miércoles, 26 de junio de 2013

PAPA FRANCISCO: "DENTRO DE CADA CRISTIANO HAY UN JUDÍO"- EL ENCUENTRO CON EL RABINO SKORKA
























Por Henrique Cymerman

“DENTRO DE CADA CRISTIANO HAY UN JUDÍO”

“La amistad entre el rabino Abraham Skorka y yo es un ejemplo de que el diálogo en el mundo es posible y que la amistad es posible. Ese es mi principal mensaje”, declaró a La Vanguardia el papa Francisco, tres meses después de su elección como jefe de la Iglesia católica. El rabino argentino, con el que le une una larga y estrecha amistad, contestó al Pontífice: “Ese es el mejor de los mensajes que podemos dar. Y que algún día se pueda juntar a Roma y a Jerusalén en una nueva realidad de paz”.

El pasado abril, este corresponsal dio una serie de conferencias en Buenos Aires sobre Oriente Medio. Al final del acto principal me hicieron una pregunta que me dejó estupefacto: “¿Te gustaría encontrarte con el papa Francisco en el Vaticano? Ambos queremos hacer la revolución”. Era Skorka, jefe del seminario rabínico conservador judío de Buenos Aires y líder de la comunidad Bnei Tikva. Pocos entienden tan bien la forma de pensar del Francisco como este judío argentino.

Su relación empezó en 1990, en un acto en el que se conmemoraba la independencia de Argentina. El rabino y el actual Papa, que en esos años se convertiría en arzobispo de Buenos Aires, se dieron la mano. “El momento clave en nuestra relación fue cuando todo empezó con un chiste de Jorge Mario Bergoglio. Yo quería saludarle y comentarle una cuestión teológica de su discurso, pero él, que es un acérrimo seguidor del equipo de fútbol San Lorenzo y que sabía que yo soy del River, me miró con cara muy seria y me dijo: ‘Según parece, este año ustedes van a comer cazuela de gallina’. Y es que los fans del River son llamados gallinas, ya que durante un cuarto de siglo no tuvieron mucho éxito… En este chiste había un mensaje y era que al arzobispo no le gustaban los protocolos y que su puerta estaba abierta”, cuenta Skorka.

El día en que Bergoglio fue elegido Papa, el rabino y su esposa lo seguían por televisión: “Todo el tiempo yo le decía a mi mujer: ‘Mi amigo Jorge Mario va a ser Papa’. Y ella decía: ‘¡No, no, no puede ser!’, como diciendo: ‘¡Pobre, ya tiene muchos años! ¡Ya hizo mucho!’. Pero yo insistía: ‘No, él va a ser, un poco en broma y mucho en serio. No me extrañó, pero me sacudió el corazón, la mente y el corazón”.

Al día siguiente, el móvil del rabino sonó en la calle, en Buenos Aires, y al otro lado escuchó la voz de su amigo. “Hola, rabino Abraham. Estoy en el Vaticano y no me dejan volver”, le dijo con humor el Papa. Bergoglio que pensaba que pronto se iría a una casa de retiros, pero el destino quiso algo distinto. Aunque el rabino insiste: “Cada broma en él tiene un doble sentido. Es una persona realmente humilde. Hay mucha gente que me dice: ¿Él se hace o es?. Él es. No hay una cuestión hipócrita en él”.
Días después de la conferencia, el rabino llamó a este corresponsal para comunicar que el Papa nos esperaba el 13 de junio, fecha en la que se cumplían tres meses de la fumata blanca. Incrédulo aún, nos encontramos en Castel Gandolfo, en la residencia de verano del Pontífice. Allí, Skorka y diez rabinos más participaban en un congreso judeocristiano con 20 sacerdotes de todo el mundo bajo el patrocinio de Francisco.

De allí partimos en coche hacia el Vaticano y, por el camino, bromeé con Skorka acerca de la confluencia de varios argentinos en puestos de éxito, como el nuevo Pontífice, la reina Máxima de Holanda o Leo Messi. “Es una cuestión paradójica -respondió-. En Argentina hay mucha gente brillante. Lo puedo decir por mi querido amigo, el papa Francisco; brillante también en deporte, como Messi… Lo que no logramos hacer son equipos brillantes. O sea, una sociedad donde el brillo de cada uno pueda asociarse con el brillo del otro y crear una sociedad maravillosa, plena de brillo. En eso no somos buenos, todavía”.

Al llegar al Vaticano, pregunté al rabino si había entregado a alguien los nombres y datos de los que le acompañábamos. “No, el Papa me dijo cómo llegar y eso es todo. Él sabe que vengo contigo”. Al entrar en el Vaticano, la Guardia Suiza nos paró. “Tenemos una cita personal con el Papa”, dijimos. “¿Usted también?”, me preguntaron. “No, yo soy periodista, pero acompaño al rabino”. Normalmente, los periodistas no entran en la casa de Santa Marta, donde vive el Santo Padre, pero tras hacer una llamada se abrieron las puertas de par en par y nos invitaron a entrar. Así ocurrió en dos puestos de control más, hasta llegar al hogar del papa Francisco.

Nos hicieron esperar en un sala y, de repente, surgió una figura amable y humilde, con una simple cruz de plata al pecho y despojada de los clásicos ornamentos dorados y zapatos rojos. Tras abrazarse largamente con el rabino y saludarnos uno a uno, dijo: “Queridos amigos, bienvenidos. ¡Qué alegría! Bendito sea Dios y ojalá traiga la paz”. Y añadió: “Nuestra amistad que dura ya tantos años y es tan profunda es la prueba de que el dialogo entre religiones y seres humanos es posible”. A lo lejos nos seguía un cardenal que observaba con curiosidad y sorpresa.

El Papa y Skorka se retiraron a comer y yo esperé el final de su encuentro. A los pocos minutos apareció el Pontífice exclamando: “¡Me acabo de enterar de que ustedes esperan al rabino! Por favor, acompáñenme para que les den algo de comer en mi comedor”. Y guiñando el ojo añadió: 

“¡Aunque sea un sándwich!”.

“¿Y usted nos lleva?”, pregunté mientras caminábamos por los pasillos de la residencia entre las caras sorprendidas de los residentes de Santa Marta. “Les invito a comer. Son vicios de párroco”, comentó el Papa.
Tras felicitarle por la clasificación de su equipo de toda la vida, el San Lorenzo, para la copa de Sudamérica, él, que aún no conocía la noticia, se entusiasmó por momentos y contestó: “Llevo siempre su foto en la camisa, sobre el corazón”. Y añadió: “El otro día vi a un adepto de mi equipo en la plaza de San Pedro y le hice la señal de tres a cero, que fue el resultado de la victoria de nuestro club”.

Entramos en el comedor, en el que Francisco comparte mesa con sacerdotes de todos los rangos y países, y pidió a las monjas que se ocuparan de nosotros y nos dieran de comer. Las miradas sorprendidas de los comensales demostraban, una vez más, que para algunos no es fácil acostumbrarse al cambio de estilo en la era de Francisco, a este fin del papado medieval (sobre todo si se compara con su predecesor, Benedicto XVI, que no se movía de un sitio a otro sin estar acompañado por su séquito).

Desde el momento en que se conocieron en Buenos Aires, el entonces arzobispo Bergoglio y el rabino Skorka se fueron acercando gradualmente y empezaron a encontrarse varias veces al mes. Debatían cuestiones teológicas, sobre las relaciones entre judaísmo y cristianismo, la forma de luchar contra el fanatismo y el antisemitismo y temas de actualidad mundial. “A menudo el arzobispo venía a verme a mi comunidad en metro. Él siempre quiere estar junto a la gente y, cuidado, eso a veces le exponía e incluso recibía insultos. Y sin embargo siempre viajaba en metro”, destaca el rabino.

A lo largo de los años, ambos decidieron plasmar sus diálogos y opiniones en un libro conjunto, Sobre el cielo y la tierra, en el que debaten cuestiones como Dios, el diablo, el fundamentalismo, la muerte, el divorcio, conflictos como el árabe-israelí y el holocausto.

Sobre el holocausto, el Papa plantea algo que puede generar polémica en ciertos sectores de la Iglesia y que el rabino Skorka subraya: “Él dice que hay que abrir los archivos para tratar de entender, realmente, cuál fue la actitud de la Iglesia. Por un lado analizamos la shoah, y él toma una postura que la podría tomar un judío: fue un crimen único en la historia de la humanidad, un evento especialmente dramático.

Ni siquiera todos los judíos tienen este punto tan claro como lo tiene él. Y por otro lado analizamos la actitud de Pío XII con total claridad, porque nosotros hablamos sin barreras. No entiendo bien qué es lo que ocurrió, cómo pudo callar.

Y el Papa dice que hay que abrir los archivos, hay que investigar, hay que saber la verdad, en el caso de que haya culpa, asumir la culpa. Ambos creemos que el antisemitismo y otras formas de racismo son un pecado”.
Francisco llegó a comentar a este diario que “dentro de cada cristiano hay un judío”, a lo que el rabino añadió: “Este es probablemente el mejor amigo del pueblo judío en la historia del Vaticano”.

En los últimos años, Bergoglio y Skorka grabaron, además, 30 programas de televisión para el arzobispado de la capital argentina, en los que debatieron sobre distintas cuestiones religiosas y de actualidad. Lo que más sorprendió al rabino fue cuando el periodista argentino Sergio Rubín, que escribió una biografía autorizada del Papa, El jesuita, le llamara para pedirle que escribiese el prólogo del libro. Skorka replicó sorprendido: “¿Yo? ¿Un judío?”. Y el escritor comentó: “Eso fue lo que decidió Su Santidad”. El rabino añade: “Cuando más tarde le pregunté al papa Francisco por qué me eligió a mí, dijo simplemente: ‘Porque me salió del corazón’”.

En sus encuentros con líderes europeos, el Papa comenta que la crisis en Europa no es sólo económica sino, ante todo, humana, y les pide que resuelvan rápidamente el drama de los millones de jóvenes desempleados.

El rabino Skorka reconoce que, en el fondo, “el papa Francisco es un revolucionario” y, en Argentina, su biógrafo le llegó a llamar “el che Francisco”. Cuando pregunté a Skorka si ante tanto cambio le preocupa la integridad física del Papa, contestó. “Claro que sí, me preocupa mucho pero los dos somos hombres de fe y estoy seguro de que Dios lo va a cuidar”.

Mientras comíamos en el comedor del Papa, uno de los jóvenes que trabaja en el lugar se dirigió a nosotros: “El Santo Padre pide que le avisen cuando terminen de comer para que se pueda reunir con ustedes”. Tras esperar tres minutos en la sala de visitas de Santa Marta, Francisco y el rabino aparecieron, dando inicio a una larga conversación informal de casi una hora de duración.

Primero, el Papa dedicó libros a la Biblioteca Nacional de Jerusalén y al presidente de Israel y Nobel de la Paz, Shimon Peres. Luego le pregunté si pretende seguir los pasos de Juan Pablo II y visitar Tierra Santa, Israel y la ciudad palestina de Belén. El Papa contestó que Peres le ha invitado y que Skorka le propuso hacerlo conjuntamente, como un acto de entendimiento entre el cristianismo y el judaísmo.Juntos pero cada uno en su creencia -subrayó el rabino-, pero ese sería el sueño de mi vida”. El Papa comentó que lo está estudiando y que la idea sería hacerlo a principios del 2014.

Lo más probable es que, de celebrarse esa visita, sea en febrero o, en cualquier caso, antes del final de la presidencia de Peres, en julio del año que viene.

El presidente israelí está convencido de que Francisco puede contribuir de forma notable al acercamiento entre israelíes y palestinos y a la lucha contra el terrorismo. Quizá encabezando una conferencia internacional de líderes religiosos de las principales creencias para que, con su fuerza moral, rechacen aquellos que asesinan en nombre de Dios y declaren que el terrorismo se opone a la fe.

