicar las próximas Navidades o, como muy tarde, días después de la celebración de la Pascua Militar del 6 de enero de 2014, acto en el que pediría prudencia y serenidad al Ejército y una vez resuelto el “Casio Urdangarín”.
De esa manera, plantean la posibilidad de que el Príncipe una vez convertido en Rey pudiera encabezar desde una nueva perspectiva y sin ataduras de manos una “segunda transición” que pasaría por una reforma de la Constitución, la abolición del “café para todos” y la partición de España en cuatro Reinos de nueva creación, ya que no tienen entronque en la historia (Castilla, País Vasco, Cataluña y Galicia), el sometimiento de la nueva Carta Magna a referéndum del pueblo español y a reiniciar la historia de nuevo, retrocediendo cinco siglos, hasta 1505, para volver a volver la Edad Media y comenzar desde cero convertidos en una de las últimas naciones de la Unión Europea.
“La población española aceptaría de buena gana una renovación al frente de la Corona al estilo de Holanda, donde la reina Beatriz acaba de anunciar que abdica en favor de su hijo Guillermo Alejandro, dado que el jueves cumple 75 años de edad”, señalaba hace apenas unas semanas la Asociación Monárquica Europea en un comunicado que recogió la agencia Servimedia y el periódico El Economista, entre otros. Y en otro, no vinculado al primero, propugnaba esta idea recogida enseguida por un sector del empresariado ca-talán y otro vinculado a la masonería española:
“¿Qué os parecería que España se convirtiera en un Reino Unido formado por los reinos de Castilla, Cataluña, País Vasco, Galicia? ¿Se podrían crear nuevos estados no históri-cos unidos bajo la Corona de España? ¿Es descabellado? Ante unos hechos al parecer inevitables, ¿sería legítimo plantear una nueva organización del estado como estado fe-deral monárquico? El reino Unido de Gran Bretaña es una Monarquía federal, Alemania lo era de 1871 a 1918, también Austria-Hungría hasta 1918”.
La propuesta no es nueva. Se trataría de resucitar, más o menos, el proyecto de tantas veces fracasado de la Triple Alianza separatista de 1923, la vieja Galeusca (Galicia-Euskadi-Cataluña como estados libres) que resucita de nuevo en 1931 y trae de cabeza a la II Republica con las insubordinaciones de Cataluña (la única región que impone su estatuto) y que no pudo aplicarse en Galicia ni en el País Vasco, por mucho que el PNV pretenda hacernos creer lo contrario: el Estatuto Vasco fue rechazado varias veces y se “aprobó” en plena Guerra Civil, sin discusión y por aclamación, por unos cuantos diputados, ya que las Cortes estaban disueltas de hecho por la contienda. Jurídicamente, no tuvo validez alguna, al faltar el quórum en la Cámara.
Tras un siglo de fracasos, no deja de ser cierto que las llamadas “regiones históricas” cuentan en 2013 con un nivel de autogobierno, con sus propias redes de infraestructuras, energéticas, de abastecimiento de toda índole, su sistema financiero propio (Cataluña no lo tenía en 1931), su sistema fiscal (en el caso vasco), sistema educativo, asistencial sin contar con las instituciones privativas de un estado moderno (gobierno, parlamento, tribunal de cuentas, defensor del pueblo, policía propia y hasta sistema judicial no autónomo al 100 por ciento pero adaptado plenamente a las peculiaridades forales de cada región) y hasta con sus propias embajadas, lo que facilitaría mucho las cosas.
De otra parte, la pasividad del Rey y del Príncipe ante la amenaza de Más, la actitud de Mariano Rajoy como sujeto pasivo que ve de lejos el desafío, su carácter de personaje impasible, al estilo de The Quiet American, las declaraciones de Felipe González en el sentido de ir a una España asimétrica modificando la Carta Magna, la sentencia pactada perdonando a Unió sus delitos en el “caso Pallerols” y otras muchas manifestaciones, hacen sospechar a numerosos ciudadanos que algo de lo que he contado se esta cociendo entre bastidores, en los entresijos del poder, y que hay contactos en este sentido con el sector de José Antonio Durán y Lérida, aunque no se lo voy a preguntar.