En uno de los programas del arzobispado, Bergoglio declaró: “El fanatismo es un problema ideológico, es una construcción mental que se impone en todo el ser hasta tal punto que yo diría que hasta llega a negar que somos de carne y espíritu. La carne pasa a un lado, domina lo ideológico. Lo que vemos en los casos tanto de los kamikazes como de los guerrilleros suicidas es cómo la propia vida no tiene sentido sino que lo que tiene sentido es la idea que yo me hice. Es un problema ideológico donde el detalle pasa a ser el eje central”.

En las próximas semanas, el presidente palestino, Mahmud Abbas, tiene previsto desplazarse a Roma para reunirse con el presidente italiano, Giorgio Napolitano, y para mantener una audiencia con el Pontífice. Según declararon a este diario fuentes de la Muqata, la sede palestina de Ramala, la intención es presentar una invitación oficial a Francisco.
“Su política será muy equilibrada -insiste Skorka- y tomará en cuenta los derechos de los árabes. Él entiende la importancia del Estado de Israel para el pueblo judío, pero que nadie piense que no tendrá una postura ecuánime en todo lo que concierne a la solución del conflicto”.
Al despedirse de nosotros, el papa Francisco tuvo tiempo para otro gesto de humildad y humor a la vez: “A los invitados hay que acompañarles hasta la calle por dos motivos: para asegurarse de que se van y para que no se lleven nada que no les pertenece”.

Y añadió: “Por favor rezad por mí. Lo necesito”.


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BERGOGLIO DESENMASCARADO
(Junio 2010)

Por el profesor Antonio Caponnetto (*)

El Jesuita


Finalmente, ha salido a la luz el anunciado libro cuyo propósito es trazar una semblanza oficiosa y una biografía autorizada del Cardenal Jorge Mario Bergoglio.

Se trata de un largo reportaje, pautado y ejecutado prolijamente entre los autores y el personaje; y con la plena anuencia del entrevistado quien, además, promueve formalmente la obra desde la Agencia Informativa Católica Argentina. De modo que cuanto allí se dice debe darse por expresamente avalado y refrendado entre las partes. No hay lugar para el proverbial recurso a la descontextualización mal intencionada.

Los reporteros elegidos para tan singular retrato, retratan a la par las preferencias dialoguistas e intimistas del prelado: Sergio Rubín, el circunciso encargado de “los temas religiosos” en Clarín, y Francesca Ambrogetti de Parreño, la psicóloga social de la Agencia Ansa.

Párrafo aparte para el prologuista escogitado por Su Eminencia, el Rabino Abraham Skorka, ferviente justificador de las coyundas homosexuales, pues aunque “la opinión de la Biblia dice que la homosexualidad está prohibida, en una sociedad democrática hay que apelar a informes antropológicos y sociológicos […] Estamos viviendo en una realidad democrática y sabemos perfectamente bien que existen personas que tienen una sexualidad definida en otro sentido respecto de la concepción bíblica” (Cfr. Agencia Judía de Noticias, 30-6-2008, http://www.prensajudia.com/shop/detallenot.asp?notid=19608 ).

La democracia por encima de la Ley de Dios. ¡Presentador acorde a sus criterios políticamente correctísimos se buscó el Pastor!

Son simples los datos bibliográficos de la obra, para quien quiera ubicarla: Sergio Rubín, Francesca Ambrogetti, El Jesuita. Conversaciones con el Cardenal Jorge Bergoglio, S.J, Buenos Aires, Vergara, 2010, 192 ps.

Castellani contaba que el torpón de Franceschi lo reprendió por aquella humorada de “Las Canciones de Militis”, pues –según él- tal título evocaba “Les chansons de Bilithis” de Pierre Louis, un libro presuntamente inmoral. Bergoglio tuvo más suerte, o no, según se mire. Porque El Jesuita es el mismo título de una obra decididamente anticristiana de Rubén Darío, pero nadie le sugirió que lo modificara. La verdad es que al acabar este inicuo libelo bergogliano, la voz otrora impía del nicaragüense parece hallar, al menos en este caso, su justificación más plena:

“Bien: ahora hablaré yo.

Juzga después, lector, tú:

el jesuita es Belcebú

que del Averno salió”.

Jorge Mario Bergoglio. El Jesuita. De él tratan las páginas que a continuación reseñamos. 

Antes era fanfarrón, ahora soy perfecto

Varias obsesiones recorren estas cartillas. Y nada se ha improvisado para darles cauce.

Bergoglio necesita probar que él es un hombre humilde, modesto, austero. Un pibe de barrio que puede hablar de fútbol y de tango –como de hecho lo hace y con abundancia- lo más alejado posible de la imagen tradicional de un Príncipe Cristiano. Acorde con los tiempos y los gustos, y con la línea vulgarizante impuesta por alguno de sus antecesores, lo estimable ya no será el señorío jerárquico sino el muchachismo populista. No la estricta ortodoxia sino la mirada plural, contemporizadora, con calculados barnices de herejía. Tampoco y mucho menos la actitud magistral de quien por ministerio debe ser tenido como Maestro de la Verdad. Por el contrario, lo estimable será la duda, la vacilación, el enjuague, el espacioso mundo donde las ideas se pueden negociar, como quería John Dewey. “Alguien puede pensar que un creyente que llega a Cardenal tiene las cosas muy claras”, le plantea la dupla interrogadora. “No es cierto”, le asegura enfáticamente el interrogado (p. 53). Y en él, tan mísero aserto es verdad pura, patética y funesta.

El modelo a seguir, claro, ya no es el de los eminentes Varones de Cristo, como los Cardenales Pie o Billot, sino el de aquel monsignori tránsfuga que describiera Hugo Wast, en cuya corona se había incrustado una cuarta diadema en señal de adoración hacia la democracia. No prediquemos entonces el deber de batirse por la Verdad Única, Crucificada e Indivisa, sino “la aceptación de la diversidad que nos enriquece a todos” (p. 169). No la Verdad Revelada sino las verdades múltiples y consensuadas “con diálogo y amor” son “la celebración” preferida por el obispo (p. 169).

Concorde con este clima intelectual y moral se presenta “prefiriendo el simple traje oscuro a la sotana cardenalicia” (p. 18), hincha de San Lorenzo, buen cocinero, antiguo bailarín de milonga (p.120) y ex laburante en un laboratorio (capítulo dos). Y por eso, verbigracia, interrogado acerca del ocio, no recurre para definirlo a los seguros autores clásicos que de él se ocuparon, ni a los modernos como Pieper o Guardini, que dice haber estudiado, sino a Tita Merello cantando: “che fiaca, salí de la catrera” (P. 37). Dar pruebas de “normalidad” para Bergoglio, no es apelar a lo normativo y eximio sino a lo que abunda, a lo populachero y sensibloide. Ser hijo del Siglo, diría Ernest Hello.

Nadie podrá escribir de él lo que se anotó del Quijote, para su gloria: “parecíales otro hombre de los que se usaban”. No; él es un hombre bien ad usum: vulgar, ordinario, arrabalero, pluralista y prosaico. Moderno. Y en esto, según su errática perspectiva, está la prueba de su obsesiva humildad y de su progreso espiritual en el arte de aprender a superar los defectos.

El Rabino Skorka lo pondera desde el comienzo, no sólo como alguien con quien trabó “la verdadera amistad” que “define el Midrash”, sino como un modelo de humildad, ya que “todos coincidirán en la ponderación del plafón (sic) de humildad y comprensión con que encara cada uno de los temas” (ps.10-11).

Bergoglio deja correr insensatamente el juego del “bajo perfil”, sin querer advertir la paradoja –y aún el pecado- de esta autocomplacencia infatuada en ser descripto como un sencillo y componedor bonachón. La egolatría de mostrarse cual l’uomo qualunque sigue siendo manifestación de la soberbia, no por la naturaleza de lo que se ostenta sino por vicio de la ostentación. Pero esta es, como decimos, una de las obsesiones psicológicas del biografiado: que se lo perciba como un hombre del montón; alguien que continúa “viajando en colectivo o en subterráneo y dejando de lado un auto con chofer” (p. 17).

No son pocas las veces en que los periodistas interrogadores –salvajemente indoctos en materia religiosa- le regalan este tipo de ponderaciones. Y Bergoglio las acepta, con esa fanfarronería del humilde profesional que decía Jorge Mastroianni. Desechando el consejo ignaciano de contemplar la rebelión de los ángeles caídos, para evitar que nos suceda como a ellos, que “veniendo en superbia, fueron convertidos de gracia en malicia”. (E.E, 50).

Porque ¿quién que tenga realmente esa “corona y guardiana de todas las virtudes”, como llamó San Doroteo de Gaza a la humildad, daría su anuencia para que se publiquen páginas y páginas ensalzando la posesión de este don? ¿Quién, que a fuer de genuinamente humilde, practicara ese “laudable rebajamiento de sí mismo” que pedía Santo Tomás, erigiría en vida su propio monumento a la humilitas? ¿Quién veramente abocado a la nadidad evangélica -en preciosa expresión de San Buenaventura- podrá contratar a un puñado de escribas para que le canten la palinodia de su arrollador recato? ¿Quién que no tuviera ese “brote metafísico de la soberbia intelectual que es el principio de la inmanencia”, según clarividente análisis de García Vieyra, prohijaría que se dijera de sí mismo que “su austeridad y frugalidad, junto con su intensa dimensión espiritual, son datos que lo elevan cada vez más a su condición de papable”? (p. 15) ¿Creerá de veras Bergoglio que a la tierra del subte y del colectivo se refería San Isidoro cuando definió al humilde en sus Etimologías como el quasi humo acclinis, o inclinado a la tierra? ¿Creerá de veras que alguien más que Jesucristo puede decir de sí mismo: “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt. 11, 29)?

A Bergoglio le sucede lo que al protagonista del chascarrillo aquel que desenmascara la petulancia invencible del porteño. A la hora de aclarar lo mucho que ha mejorado su vida moral, le dice a su imaginario interpelador: “antes era fanfa, ahora soy perfecto”.

Dejate “sinagoguear” por el mundo

Amigo de neologismos y de chabacanerías, el Cardenal supo acuñar entre otras zarandajas, aquello de “dejate misericordear por Cristo”. Pero él –un exponente más del judeocatolicismo oficial, hoy dominante- ha preferido en principio, dar y recibir las ternezas de los deicidas.

Se cuentan por decenas los gestos judaizantes del Primado, de los que pueden dar clara y ominosa cifra su pública amistad con los rabinos Sergio Bergman y Alejandro Avruj, al primero de los cuales prologó su libelo “Argentina Ciudadana”, y al segundo entregó el Convento de Santa Catalina en noviembre de 2009 para que festejara la impostura de “La noche de los cristales rotos”. Y ambos hebreos, al igual que el prologuista Skorka, explícitos justificadores de la sodomía. El fantasma contranatura de Marshall Meyer los protege a todos, y a todos reúne bajo el humo desolador de Gomorra.

Mas aquí estamos ante la segunda obsesión del Cardenal. Se ha impuesto probar su afinidad y su afecto con el mundo israelita; y no conforme con las definiciones eclesiales públicas dadas en tal sentido, abunda ahora en El Jesuita, en testimonios menores, intencionalmente escogidos para agradar al Sanedrín.

Los reporteros –a cuya tribal insipiencia teológica ya hemos aludido- le plantean como una objeción para la aceptación de la Fe Católica, el hecho de que “el principal emblema del catolicismo es un Cristo crucificado que chorrea sangre” (p. 41). “Usted no puede negar” –le reprochan cortésmente- “que la Iglesia destacó en sus dos milenios al martirio como camino hacia la santidad” (p. 42).

Cabían varias y bien sazonadas respuestas católicas, todas ellas partiendo del enfático rechazo de la infame petición de principios de los periodistas, según la cual, la sangre y el martirio son piantavotos, y eso explicaría el alejamiento popular de la Iglesia. Cabía una lección magnífica sobre “la sangre por amor a la Sangre” de Santa Catalina de Siena, y el valor inabolible del martirio con efusión sanguínea para conquistar el cielo por asalto, como rezan los Evangelios. Cabía, en suma, decirles a los escribas con sus propias palabras: ”No, por supuesto, yo no puedo ni debo negar que la Iglesia destacó en sus dos milenios al martirio como camino hacia la santidad. Y no puedo ni debo negarlo porque es la pura y gloriosa verdad que la Iglesia siempre ha enseñado y siempre enseñará”.

Pero no; Su Eminencia no elige ninguna respuesta católica. Sostiene sin rubores que “asociar con lo cruento” al martirio, ligarlo con la idea de “dar la vida por la Fe”, es la consecuencia de que “el término [martirio] fue achicado” (p. 42). El peculiar “achicamiento” consistiría, nada más y nada menos, que en llevar hasta el extremo previsto y deseable las enseñanzas de Jesucristo: “Todo el que pierda su vida por mí la ganará” (Mt. 10, 39). Lo que para la Iglesia fue su corona; esto es, que el discípulo se asemeje a su Maestro aceptando libremente la donación de la propia vida, para Bergoglio es su empequeñecimiento, su reducción, su “achique”.

En consecuencia, él se inclina por “La Crucifixión Blanca, de Chagall, que era un creyente judío; no es cruel, es esperanzadora. A mi juicio es una de las cosas más bellas que se pintó” (p. 41). Esta “cosa más bella”, según declaró el mismo artista en 1938, es un Cristo rodeado de ornamentos, personajes, objetos y simbolismos judaicos en homenaje a las víctimas de los nazis, quienes expresamente aparecen como los verdugos del Señor, por ser judío. En la línea de otros dogmáticos de la Shoa, el cuadro de Chagall desplaza el centro del holocausto, de Jesucristo a las presuntas víctimas de Hitler. Se trata, pues, de una profanación hebrea del Santo Sacrificio de la Cruz. Pero para Bergoglio es “la” pintura (p. 120).

En la misma línea ideológica, y para seguir avivando el fuego semita, Su Eminencia sale del ámbito espiritual y artístico para recalar en el terreno moral.

Con un simplismo impropio de un hombre de estudio, y con un relativismo aún más impropio en un hombre de Fe, sostiene que “antes se sostenía que la Iglesia Católica estaba a favor [de la pena de muerte] o, por lo menos, que no la condenaba”. Pero ahora en cambio, merced al progreso de la conciencia, se sabe que “la vida es algo tan sagrado que ni un crimen tremendo justifica la pena de muerte” (p. 87).

Entendamos el argumento evolucionista de Bergoglio para valorar adecuadamente lo que dirá después. La aceptación de la licitud de la pena de muerte -que aparece taxativamente exigida como tal, tanto en las páginas vetero y neotestamentarias como en un sinfín de doctrineros católicos y de textos pontificios- debe percibirse como un déficit, un tramo oscuro en el devenir de la conciencia que busca la luz. Lo mismo se diga de las sociedades. En la medida en que “la conciencia moral de las culturas va progresando, también la persona, en la medida en que quiere vivir más rectamente, va afinando su conciencia y ese es un hecho no sólo religioso sino humano” (p. 88).

Para el Cardenal, está claro, no por un análisis per se del hecho, que lo valore inherentemente, sino por la evolución de la conciencia, tanto la Iglesia como la Humanidad saben hoy que la pena de muerte debe ser rechazada. Clarísimo caso de aquella ruinosa cronolatría que protestara Maritain en Le Paysan de la Garonne. Pero entonces, ¡cómo no deplorar, en consecuencia, aquellos momentos aún involutivos en los que se juzgó erróneamente que algo podría justificar la pena de muerte, incluso “un crimen tremendo”! ¡Cómo no maldecir los tiempos eclesiales y sociales en los que la conciencia aún juzgaba que bajo determinadas condiciones, circunstancias y requisitos era legítima la aplicación del castigo capital!

Este era el sequitur lógico del razonamiento bergogliano. Pero un tema irrumpe en el diálogo y la ineluctable evolución de la conciencia se puede permitir una excepción. ¿Y cuál será ese tema? Dejémoselo explicar al interesado: “Uno no puede decir: ‘te perdono y aquí no pasó nada’. ¿Qué hubiera pasado en el juicio de Nüremberg si se hubiera adoptado esa actitud con los jerarcas nazis? La reparación fue la horca para muchos de ellos; para otros la cárcel. Entendámonos: no estoy a favor de la pena de muerte, pero era la ley de ese momento y fue la reparación que la sociedad exigió siguiendo la jurisprudencia vigente” (p. 137).

El pequeño detalle –advertido precisamente por los kelsenianos de estricta observancia- de que “la ley de ese momento”, vigente positivamente en Alemania, no volvía criminales a los jerarcas nazis, se le olvida al Cardenal. El otro detalle más “pequeño” aún, de que en Nüremberg no se dejó tropelía legal por cometer, ni aberración jurídica por aplicar, ni derechos humanos de los acusados por conculcar, ni tortura aborrecible por aplicar, ni mentira por aducir, tampoco cuenta. Ese otro detallecito de que la horca y el tormento atroz para los germanos no fue “la reparación que la sociedad exigió” sino la venganza monstruosa de la judeomasonería, tras los triunfantes genocidios de los Aliados, en Hiroshima y Nagasaki, ninguna importancia tiene. El Cardenal está en contra de la pena de muerte, pero si van a matar nazis seamos comprensivos y hagamos una excepción hermenéutica. ”Era la ley de ese momento”, caramba. La evolución de la conciencia podía esperar un ratito más.

El Cardenal, además, como feligrés y miembro dirigente del judeocristanismo, ya tiene dónde tranquilizar sus escrúpulos, supuesto que le acometieran. “Hace poco” –les confía a sus socios biográficos- “estuve en una sinagoga participando de una ceremonia. Recé mucho y, mientras lo hacía, escuché una frase de los textos sapienciales que nos recordaba: ’Señor, que en la burla sepa mantener el silencio’. La frase me dio mucha paz y mucha alegría” (p. 151).

Lo que no sabemos es si Su Eminencia se refiere a la burla propia o a la que él le propina a Jesucristo al visitar obsecuentemente la morada de los negadores de su divinidad y artífices de su asesinato. Porque el prete podrá hacer silencio ante la merecida chacota que lo tenga por objeto, pero Dios no se deja burlar (Gál. 6, 7). Y el día en que regrese en pos de Su Justicia irrefragable y definitiva, los que se pasaron la vida sinagogueando, a fuer de felones, sabrán qué quería decir Marechal cuando mentaba en el Altísimo “la vara de hiel de su rigor”.

Marxistas buenos y católicos malos

En plena concordancia con lo hasta aquí exhibido –reiterémoslo: una pseudohumildad grotesca y un criptojudaísmo vergonzoso- Bergoglio saca a relucir su tercera obsesión. Consiste la misma en mostrarse ponderativo y encomiástico con los enemigos de la Iglesia, omitiendo todo el vejamen y todo el daño inmenso que los mismos le han infligido y le siguen infligiendo a la Esposa de Cristo. En el trazo maniqueo de su criterio –que él pretende encubrir bajo las apariencias de lo ecuánime- a este polo de positividad sólo puede oponérsele uno de simétrica negatividad; y el mismo, curiosamente, está encarnado en los católicos. No en todos, claro, sino en los “fundamentalistas”. Hablemos claro: en los católicos ortodoxos.

Un primer ejemplo de bondad enemiga lo constituye Esther Balestrino de Careaga.

Para quienes no lo sepan, esta mujer –junto con todo su grupo familiar- era una activa militante del terrorismo marxista, procedente del Paraguay. Bajo el sosías de “Teresa” integró las primeras células que constituyeron la Agrupación Madres de Plaza de Mayo, recibiendo hasta hoy los homenajes laudatorios incesantes de la desaforada Hebe de Bonafini. (cfr.vg.http:/http://www.paginadigital.com.ar/articulos/2002rest/2002seg/entrevistas/hebe26-2.html)

No creemos que en la Argentina del presente haya un solo ciudadano que necesite que se le explique –cualquiera sea su posición ideológica- cuál es la verdadera misión que han cumplido y cumplen las llamadas “Madres de Plaza de Mayo”. Su adscripción a la guerrilla marxista internacional, y no sólo argentina, es explícita, frontal, sostenida, virulenta y particularmente belicosa.

Pero para Bergoglio, esta “simpatizante del comunismo” (sic) se trató de “una mujer extraordinaria”, a quien “quería mucho […] Me enseñaba la seriedad del trabajo. Realmente le debo mucho a esta mujer […] Fue raptada junto con las desparecidas monjas francesas. Actualmente está enterrada en la Iglesia de Santa Cruz” (p. 34). “Tanto me enseñó de política” (p. 147-148).

Iniquidades de los tiempos de los que Su Eminencia deberá rendir cuentas. No hay templos que alberguen los cuerpos acribillados de los civiles o militares católicos a quienes abatió el odio criminal del Comunismo. Pero una iglesia puede ser entregada a las bandas erpianas y montoneras, para que la conviertan en su bastión y en su cementerio. Y el responsable de tamaña profanación lo vive como un logro y una fiesta.

La segunda bondad encarnada es, para Bergoglio, la mismísima Bonafini. Los periodistas se la mencionan dándole pie para alguna observación crítica, para algún llamado tenue de atención, para algún módico tirón de orejas, habida cuenta de la aversión patológica que esta infame mujer viene desplegando desde hace décadas, cada vez con más desenfreno e insolencia.

“Hay también quienes ven actitudes de revanchismo”, le espetan los escribas. “Por caso, la presidenta de las Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini”. Lo que le están queriendo preguntar es, en suma, si actitudes rencorosas y vengativas como la de este monumento al odio “ayudan a la búsqueda de la reconciliación” (p. 139). Y se lo están inquiriendo, no un par de macartistas, sino dos mascarones de proa de la izquierda nativa, de los tantos que hoy se sienten perturbados ante esta abisal frankestein que han creado y ya no pueden controlar.

El Cardenal no admite las premisas implícitas y explícitas contenidas en el interrogante de los reporteros. Quien ya ha hecho el elogio de los desaparecidos, como si la condición de tal probara su inocencia y la justicia de su causa, justificará ahora plenamente a Bonafini: “Hay que ponerse en el lugar de una madre a la que le secuestraron sus hijos y nunca más supo de ellos, que eran carne de su carne; ni supo cuánto tiempo estuvieron encarcelados, ni cuántas picaneadas, cuántos latigazos con frío soportaron hasta que los mataron, ni cómo los mataron. Me imagino a esas mujeres, que buscaban desesperadamente a sus hijos, y se topaban con el cinismo de autoridades que las basureaban y las tenían de aquí para allá. ¿Cómo no comprender lo que sienten?” (p. 139).

Hubo otras muchas mujeres –esposas, madres, hijas, novias, hermanas- a quienes los múltiples retoños de Bonafini asesinaron a mansalva. Mujeres cuyo dolor no subsidió el Estado, cuyo luto no financió la Internacional Socialista, cuyo llanto no rentaron los terrorismos estatales soviético o cubano, cuya venganza monstruosa no prohijó el oficialismo, cuyo rencor satánico no respaldó la jurisprudencia del Poder Mundial. Para estas mujeres heridas, anónimas y silentes, a quienes las actuales autoridades “basurean”, Su Eminencia no tiene una palabra de comprensión ni de consuelo. Tampoco para los cientos de soldados arbitrariamente detenidos por la tiranía kirchnerista, detrás de cada uno de los cuales existen otras muchas centenas de mujeres –católicas prácticas en gran número- a quienes se les ha cercenado la jefatura del hogar.