De ahí que no tenga más remedio que volver al inicio de esta crónica. Cuando George F. Kennan[1], jefe de la Oficina Naval (OWI) de los Estados Unidos en España durante la II Guerra Mundial; cuando el embajador en Madrid Carlton J.H. Hayes[2], el jefe de la Oficina de Asuntos Europeos del Departamento de Estado, James C. Dunn[3]; en el instante en que el mismo secretario de Estado americano Cordell Hull[4], el jefe de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), Wild Will Donnovan[5], como le conocían sus colaboradores; en el momento en que dos de los responsables del departamento de Guerra (hoy Pentágono), James Forrestal y su sucesor George C. Marshall[6] informan a la Casa Blanca que la España del exilio era una jaula de grillos rabiosos, una enorme botella de escorpiones con tres banderas distintas decididos a matarse entre si en el momento en que se les diera armas para hacerlo, el Gobierno americano dio ordenes tajantes de que los tanques y las divisiones aliadas que iban a democratizar España se dieran la vuelva y volvieran a Paris.
El entonces presidente Harry S. Truman, que llega al poder el 12 de abril de 1945, casi al final de las hostilidades en el escenario europeo y asiático sucediendo en el cargo a Franklin D. Roosevelt rompe cualquier pacto no escrito en este sentido con los republicanos españoles consciente de que invadir España para imponer tres estados independientes hubiera sido sembrar el germen de otra Guerra Civil. Y para salvar la cara, tanto él como Charles De Gaulle, Joseph Stalin y Winston Churchill ordenan el bloqueo a la España franquista al mundo civilizado en la Conferencia de San Francisco de 1946 y la retirada de embajadores.
Porque ante la tesitura de una España rota, como pretendían los nacionalistas, hubiera sido muy probable que desde los requetés, falangistas y monárquicos de Calvo Sotelo (Prefiero una España roja a rota) hasta muchos socialistas (Si cualquier movimiento reivindicativo de la democracia en España se mezclara con las aspiraciones separatistas de País Vasco y Cataluña, (…) me temo que eso podría determinar en la unión de todos los españoles en torno a Franco. Yo mismo, si no fuera socialista hasta la médula me haría franquista, Indalecio Prieto), hubieran unido sus fuerzas y empuñado los viejos Mauser para luchar contra la gangrena separatista, el cáncer que amenaza a España desde hace un siglo, algo que muchos siguen sin entender en la España actual.
De ahí que cualquier intento de evitar otra cruel guerra en Europa como la de los Balcanes por procedimientos pacíficos sea loable. Pero que muchas de estas ideas sean asumidas desde el poder, desde donde se ha entregado el poder a ETA en País Vasco y se asume como inevitable la separación de Cataluña, y se empiezan a planificar estrategias de ruptura al margen del pueblo español, es una peligrosa arma de doble filo.
Porque alentando las secesiones separatistas desde el poder se puede estar alentando, sin pretenderlo, lanzar a unos españoles en contra de otros y preparando una nueva guerra balcánica, como la de la ex Yugoslavia, o una desmembración de la nación como ocurrió con el imperio austro-húngaro o el otomano en 1918.
De ahí que antes de proseguir por ese espinoso camino, cuajado de rencores ancestrales, de odios africanos y de millones de espinas, considerado una traición por millones de españoles, vetado por un sector del Ejército que no quiere que España vuelva a la Edad Media no sólo en lo político sino en lo militar (habría que recordar los centenares de guerras libradas entre gentes de una misma raza), si yo fuera Mariano Rajoy, ese sujeto que con su silencio no hace otra cosa que dar alas al separatismo, empezaría a estudiar los “papeles de Washington”, cosa que algunos, muy pocos, hemos hecho. Ahí están todas las claves de porque Franco duró 40 años en el poder y por qué los españoles no nos matamos por enésima vez entre 1945 y 1950. Y, encima, gran parte de este país incluido el presidente José Luis Rodríguez Zapatero o su ministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos, siguen menospreciando u odiando a los americanos.
[1] Años más tarde se convirtió en uno de los teóricos de la Doctrina de la Contención y de Guerra Fría con su Telegrama Largo desde Moscú.
[2] Católico, profesor de la Universidad de Columbia, historiador y amigo personal de Roosevelt.
[3] Posteriormente fue embajador de Estados Unidos en España entre 1953 y 1955, además de en Italia, Francia y Brasil.
[4] Premio Nobel de la Paz en 1945.
[5] Medalla de Honor del Congreso en la I Guerra Mundial, amigo personal del presidente americano, multimillonario y espía por vocación. Entrenado por el MI.5 jamás cobró sueldo alguno.

[6] Inspirador e implementador del Plan Marshall, que dejó fuera a España.

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