Hay más “buenos” previsibles nombrados al pasar. Angelelli, Mugica, los palotinos, las monjas francesas, los curas tercermundistas con el Padre Pepe Di Paola a la cabeza (p. 106), los grandes heresiarcas “Hesayne, Novak y De Nevares” (p. 140), los “teólogos de la liberación” que “se comprometieron como lo quiere la Iglesia y constituyen el honor de nuestra obra” (p.82), los redactores de “Nuestra Palabra y Propósitos”, publicaciones ambas del Partido Comunista (p. 48), y hasta el mismísimo Casaroli, a quien insensatamente pone de ejemplo (p. 78), omitiendo que fue el artífice de aquella siniestra y ruinosa felonía denominada Ostpolitik. Para el glorioso Cardenal Mindszenty (cada llaga recibida en las cárceles comunistas lo nimbó de gloria) Casaroli era la imagen negra y enlodada de la “Iglesia de los Sordos”, negociadora ruin de la sangre mártir. Para Bergoglio, Casaroli es un modelo de la “Iglesia Misionera” (p. 78).

“Helada y laboriosa nadería, fue para este jesuita” la Barca de Pedro, diría Borges de Su Eminencia, perdonando por contraste y post mortem a Gracián. Porque en rigor, tanto sorprende la gélida conducta con la que encomia a los peores lobos, como la nadidad a la que reduce a quienes debería tener por arquetipos, si fuera un verdadero creyente. Los óptimos, para el obispo, están cruzando la raya de la Iglesia y confrontando con Ella.

Al fin, y como anticipábamos, si los buenos de la cinematografía bergogliana son todos rojos, aquellos pasibles de reproches y de acrimonias son ciertos católicos claramente identificables como tradicionalistas, o simplemente católicos, apostólicos y romanos. Por ejemplo, los que esperaban que Benedicto XVI criticara “al gobierno de Rodríguez Zapatero por sus diferencias con la Iglesia en varios temas”, como el “del matrimonio entre homosexuales”, sin darse cuenta de que “primero hay que subrayar lo positivo, lo que nos une” (p. 80). Qué puede unir a un católico con un gobierno manifiesta y exacerbadamente anticatólico, no se aclara. Pero la intención es evidente: Zapatero tiene cosas “positivas” que nos permitirían “el caminar juntos” (p. 80). Los desviados son los fundamentalistas que anhelan que el Vicario de Cristo condene a un rufián y a un régimen político en el que Satán se enseñorea a su antojo.

Otros católicos impresentables son los preocupados por “si hacemos o no una marcha contra un proyecto de ley que permite el uso del preservativo” (p. 89). “Con ocasión de la llamada Ley de Salud Reproductiva, algunos grupos de élites ilustradas de cierta tendencia querían ir a los colegios para convocar a los alumnos a una manifestación contra la norma porque consideraban, ante todo, que iba contra el amor […] Pero el Arzobispado de Buenos Aires se opuso a que los chicos participaran por entender que no están para eso. Para mí es más sagrado un chico que una coyuntura legislativa […] De todas maneras, aparecieron algunos colectivos con alumnos de colegios del Gran Buenos Aires. ¿Por qué esta obsesión? Esos chicos se encontraron con lo que nunca habían visto: travestis en una actitud agresiva, feministas cantando cosas fuertes. En otras palabras, los mayores trajeron a los chicos a ver cosas muy desagradables” (p. 90).

Es curioso el razonamiento de Su Eminencia. Por lo pronto, minimizando los alcances y los fundamentos de la Ley de Salud Reproductiva, claramente encuadrable en lo que Roma condena como “cultura de la muerte”. El vocero de esta medida, Ginés González García, Ministro de Salud de Néstor Kirchner, no dejó un solo instante de manifestarse agresivamente contrario al Magisterio de la Iglesia, ni de exteriorizar socarronamente su contento porque con tal disposición legal se coronaba la embestida contra la moral cristiana. La sociedad entera lo recuerda aún con estupor –a él y a su mandante- difamando, calumniando y persiguiendo a Monseñor Baseotto, por haber osado recordarle las prescripciones evangélicas pertinentes.

Sin embargo, tamaña embestida legal contra el Orden Natural, tamaño intento orgánico y oficial por alterar la Ley de Dios, tamaño proyecto gramsciano opuesto al Decálogo, tamaña revolución cultural de inequívoco signo marxista, sería apenas para Bergoglio “una coyuntura legislativa” contra la que no vale la pena movilizar a la juventud tras las clásicas banderas del catolicismo militante.

¿No advierte el Cardenal que ese “chico” que le resulta “sagrado” es el primer damnificado de esta “coyuntura legislativa” contra la cual no desea que se combata? ¿No advierte asimismo que si la ley inicua no se detiene, ese “chico sagrado” empezará por no poder nacer, por ser abortado, o por no poder ser criado en un hogar con padre y madre? ¿No advierte, al fin, que la susodicha Ley de Salud Reproductiva, forma parte de un proyecto mayor, que lejos de ser una mera coyuntura legislativa que “va contra el amor”, instala coactivamente una cosmovisión radicalmente opuesta y contraria a la moral cristiana?

Los “malos”, los merecedores del repudio y de la condena, no son para Bergoglio los gobernantes y sus aliados que promulgan este tipo de normas inicuas, sino los “grupos de élite ilustrada”, los católicos pro vida, que quieren movilizarse con sus familias para hacerle frente a tamaña iniquidad. Y en el colmo del desbarre conceptual, el Cardenal, en vez de encomiar el celo de esos hogares misioneros y de instar a los jóvenes al heroísmo y al testimonio gallardo, juzga la actitud católica como una “obsesión” y aún como una imprudencia. ¡Los “chicos” fueron llevados “a ver cosas muy desagradables”! ¿Es que hay algo más desagradable que pudiera ver un joven, que la ruina de su patria y del lugar santo, sin intentar siquiera una reacción vigorosa y entusiasta? ¿Es que la culpa de la desagradable visión no la tienen los degenerados que arman el espectáculo indecente de su impudicia, sino los que instamos a concurrir a todos en defensa del Bien?

Su Eminencia nunca podría haber escrito ese maravilloso elogio que hizo Eugenio D’Ors al gesto impar de Ananías, Azarías y Misael, pidiendo para sus propios hijos que “en el horno ardiente de la España roja” fueran capaces de ofrendar sus vidas por la Realeza de Cristo. Maldito el profeta Daniel que no comprendió que estos tres muchachos son más sagrados que la “coyuntura legislativa” de Nabucodonosor. Así razona el Primado.

Malos son también los católicos “restauracionistas, para los cuales la Patria es aquello que recibí y que tengo que conservar tal como la recibí”, cuando “todo patrimonio debe ser utópico”, porque “las utopías hacen crecer” (p. 112-113).

Alérgico al uso de la palabra “nacionalista” –“de una persona que ama el lugar donde vive no se dice que es […] un nacionalista (p. 164)- , el Cardenal rechaza de plano al Nacionalismo Católico cuando alude al restauracionismo, y brega neciamente por el utopismo, esa herejía perenne que con sobrados fundamentos desenmascarara Thomas Molnar.

Véase si no esta innecesaria referencia. Cuando se repatriaron los restos de Rosas “los nacionalistas se apropiaron de este hecho y lo transformaron en un acto sectario […] Hasta el cura que rezó el responso se colocó [el característico poncho rojo]; se lo colocó arriba de la sotana, algo aún más desacertado, porque el sacerdote debe ser universal” (p. 110).

Bergoglio debería saber que el restauracionismo que rechaza tiene su fundamento en San Pío X, y que a él han remitido siempre sus desdeñados nacionalistas para proponerse la empresa de restaurar en Cristo una patria que en Cristo nació. Debería saber igualmente que el anhelo de conservar la patria tal cual la recibimos, es un mandato del Génesis no de Mussolini, y que el Apóstol no predicó “guardad las utopías” sino “conservad las tradiciones”.

Debería saber, además, que la repatriación de los restos de Rosas no fue un acto del que se apoderaron los nacionalistas –que tenían todo el derecho del mundo a hacerlo- sino que manejó discrecionalmente, desde el principio al final, el gobierno que entonces tomó la decisión política de traer al Restaurador de las Leyes. Otros fueron los sectarios en aquellas jornadas. Precisamente quienes adscriptos a vetustas sectas y logias masónicas pretendieron deslegitimar la repatriación del Héroe. Pero para ellos no llegan las reprimendas.

Si el Cardenal repasara a San Pablo, se encontraría con la Carta a los Hebreos (10, 32), diciendo: “Traed a la memoria los días pasados, en que después de ser iluminados, hubisteis de soportar un duro y doloroso combate”. Y comprendería por qué los nacionalistas –que soportamos un duro y doloroso combate por desagraviar la memoria de Rosas- sentimos como propia la repatriación de sus restos, a pesar de que el Menemismo no fue nunca otra cosa que una pluriforme cloaca. Pero sentir y vivir algo como propio, no significa apropiárselo sectariamente.

Este agravio gratuito al Nacionalismo Católico, halla su canallesco estrambote en el ataque al Padre Alberto Ezcurra, el aludido cura de poncho rojo que le rezó a Don Juan Manuel el responso más apoteósico y vibrante del que tengamos memoria.

Verdaderamente, llama la atención tanta infamia. El “Padre Pepe” –uno de los confesos ídolos del Cardenal- va vestido con deliberado aspecto de zaparrastroso. Idéntica facha marginal y rotosa adopta como un emblema la clerecía progresista de todo pelaje. Del modo más aseglarado y secularizante va disfrazado el grueso del clero cuya disciplina depende teóricamente del Arzobispo. Y hasta los altos dignatarios de la Jerarquía –Su Eminencia incluido- no portan más que un traje de calle, en las antípodas del hábito talar cuya preferencia y dignidad predicara obstinadamente, entre otros, Juan Pablo II. Pero al Cardenal Bergoglio lo único que le molesta es el poncho federal del Padre Alberto Ezcurra. Lo único que le parece “un desacierto” es que un destacadísimo sacerdote patriota ande emponchado como supo hacerlo Brochero o Fray Luis Beltrán. Que ese poncho insigne –con el que fueron al combate los criollos de ley y sus viriles capellanes, sirviendo de pendón y de mortaja a tanto paisanaje fiel- le parezca al Cardenal que le “quita universalidad al sacerdote”, lo único que prueba es la profunda desafección que tiene de nuestras genuinas raíces nacionales. Y el desconocimiento de aquel axioma clásico que sintetizara Tolstoi: ”pinta tu aldea y serás universal”.

¿Debe extrañarnos? Quien puede lo más puede lo menos. Criptojudío, filomarxista, pro tercermundista, propagador de heterodoxias –de manera formal, externa, pública y notoria- ¿por qué no habría de menospreciar a un cura gaucho y patricio, rezándole un responso a Rosas, ataviado con su poncho punzó, cruzando la vieja, gastada y noble sotana? ¿Por qué la aristocracia de este gesto sacerdotal habría de sintonizar con el plebeyismo más rancio que él ostenta cotidianamente?[1]

El Colaboracionista

Hemos dejado para el final la obsesión central y recurrente de este libro. Posiblemente su causa eficiente y uno de sus principales motores.

Aunque con toda deliberación no se lo menciona, el fiero y terrible replicado en El Jesuita es Horacio Verbitsky. Porque fue y es este sicario mendaz quien más lo hostilizó a Bergoglio inventándole un pasado supuestamente derechista, un presente opositor antikirchnerista y unos antecedentes o comportamientos que lo vincularían con el Proceso. En suma, para Verbitsky, el Cardenal sería culpable del mayor de los males concebibles en todos los tiempos, períodos, latitudes y esferas: no haber hecho nada a favor de los desaparecidos, convirtiéndose así en aliado de la represión militar.

A efectos de replicar esta especie –que para un hombre como Bergoglio es mucho más grave que si lo acusaran de calvinista, de arriano, de sacrílego o de invertido- lo primero que hace es comprar el paquete entero de la historia oficial elaborada por el marxismo dominante. Y demostrar, además, que el paquete comprado le merece plena confianza.

Por eso los elogios a la terrorista paraguaya, la amplísima comprensión y ninguna condena a la Bonafini y su banda comunista, las majaderías hacia el clero tercermundista, la aquiescencia frente a la Teología de la Liberación, las decenas de contemporizaciones con el marxismo, los intencionales aplausos a los “luchadores por los derechos humanos”, y la canonización del clero y del monjerío partícipes activos de la Guerra Revolucionaria. Por eso el guiño constante de aprobación para los nombres de Mugica, Angelelli, Argibay oZaffar oni, y el llanto y rechinar de dientes para las Fuerzas Armadas y de Seguridad.

En los disturbios del 20 de diciembre de 2001 -causados, sin duda, por el nefasto gobierno de De la Rua-, varios policías cayeron salvajemente agredidos por la turbamulta de piqueteros que invadió la Plaza de Mayo. Uno de ellos fue literalmente linchado, sin que sus compañeros pudieran rescatarlo a tiempo. Bergoglio, que observaba los trágicos sucesos, sólo vio lo que quiso. “Llamó al Ministro del Interior […] para detener la represión […] al ver desde su ventana en la sede del Arzobispado cómo la policía cargaba sobre una mujer” (p.18). Es apenas un primer ejemplo, pero el maniqueísmo ideológico queda retratado; y el servilismo al pensamiento único también. La policía represora es siempre malvada. Los manifestantes populares son fatalmente buenos.

“Durante la última dictadura militar –cuyas violaciones a los derechos humanos, como dijimos los obispos, tienen una gravedad mucho mayor ya que se perpetran desde el Estado- hasta se llegó a hacer desaparecer a miles de personas. Si no se reconoce el mal hecho, ¿no es eso un modo extremo, horripilante, de no hacerse cargo?” (p. 138).

Es apenas un segundo ejemplo, pero bien que representativo. El mito basal de las izquierdas es asumido íntegramente por el discurso oficial del Cardenal. El “Proceso” fue una “dictadura”; el Estado Argentino fue terrorista (pero no así los Estados Cubano, Soviético y Chino que sostenían la guerrilla); los desaparecidos se convierten en incuestionables seres en virtud de la inmoralidad del procedimiento que los hizo desaparecer; y el metro patrón para medir la maldad de un gobierno es la violación a los derechos humanos, concebidos ya sabemos cómo: como se conciben desde la Revolución Francesa hasta la Revolución Bolchevique.

Esta es, pues, la obsesión hegemónica de Su Eminencia. Que se lo tenga por un hombre políticamente correctísimo, depósito y heraldo del pensamiento único, lo que implica, en primer lugar, haber combatido “la Dictadura” y cooperado con sus “víctimas”. Gran parte del capítulo trece esta dedicado a probarlo. “A mi me costó verlo [se refiere al sistema represivo], hasta que me empezaron a traer gente y tuve que esconder al primero” (p. 141).

Su Eminencia, claro, da por sentado lo que los reporteros y el imbecilizado público en general acepta a priori y sin condicionamientos: que el escondido era un joven idealista, perseguido injustamente por las brutales fuerzas del orden. La posibilidad de que estos escondidos, al igual que los palotinos y las monjas francesas –a cada rato llorados por Bergoglio- fueran activistas guerrilleros, ideólogos o cómplices activos de la Guerra Revolucionaria que asolaba a la Nación, ni se le pasa por la cabeza. Ni siquiera ante la abundancia de constataciones que hoy permiten saberlo.

Nada le importan la verdad ni el juicio ecuánime sobre los hechos pasados. Su conciencia no sufre mella alguna con mirada tan unilateral y tendenciosa. Los militares eran artífices de “la paranoia de caza de brujas” (p. 149). Sea anatema su obrar, sin matices. Sus perseguidos, en cambio, –como los dos “delegados obreros de militancia comunista” (p.148) por los que procuró interceder y rescatar- son presentados amorosamente como “los dos chicos” de una “viuda” que “eran lo único que tenía en su vida” (p.148). Inofensivos chicos los guerrilleros. Paranoicos cazadores de brujas los militares. ¿Se necesita algo más para insertarse en la burda dialéctica de la historia oficial?

Huero de toda templanza en los juicios, y asustado cuanto ansioso por demostrar que estuvo en el bando de los derechos humanos, lo que le importa a Bergoglio es cohonestar cuanto antes la versión instalada: la represión castrense fue repudiable, todo el que la padeció merece ser defendido, protegido y homenajeado por la Iglesia. Es más, la Iglesia se justifica y se lava en la medida en que pueda demostrar que, durante aquellos años, estuvo del lado de los perseguidos por las Fuerzas Armadas, y tuvo sus propios “mártires” causados por la soldadesca procesista.

Por eso el empeño de Bergoglio en narrar con detalles cómo “en el Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, en San Miguel, escondí a unos cuantos” (p. 146), resultando ser hasta “los largos ejercicios espirituales” en el instituto “una pantalla para esconder gente” (p.147). Cómo “luego de la muerte de Angelelli” (a cuyo homenaje cuenta haber asistido) “cobijé en el Colegio Máximo a tres seminaristas de su diócesis” (p.146). Cómo sacó del país “por Foz de Iguazú, a un joven que era bastante parecido a mí, con mi cédula de identidad, vestido de sacerdote, con el clergyman y, de esa forma, pudo salvar su vida” (p.147). Cómo hizo todo lo posible por liberar a “dos delegados obreros de militancia comunista”, por cuya vida le había pedido que mediara Esther Balestrino de Careaga (p. 148).

Entusiasmado por dar noticias de sus proezas a favor del partisanismo marxista, Bergoglio ni siquiera repara en que está confesando públicamente la comisión de delitos. Hasta que llega al punto central de su riña con el incalificable Verbitsky, y entonces jura y rejura, en largas parrafadas, (p. 148-151) que estuvo siempre del lado de Yorio y Jalics, dos de los tantos jesuitas que fungieron de apoyo –intelectual y físico- a los planes de la Guerra Revolucionaria.

Son páginas sin desperdicio para medir el fondo del pecado y del temor servil al que ha llegado este desventurado pastor. Su afán de mostrarse colaboracionista del Marxismo alcanza aquí a su punto culminante. Porque esta es la tragedia veraz que no podrán seguir ocultando los artesanos del lavado de cerebro colectivo.

Durante aquellos años, la patria argentina fue blanco de una guerra, declarada, conducida y financiada por el Internacionalismo Marxista, como parte del programa total de la Guerra Revolucionaria. En esa contienda, Bergoglio estuvo del lado de los enemigos de Dios y de la Patria.

Con cálculo preciso, y para que la delimitación de posiciones ideológicas ya no admita vacilaciones, se le cede la palabra a Alicia Oliveira. Por si algún lector desprevenido no registrara a esta vieja militante izquierdista, los escribas nos la presentan de este modo: “Firmante de cientos de habeas corpus por detenciones ilegales y desapariciones durante la última dictadura, se desempeñó como letrada e integró la primera comisión directiva del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), una de las más emblemáticas ONGs dedicada a luchar contra las violaciones a los derechos humanos […] Con la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia [se desempeñó] como Representante Especial para los Derechos Humanos de la Cancillería” (152).

Y Oliveira habla. Declara su “larga amistad” con el Cardenal “que la terminaría convirtiendo en una testigo calificada de buena parte de la actuación de Bergoglio durante la dictadura militar” (p. 152). Cuenta que, dada su ostensible inserción en los planes de la guerra revolucionaria -que ella llama eufemísticamente “compromiso con los derechos humanos” (p.153)- el Cardenal “temía por mi vida” y le ofreció el Colegio Máximo como aguantadero. Cuenta cómo confió sus cuitas a Carmen Argibay –entonces Secretaria del Juzgado de Oliveira- y cómo “tras la caída del gobierno de Isabel Perón” sus “reuniones con Bergoglio se hicieron más frecuentes” (p. 153). También sus coincidencias ideológicas sobre “los militares de aquella época” (p. 154), y la necesidad de salvarles la vida a quienes ellos perseguían (ídem).

“Yo iba con frecuencia, los domingos, a la Casa de Ejercicios de San Ignacio, y tengo presente que muchas de las comidas que se servían allí, eran para despedir a gente que el padre Jorge sacaba del país […] Bergoglio también llegó a ocultar una biblioteca familiar con autores marxistas” (p. 154).

Emocionada con los altos y muchos servicios que su amigo, el Padre Jorge, prestaba a la causa, Oliveira recuerda que no sólo puso el Colegio Máximo al servicio del ocultamiento de los zurdos, sino la misma Universidad del Salvador, pues “muchos nos fuimos a resguardar allí” (p. 155). Ella, en efecto, dictaba Derecho Penal con Eugenio Zaffaroni, y “en sus clases hablaba con libertad”, analogando la “ley de ordalía” –que “los alumnos me decían que eso era horroroso”- “con lo que estaba pasando en el país” (p. 155).

Una anécdota más le sirve a Oliveira para su apología de Bergoglio. Como el sodomita Zaffaroni estaba empeñado en traer al país a Charles Moyer, ex Secretario de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, al solo objeto de que fogoneara la eterna acusación contra las Fuerzas Armadas argentinas, y encontraba obstáculos para lograrlo, “le preguntó a ella qué podían hacer para que igual viniera, pero con un motivo falso. Oliveira recuerda: ‘¿Qué hice? Recurrí, claro, a Don Jorge, que me dijo que no me preocupara. Al poco tiempo cayó con una carta en la que la Universidad invitaba a Moyer a dar una charla sobre el procedimiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos […] A su regreso, Moyer le envió a Bergoglio una carta de agradecimiento’” (p. 156).

El afecto la desborda al evocar todos estos gestos tan significativos para la causa de los marxistas, y Oliveira culmina diciendo: “La verdad es que si lo hubieran elegido Papa, habría experimentado una sensación de abandono, ya que para mí es casi como un hermano y, además, los argentinos lo necesitamos” (p. 157).

Los “argentinos”, varones y mujeres tan bien definidos, como Argibay y Zaffaroni, sin ninguna duda. Otrosí la cáfila de comunistas –laicos o clérigos- a quienes cobijó con complicidad activa. Los argentinos de verdad y los católicos en serio, difícilmente sientan necesidad de un lobo disfrazado de cordero.

El Cardenal aún no ha terminado de proferir su credo para el regocijo del mundo y de su príncipe. “Creo en el hombre”, declara (p. 160). E interrogado sobre Kirchner, y específicamente sobre la fama que se le ha hecho de ser un opositor a su gestión, se ocupa con diligencia de redondear su pulcra corrección política. “Considerarme a mí un opositor me parece una manifestación de desinformación […] En 2006 le mandé [a Kirchner] una carta para invitarlo a la ceremonia de recordación de los cinco sacerdotes y seminaristas palotinos asesinados durante la dictadura, al cumplirse treinta años de la masacre perpetrada en la Iglesia de San Patricio […] Más aún, como no era una misa lo que iba a realizarse, cuando llegó a la iglesia, le pedí que presidiera la ceremonia, porque siempre lo traté, durante su mandato, como lo que era: el presidente de la Nación” (p. 114-115).

Está claro. Si hubiera sido por Su Eminencia, la profanación hubiera sido doble. Rendirle homenaje a quienes coadyuvaron a los planes de la guerrilla, y hacer presidir dicho homenaje, en una parroquia, a quien a todas luces repugna de la Fe Católica y la persigue sin hesitar. Vamos entendiendo algunas de sus palabras esparcidas en el libro: “Muchos curas no merecemos que la gente crea en nosotros”, (p.101). “Algunos podrán aseverar: ‘¡qué cura comunista éste’! (p. 106).

La Iglesia Adúltera

Nosotros, digámoslo claramente, no creemos que Bergoglio sea comunista, ni peronista, ni nada en particular. En sus opciones temporales debe aplicársele lo que Don Quijote utilizó para zaherir la inconducta de Sancho: “en esto se nota que eres villano, en que eres capaz de gritar ¡viva quien vence!”. Toda esta exhibición de colaboracionismo marxista no brota tanto de un convencimiento ideológico serio, sino de una actitud villana. Si mañana se dieran vuelta las cosas, podríamos escucharlo cantar Giovinezza con acento piamontés.

Su problema es más hondo, más grave, más profundo; más difícil de que el buen Dios se lo perdone. Es el escándalo del Pastor que se vuelve mercenario, cuya semblanza maldita y reprobación consiguiente ha trazado y sentenciado Nuestro Señor Jesucristo con palabras de vida eterna (cfr. Jn.10, 11-13). “Oh mercenario! –grita San Agustín en su Comentario al Evangelio de San Juan- , viste venir al lobo y has huido. Has huido porque has callado, y has callado porque has temido”.

No es, por cierto, el suyo, un caso aislado. Es en este momento, en la Argentina, la cabeza de un conjunto de pastores que tienen similar conducta, y cuya última explicación encontramos en el Apocalipsis, cuando se protesta a la Iglesia ramerizada, fornicando con los poderosos de la tierra y siendo infiel al Divino Esposo.

Pero dejemos las honduras de los Novísimos y ciñámonos al tema del que veníamos hablando.

La Iglesia ha sido puesta en el banquillo de los acusados por sus peores enemigos. Liberales y marxistas insisten en sostener que, durante aquellos difíciles años de la lucha contra la guerrilla, la Jerarquía calló, cohonestando así, de algún modo, las conductas ilegítimas que habrían cometido las Fuerzas Armadas. La respuesta de la acusada Jerarquía –Bergoglio el primero- fue tan frágil cuanto penosa. Pues consistió, por un lado, en recordar sus documentos a favor de los derechos humanos, emitidos durante la convulsa época (p. 141); y por otro, en señalarse como damnificada, reivindicando un martirologio “católico” compuesto por personajes de inequívoca filiación o conexión terrorista.

Si al responder con el recuerdo de textos pro derechohumanistas centraba la cuestión exactamente donde no debía hacerlo, esto es, en el núcleo de la mitología enemiga, convalidándola indirectamente; al atribuirse como víctimas propias o como testigos eclesiales a quienes habían sido cómplices de la escalada subversiva, pidiendo incluso la beatificación para ellos, sembraba la confusión y potenciaba el engaño hasta límites dolorosísimos por el escándalo que comporta.

En efecto, ¿qué clase de Iglesia es ésta que, para defenderse de las acusaciones de haber estado asociada a la lucha contra la Revolución Comunista, rehabilita el tener caídos o ideólogos del bando de la misma, los homenajea efusivamente y los reclama en los altares y en el santoral? ¿Qué clase de pastores son éstos que para levantar el cargo de la complicidad con la represión castrense, aducen haber izado la misma bandera de los derechos humanos que enarbolaron como divisa nuclear de su ficción ideológica las bandas subversivas? ¿Qué clase de coherencia, en suma, pueden exhibir los obispos que hoy no trepidan en contemporizar con los montoneros y erpianos devenidos en funcionarios públicos, como no vacilaron ayer en incumplir el deber irrenunciable que tenían de hablarles claro a los hombres de armas, sea para que no delinquieran ni pecaran, o para que combatieran con cristianos criterios? ¿Qué confianza pueden inspirarnos estos funcionarios eclesiales llenos de movimientos dúplices, medrosos, acomodaticios y heterodoxos?

No; no ha salido airosa del banquillo esta irreconocible Iglesia. Acusada por los protervos de “ser la dictadura”, cuando debió serlo si aquella hubiera existido y en aras del bien común de la Patria, sólo atina a sacarse el incómodo sayo de encima del peor modo posible: reduciendo su naturaleza salvífica a un internismo de derechas e izquierdas, en el que los exponentes de las primeras habrían sido culpables y las segundas constituirían proféticas voces demandantes de los sacros derechos del hombre.

Por eso ha abandonado a su suerte al Padre Christian von Wernich, ultrajado y preso mediante falsías inauditas. Por eso consintió el escarnio público de Monseñor Baseotto. Por eso no tiene una palabra ni un gesto de apoyo para los centenares de militares encarcelados arbitrariamente por la tiranía kirchnerista. Por eso niega todo reconocimiento de beatitud martirial a Genta y a Sacheri, mas anda pronta en canonizar a Angelelli, Pironio, los palotinos o las monjas francesas. Por eso no puede contarse con ella para que en los templos se rinda honores públicos a la memoria de los caídos en el combate contra los rojos, pero entrega al rabinato y a la masonería la mismísima Catedral Metropolitana o la Basílica de Luján.

Esta es la iglesia por la que lloró el entonces Cardenal Ratzinger, cuando en el Via Crucis del último Viernes Santo del pontificado de Juan Pablo II, dijo de ella que la cizaña prevalecía sobre el trigo. Y es la Iglesia por la que lloramos nosotros, con llanto sostenido. Porque se nos crea o no –ya nada importa- no nos causa la menor gracia tener que denunciar a Bergoglio. Sólo Dios sabe el dolor indecible que esto significa. Ya quisiéramos tener un buen señor al que servir, y no un mercenario al que desenmascarar. Un Príncipe al que rendirle nuestro vasallaje, y no un lobo del que tomar prudente distancia.

Envío para necios

Pero el último enunciado merece un párrafo final aclaratorio. Dirigido a los necios, de quienes la Sacra Escritura nos advierte en fecundos pasajes, para que estemos prevenidos, así sea de su ignorancia como de su malicia, de sus calumnias como de sus enojos.

Estos necios pueden ser tanto laicos como religiosos, lo mismo da. Y ante estas páginas nuestras podrán formular diversos cargos, como de hecho ya ha sucedido en anteriores ocasiones.

Por respeto a los justos, sólo levantaremos preventivamente algunas de las posibles objeciones de la vocinglería necia.

1º.- No es atacar a la Jerarquía poner en evidencia la existencia de obispos felones, adúlteros, fariseos o heresiarcas. Es no pecar de omisión ni de encubrimiento ni de complicidad. Precisamente por amor a la verdadera Jerarquía.

Mientras escribimos estas líneas, en Mayo de 2010, el Papa Benedicto XVI ha viajado a Portugal y le hemos escuchado decir que “la gran persecución de la Iglesia no viene de sus enemigos de afuera sino que nace del pecado dentro de la Iglesia”. El Santo Padre no calla ni simula ni atempera esos pecados, así sean repugnantes como de hecho consta públicamente que son en tantos casos. A imitación del Vicario de Cristo, todo laico fiel debe secundar su prédica, repudiando los pecados internos, amonestando a sus cultores, previniendo de sus acechanzas a los desprevenidos, y proponiendo como único antídoto la práctica de la virtud y la predicación de la Verdad entera.

Ya en la Catequésis del miércoles 10 de mayo de 2006, el mismo Benedicto XVI enseñaba que “obispo es la palabra que usamos para traducir la palabra griega ‘epíscopos’. Esta palabra indica a una persona que contempla desde lo alto, que mira con el corazón. Así San Pedro mismo, en su primera carta, llama al Señor Jesús ‘pastor y obispo -guardián- de sus almas’ (1 P. 2, 25)”. Y citando a San Ireneo de Lyon, agrega: ”Los Apóstoles querían que fuesen totalmente perfectos e irreprochables aquellos a quienes dejaban como sucesores suyos, transmitiéndoles su propia misión de enseñanza. Si obraban correctamente, se seguiría gran utilidad; pero si hubiesen caído, la mayor calamidad”.

Celebramos, honramos y obedecemos a “los guardianes”. Pero estamos moralmente obligados a detestar a los artífices de “la mayor calamidad”, no siendo ciegos que se dejen guiar por otros ciegos (Mt. 15,14). Sigue siendo válido lo que santamente escribió el Capitán de Loyola a San Pedro Canisio, el 13 de agosto de 1554: que “los pastores católicos que con su mucha ignorancia pervierten al pueblo, parece deberían ser muy rigurosamente castigados, o al menos separados de la cura de almas”, pues “más vale estar la grey sin pastor, que tener por pastor a un lobo”.

2º.- Existe, efectivamente, esa obligación moral antes aludida, y se nos aplica a los simples “súbditos de celo y libertad, para que no teman corregir a los prelados, especialmente si el crimen es público y corre peligro la mayoría de los fieles”. Son palabras de Santo Tomás de Aquino (In Gal. 2,11, nº 76-77), pero podríase sobre el particular citar una multitud de textos escriturísticos, patrísticos, escolásticos, conciliares, canónicos y pontificios de todos los tiempos, conformando todos ellos un corpus doctrinal que en buena hora redondeó admirablemente Melchor Cano -teólogo de Carlos V en Trento- diciendo: ”cuando los pastores duermen, los perros deben ladrar”. Esta es doctrina católica, y no lo es su negación o intencional olvido.

Ahora bien, en lugar de considerar esta doctrina de los deberes de los súbditos en orden a hacer valer los derechos de Dios; en lugar de tener en cuenta que no pocos santos la aplicaron, sin mengua de su obediencia a la Iglesia Jerárquica, sino por fidelidad a la misma; en lugar de discernir que de la enérgica y necesaria reprobación de los errores de ciertas autoridades eclesiásticas no se sigue la negación o el cuestionamiento de la Iglesia Jerárquica, per se, intrínsecamente y en su totalidad; en lugar, en síntesis, de dirigir la censura a los heresiarcas y rescatar la actitud de quienes para preservar a la susodicha Iglesia Jerárquica cumplen con el deber de señalar públicamente los extravíos, los necios nos condenan diciendo que no se puede “desautorizar públicamente a los superiores jerárquicos, ni criticar sus enseñanzas”.

Lo peor de todo es que para darle carácter apodíctico a este juicio –que contradice, como vimos, expresas enseñanzas de Santo Tomás y del Magisterio- invocan a veces los necios “la regla 10ª para sentir con la Iglesia” (Ejercicios Espirituales nº 362). Pero dicha regla de San Ignacio se refiere a la obediencia a las autoridades legítimas, punto que aquí no está en discusión. Y en plena congruencia con la doctrina antes asentada sobre los deberes de los súbditos, concluye aclarando: ”de manera que, así como hace daño el hablar mal, en ausencia, de los mayores a la gente menuda, así puede hacer provecho hablar de las malas costumbres a las mismas personas que pueden remediarlas”.

Un autorizado comentarista ignaciano, el célebre escritor ascético, R.P. Mauricio Meschler S.J, ha precisado sobre el particular: “lo que el Santo recomienda aquí [en la Regla nº 10, E.E, nº 362] es un principio conservador de gran valía; se refiere a la observancia del cuarto Mandamiento de Dios, del orden y de la paz del pueblo cristiano. Tal espíritu de sumiso respeto a las autoridades constituidas siempre ha sido una prueba del genuino sentimiento cristiano católico. Siempre ha salido la Iglesia en defensa de la obediencia debida a la autoridad. Por esta razón, el que legítimamente advirtiera o hiciera advertir a los superiores sus yerros, sería muy benemérito así de la sociedad como de la Iglesia” (Mauricio Meschler y Enrique Pita, Sentir con la Iglesia y Discernimiento de Espíritus según San Ignacio de Loyola, Buenos Aires, Editora Cultural, 1943, p. 40).

Porque, además, así como aplican indebidamente los necios la Regla nº 10 de San Ignacio, indebidamente aplican también el versículo 26,31 de San Mateo: “heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño”, para hacernos responsables del “pecado abominable a los ojos de Dios” de “censurar públicamente a la Jerarquía, incitando a la confrontación y a la división del Cuerpo Místico”.

Pero dicho pasaje del Evangelio de San Mateo tiene precisamente otros destinatarios, pues es dolorosa y profética respuesta de Cristo a la promesa de los Apóstoles de no escandalizarse de Él, “aunque todos se escandalizaren en Ti”.

El Señor entonces le asegura con tristeza a Pedro, portavoz de los Apóstoles en la escena, que “esta noche, antes que cante el gallo, me negarás tres veces”. “La fe de esta predicción” –comenta Santo Tomás de la mano de San Jerónimo y de San Hilario- “estaba fundada en la autoridad de una antigua profecía; por eso añade: hiere al Pastor y las ovejas se descarriarán” (Santo Tomás, Catena Aurea, II, 2, Mateo XXVI, v. 30-35). Es a los sucesores de los Apóstoles, según este oportuno texto, a quienes hay que recordar que no nieguen a Cristo ni se escandalicen de Él, pues de lo contrario se dispersarán las ovejas.

En 1970, el notable Carlos Alberto Sacheri, escribía su libro La Iglesia Clandestina, en el cual, con documentación fidedigna de toda índole, denunciaba el aparato marxista-tercermundista, compuesto por sacerdotes y hasta por obispos, que socavaba los cimientos mismos de la Esposa de Cristo. También –o tal vez, principalmente– por este libro lo asesinaron. Ahora bien; a Carlos Alberto Sacheri, que dio su sangre por Cristo Rey, quitándoles las máscaras a estos lobos, ¿también se le aplica la Regla nº 10 de San Ignacio, el versículo de San Mateo y los epítetos vulgares con que los necios quieren acallarnos? Curioso razonamiento: si un Cardenal de la Santa Madre Iglesia predica heterodoxias, y obra iniquidades, los necios jerárquicos se llaman a silencio. Si un laico recuerda la ortodoxia, es pecado abominable.

3º.- Suelen aducir los necios que con estas denuncias les hacemos el caldo gordo a los enemigos de la Iglesia.

Los enemigos de la Iglesia son, ante todo, los falsos pastores, los fundadores infieles, el clero ganado por el vicio nefando y por el pecado mayor de traicionar la integridad de la Fe. No necesitamos informarles a los lectores despabilados que liberales y marxistas, judíos y masones, ateos y gnósticos –y toda la gama posible de enemigos de la Iglesia- son los socios habituales de nuestra Jerarquía. Con ellos se sienten cómodos, no con nosotros.

No necesitamos agregar tampoco hasta qué punto -en nombre del ecumenismo y desfigurándolo, en nombre del diálogo interreligioso y corrompiéndolo- se ha dado pasto en abundancia a las fieras anticatólicas, desde las mismas autoridades eclesiásticas. El caldo gordo del enemigo lo cocinan muy bien los pastores devenidos en mercenarios.



Bergoglio se sabe papabile. Toda la primera parte de su libro está dedicada a probar que estuvo muy cerquita de suceder a Juan Pablo II. Hay quienes dicen incluso que “El Jesuita” pretende ser su plataforma electoral para el próximo Cónclave. Al mejor estilo de los purpurados europeos, como Giacomo Biffi con sus más que interesantes y aprovechables “Memorie e digressioni di un italiano cardinale“, Su Eminencia ha querido tener su propio relato biográfico. Este es el peligro que debe movilizarnos: que un enemigo declarado de la Verdad como el Cardenal Bergoglio pueda presentarse impunemente como papabile. ¿Cuál es la parte que no entienden los múltiples necios que dicen que desenmascarar a un enemigo es hacerles el caldo gordo a los enemigos? ¿Cuál es el principio de identidad y de contradicción del que no llegan a percatarse?

4º.- Una aclaración postrimera nos queda en el tintero y hemos de reiterarla. No nos causa alegría andar de desencuentro en desencuentro con curas y obispos, incluso con algunos de estos últimos, con quienes habiendo tenido cierta amistad o trato cordial antes de que fueran investidos, nos niegan ahora como si estuviéramos leprosos. Tampoco nos causó alegría en su momento el haber tenido que salir públicamente a discrepar con el Santo Padre por el tratamiento de la cuestión judía.

Somos nadie para decir estas cosas. Individualmente considerados, carecemos de todo rango, de todo encumbramiento y, si se quiere, de todo mérito o autoridad. Pero no es nuestra valía personal lo que aquí está en juego, ni nos importa defender prestigios subjetivos. En esto, coincidimos con Federico Mihura Seeber: “Nuestro móvil no puede ser ya más la fama […] Trabajamos, sin duda, en la tierra, pero para la Ciudad que baja del Cielo” (De Prophetia, Buenos Aires, Gladius, 2010, p. 250)

No hemos sido educados para tener que rebelarnos contra curas y obispos, sino para arrodillarnos frente a la Jerarquía, orgullosos de la sujeción y del honor de poder rendir nuestros servicios. Nos lastima hasta la fibra más honda del alma constatar que, en líneas generales, nuestros pastores y clérigos son medrosos, ambiguos, heresiarcas y hasta poco o nada viriles, como diría Santa Catalina de Siena. Tal situación nos provoca una desazón y un tormento que, insistimos, sólo Dios conoce, y sólo El sabrá por qué lo permite.

Pero no debemos callar. En nombre propio, en el de los tantos y tantos que padecen similar dolor, en el de nuestros maestros mártires y en el de nuestros potenciales discípulos. No debemos callar, porque la esperanza está puesta en el triunfo de la Verdad Crucificada, oportuna e inoportunamente testimoniada. No debemos callar ni retroceder, porque a pesar de la jerarquía prevaricadora y de sus obsecuentes necios, alguien tiene que decir la Verdad.

[1] El Anexo al libro que reseñamos lo constituye un ensayo de Bergoglio titulado “Una reflexión a partir del Martín Fierro”, mensaje que dirigió a las comunidades educativas de Buenos Aires, en el 2002. En el mismo omite decir lo que el poema expresamente dice; esto es, que en tiempos de Rosas el gauchaje vivía espléndidamente. En cambio, atribuye la descripción de esa época rosista próspera, concorde y feliz, a un mero “recurso literario” consistente en “pintar una realidad idílica”, una “situación ideal” (p. 172-173). Hernández no habría retratado el período de la Confederación, como concretamente hizo, sino echado mano de un recurso literario. Si algo le faltaba a Bergoglio era su adscripción al antirrosismo. Ahora, ya tiene todas las carencias necesarias.

Fte: Revista Cabildo

(*) Antonio Caponnetto



Antonio Caponnetto (nacido en Buenos Aires, Argentina, el 29 de septiembre de 1951), es profesor de Historia, doctor en Filosofía, investigador del CONICET y director de la Revista Cabildo de tendencia nacionalista y católica de argentina.

Títulos Obtenidos

Maestro Normal Nacional, egresado de la Escuela Normal de Profesores Nº 2, Mariano Acosta.

Profesor en Historia, egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires
Profesor Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Guadalajara, México.

Doctor en Filosofía, egresado de la Universidad Autónoma de Guagalajara.Tesis: Historia y Poesía: una significativa vinculación. Director de Tesis: Lic. Bernardo Castillo Morán.
Ha terminado la Cursada del Doctorado en Historia en la Facultad de Historia y Letras de la Universidad del Salvador, y se encuentra elaborando el Plan de tesis, teniendo como director de la misma al Prof. y Lic. Jorge Bodhziewicsz.
Becas

Beca de iniciación a la investigación, otorgada por el Conicet, Buenos Aires, 1979-1981.
Beca de Perfeccionamiento, otorgada por el Conicet, Buenos Aires, 1981-1982
Beca de la Fundación Pacinter para la Investigación en Ciencias Sociales, Buenos Aires, 1979-80 y 1979-81.

Carrera Docente

Maestro de grado en establecimientos estatales y privados, entre 1970 y 1976.
Profesor de Enseñanza Media en institutos privados, Buenos Aires, 1973-1979.
Director del Instituto Maipú de Enseñanza Media, San Martín, Provincia de Buenos Aires, 1989.
Profesor auxiliar de la Cátedra de Historia Universal, a cargo del Prof. Jorge A. Ocón, en el Curso de Apoyo al Ingreso Universitario del Consudec, Buenos Aires, 1977.
Jefe de Comisión en la Cátedra de Historia de la Cultura, a cargo del Dr. Alfredo Di Pietro, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Buenos Aires, Buenos Aires, 1980-81.
Profesor Adjunto en la Cátedra de Historia de la Cultura I, en la Facultad de Lenguas Modernas de la Universidad del Salvador, Buenos Aires, 1983.
Profesor Adjunto a cargo en la Cátedra de Sociología en la Escuela Superior de Guerra, Buenos Aires, 1981-84.
Profesor Adjunto a cargo en la Cátedra de Política Educativa, de la carrera de Ciencias de la Educación, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Católica Argentina, Buenos Aires, 1984-85.
Profesor Adjunto a cargo en la Cátedra de Política Educativa, en el Instituto del Profesorado Antonio Sáenz, Buenos Aires, 1989.
Profesor Adjunto de las Cátedras Historia de la Ciencia I e Historia de la Ciencia II, a cargo del Prof. Luis Garritani, en la Carrera de Bibliotecología de la Universidad del Museo Social Argentino, Buenos Aires,1990.
Profesor del Diplomado de Filosofía de la Universidad Autónoma de Guadalajara, México, 1993-actualidad.
Profesor en la Cátedra de Historia de la Cultura, en las carreras de Comercio Exterior y Administración de Empresas de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales.
Profesor invitado en la Universidad Nacional de Cuyo, en las Universidades Católicas de San Luis, Santa Fe y Salta, en la UNSTA de Tucumán, en la Universidad Tecnológica de Resistencia y Gral. Alvear, provincia de Mendoza.
Profesor Invitado del Seminario Arquidiocesano de San Luis, del Instituto Sanmartiniano de Río Gallegos (Santa Cruz), del Seminario Arquidocesano de San Rafael, de la Congregación Apóstoles del Corazón de Jesús, La Plata, Provincia de Buenos Aires,de la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral, Provincia de Buenos Aires.
Profesor del Foro de Gestión Cultural, Seminario de Postgrado en la Universidad del Salvador, como parte de sus responsabilidades durante el Curso del Doctorado el año 2000.
Profesor Invitado en el Centro de Estudios Sociales y Políticos de España, Madrid, 1998-2005.
Profesor en el Instituto Miles Christi, Carlos Keen, Pcia. de Buenos Aires. 2000-2005
Carrera del Investigador en el Conicet

Beca de Iniciación y de Perfeccionamiento,1979-82
Investigador Asistente, 1983-88
Investigador Adjunto, desde 1992
Lugar de Trabajo: Instituto Bibliográfico Antonio Zinny.
Cursos y conferencias dictados

Conferencia: Acerca del proceso de desacralización, Cursos de Cultura Católica, Buenos Aires, 1978.
Conferencia: Corrientes pedagógicas contemporáneas: su incidencia en la tarea escolar, Superintendencia Nacional de Enseñanza Privada, Buenos Aires, 1979.
Conferencia: El neomarxismo y la religión, en el Curso: Ortodoxia y heterodoxia en el marxismo contemporáneo, Centro Interdisciplinario de Estudios Sociales, Buenos Aires, 1980.
Conferencia: Pedagogía y Educación, Cátedra de Estudios Humanísticos Víctor Saá, Universidad Nacional de San Luis, 1981.
Conferencia: El gobierno de Güemes en Salta, Córdoba, Secretaría de Cultura y Educación, 1982.
Curso: La enseñanza de la historia, Mendoza, Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de Cuyo, 1982.
Conferencia: La Hispanidad, Misiones, Secretaría de Cultura y Educación, 1982.
Curso: La medicina como paideia y la educación como ciencia de la salud, Buenos Aires, Secretaría de Formación Docente de la Facultad de Odontología, Universidad Nacional de Buenos Aires, 1983.
Curso de Formación y Perfeccionamiento Docente: Actualización de Contenidos y Metodología en Ciencias Sociales, SNEP, Buenos Aires, 1983.
Curso: La familia: causa material del orden social, Instituto de Ciencias Sociales, Conicet, 1985.
Conferencia: Los Congresos Pedagógicos en la Historia Argentina, Ateneo Julio Irazusta, Gualeguaychú, 1987.
Curso: En vísperas del V Centenario, Instituto Salteño de Cultura Hispánica e Instituto Güemesiano de Salta, 1988.
Curso: La polémica historiográfica sobre Rosas, Tucumán, Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, 1990.
Conferencia: Las raíces ideológicas del Nuevo Orden Internacional, Resistencia, Chaco, Universidad Tecnológica Nacional, 1992.
Conferencia: Los lugares comunes de las leyendas negras, Asociación Patriótica y Cultural Española, Buenos Aires, 1992.
Curso: Los paradigmas en el estudio y en la enseñanza de la historia, Instituto Bibliográfico Antonio Zinny, Buenos Aires, 1993.
Curso: Las corrientes políticas contemporáneas, Diplomado de Filosofía, Universidad Autónoma de Guadalajara, 1993.
Conferencia: Crítica a la psicogénesis de la lectoescritura, XXXI Curso de Rectores, Buenos Aires, 1994.
Curso: Tres momentos en la historia de la cultura, Buenos Aires, Instituto Bibliográfico Antonio Zinny, 1994.
Conferencia: La concepción gnoseológica del constructivismo. En el XXXII Curso Anual de Rectores, organizado por Consudec, en Buenos Aires, 1995.
Conferencia: Masificación y desarraigo. En el XII Congreso del IPSA, Instituto de Promoción Social Argentina, Córdoba, 1995.
Conferencia: Las guerras carlistas; organizada por la Hermandad Nuestra Señora de las Pampas, en Lihué Calel, La Pampa, 1995.
Conferencia: La política educacional en el pensamiento de Jordán Bruno Genta. En la Asociación Patriótica y Cultural Española, Buenos Aires,1995.
Conferencia: El Tribunal de la Inquisición; en el Instituto Fátima Tercer Milenio, en Buenos Aires.
Curso: El Símbolo de Nicea y las primeras herejías. En la Congregación Apóstoles del Corazón de Jesús, Buenos Aires,1996.
Conferencia: Belgrano: "General de la pena y del desvelo". En el Instituto Manuel Belgrano, La Plata, 1996.
Curso: Nuevo Orden Mundial. Situación actual y perspectiva; organizado en Buenos Aires, por el Centro de Estudios Cardenal Pie, 1996.
Conferencia: La vocación de América. Presentación del libro homónimo de Zacarías de Vizcarra, organizada por la Fundación Gladius, en Buenos Aires, 1996.
Conferencia: El pensamiento pedagógico del Padre Alberto García Vieyra; organizada por el Centro de Estudios San Jerónimo de los Padres Dominicos de Santa Fe, con motivo del Curso de Homenaje a Fray García Vieyra en un nuevo aniversario de su muerte.
Curso: El método de los modelos en la enseñanza de la historia. En el Instituto Bibliográfico Antonio Zinny, Buenos Aires,1996.
Conferencia: La infancia,psicológica, legal, moral y espiritualmente considerada; en el Instituto Manuel Belgrano, La Plata, Provincia de Buenos Aires, 1996.
Conferencia: El mensaje pontificio en la Academia de Ciencias sobre el evolucionismo; en la Corporación de Científicos Católicos, Buenos Aires, 1996.
Curso: Historia de la Cultura. De la helenidad a la postmodernidad. En la Universidad Autónoma de Guadalajara, México, 1996.
Curso: La educación de las virtudes. En la Universidad Autónoma de Guadalajara, 1996.
Curso: La organización escolar en el nivel inicial y su articulación con la escuela elemental. En la Universidad Autónoma de Guadalajara, 1996.
Curso: Esplendor y ocaso de nuestra cultura; en el Centro de Estudios Cívicos de Córdoba, 1996.
Curso: Tres visiones críticas del revisionismo histórico argentino, Buenos Aires, Instituto Bibliográfico Antonio Zinny,1996.
Conferencia, La conciencia territorial argentina, Río Gallegos, Instituto Nacional Sanmartiniano, 1996.
Curso, Historia de la Cultura. De la helenidad a la postmodernidad, México, Universidad Autónoma de Guadalajara, Diplomado en Filosofía, 1996.
Conferencia: Las tesis sobre el origen americano; en la Agrupación Fuerza Aérea Argentina, Provincia de Buenos Aires, 1997.
Conferencia: La generación del ‘37 y el magisterio de Gregorio XVI; en la Congregación Miles Christi, La Plata, Provincia de Buenos Aires, 1997.
Conferencia, Los Austrias, Córdoba, Instituto de Cultura Hispánica, 1997.
Conferencia, La doble dimensión de la soberanía nacional, Tandil, Universidad Nacional del Centro, 1997.
Conferencia, Los admirados por el Gral. San Martín, Rosario, Instituto Nacional Sanmartiniano, 1997.
Conferencia: San Martín: sus relaciones con Güemes, Belgrano, Rivadavia, San Martín y Rosas. En el Instituto Sanmartiniano, Río Gallegos, Santa Cruz, 1997.
Conferencia: Las ideologías y la educación actual; en el Centro de Estudios San Jerónimo, de los Padres Dominicos de Santa Fe, 1997.
Conferencia: Los llamados pedagogos acuarianos; Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras de la UCA, 1997.
Conferencia: El 20 de noviembre: una fecha argentina y española; Buenos Aires, Asociación Patriótica y Cultural Española, 1997.
Conferencia: Crisis moderna y esperanza cristiana; en la UCA de San Luis, 1997.
Conferencia: Las cuestiones pendientes de la soberanía territorial. En la XI Feria del Libro de Caleta Olivia, Santa Cruz, auspiciada por la Subsecretaría de Cultura, 1997.
Curso: La reforma educativa y los agentes naturales de la educación. En las Escuelas Nº 11, Nº 7, Nº 698 y Nº 880 de Resistencia, Chaco, 1997.
Curso: Los Reyes Católicos, en el Instituto de Cultura Hispánica, Córdoba, 1997.
Conferencia: La familia argentina, en la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral, 1997.
Curso: Formación de dirigentes católicos, Obispado de San Luis, 1997.
Conferencia: Los héroes de Malvinas. En la III Feria Provincial del Libro, de Río Gallegos, auspiciada por la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Cruz.
Conferencia: La globalización y sus riesgos, en el Centro de Oficiales de las Fuerzas Armadas, Buenos Aires, 1998.
Conferencia, El descubrimiento visto desde América, Santander, Centro Cultural Dr. Madrazo, 1998.
Conferencia, Los documentos pontificios sobre la Conquista de América, Segovia, Fundación Nicomedes García Gómez, 1998.
Conferencia, Política Hispana en América durante el siglo XVI, Toledo, Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas, 1998.
Conferencia, La noción de guerra justa en el pensamiento escolástico, Madrid, Museo de la División Azul, 1998.
Conferencia, José Antonio Primo de Rivera y la poesía que promete, Universidad de Salamanca, 1999.
Conferencia, Causa Ejemplar e Historia en Santo Tomás de Aquino, CESPE, Centro de Estudios Sociales y Políticos de España, marzo de 1999.
Conferencia: El escándalo de la Verdad, en III Jornadas de Formación Católica de la Provincia de Buenos Aires, Instituto Marista San José, 1999.
Conferencia: Retórica, poesía e historia en el pensamiento de Aristóteles, Universidad del Salvador, 2000.
Conferencia: Historia y Poesía en la obra del Padre Castellani, Universidad Católica de San Luis, 2000.
Conferencia: El historiador y la verdad, Universidad Nacional del Norte Santo Tomás de Aquino, Tucumán, 2000.
Conferencia: La polémica historiográfica sobre San Martín, en el Museo Histórico Nacional Casa del Virrey Liniers, Alta Gracia, Córdoba, 2000.
Conferencia: El historiador como liturgo, en el Centro de Estudios Gral. Manuel Belgrano, La Plata, 2001.
Ponencia: Desarraigo y Globalización, en I Congreso Nacional de Derecho Natural, Universidad Católica de San Luis, 2001.
Conferencia: El caballero cristiano, Instituto Marista San José, Luján, 2001
Conferencia: El Padre Castellani como poeta, en el Simposio de Pensadores Cristianos, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, 2001.
Conferencia: La "belleza" como trascendental del ser, en Santa Fe, Centro de Estudios San Jerónimo de los Padres Dominicos, 2001.
Curso: Educación de las virtudes, Instituto San Isidro Labrador, Buenos Aires, 2001.
Curso: Poesía e Historia, Córdoba, Instituto de Cultura Hispánica, 2001.
Conferencia: Vigencia y Urgencia de los Ideales Hispánicos del Siglo XVI, en Santander, España, Asociación Cultural Almirante Bonifaz, 2002.
Conferencia: La crítica a la perspectiva del género, en Madrid, Instituto Mater Salvatoris, 2002.
Conferencia: Falange y Literatura, en León, Salón de Actos del Ayuntamiento, 2002.
Conferencia: Argentina: las causas de su caída, la esperanza de su recuperación, en Salamanca, Solución Universitaria, Hotel Castellanos III, 2002.
Conferencia, La Virgen María y la Historia de España, en Zaragoza, Revista Arbil, Hotel Hesperia, 2002.
Curso: Los Caudillos en la Historia Argentina, Instituto San Isidro Labrador, Capital Federal, abril-octubre de 2002.
Conferencia: El Plan Continental de Martín Güemes, en San Luis, GADA 161, 2002.
Conferencia: Los testimonios militares en la Guerra de Malvinas, en Complejo Ameghino, Mercedes, Provincia de Buenos Aires, 2003.
Conferencia: La educación humanística y su aplicación a la ciencia médica, en Colegio de Médicos Cirujanos de Jalisco Luis Pasteur, Guadalajara, México, 2003.
Conferencia: La Realeza Social de Jesucristo, en IV Foro Internacional Ciencia y Fe, Jalisco, Universidad Autónoma de Guadalajara, 2004.
Conferencia: La metodología en las Ciencias Sociales, Instituto San Isidro Labrador, Buenos Aires, 2004.
Conferencia: Los cambios históricos en la constitución de la familia argentina, Municipalidad de General Alvear, Mendoza, 2004.
Conferencia: La enseñanza de la historia en el polimodal, Instituto Sagrada Familia, San Miguel, Provincia de Buenos Aires, 2004.
Conferencia: El tránsito de la medievalidad a la modernidad y el Descubrimiento de América, Colegio de Escribanos, San Rafael, Mendoza, 2005.
Conferencia: La historia argentina: falsificaciones del pasado y del presente, Instituto de Estudios Nacionales, Buenos Aires, 2005.
Conferencia: Mayo Revisado. Presentación del libro homónimo del Dr. Enrique Díaz Araujo, Buenos Aires, Editorial Santiago Apóstol, 2005.
Conferencia: Los aspectos históricos de la Quas Primas. En la Universidad Balmesiana, Barcelona, 2006.
Conferencia: El historicismo según la Pascendi Dominici Gregis. En Asociación Seglar San Luis Gonzaga, Sentmenat, 2006.
Conferencia: La tesis de Vitoria sobre los justos títulos. En Centro de Estudios Sociales y Políticos Españoles (CESPE), Madrid, 2006.
Conferencia: El fin de la historia según Fukuyama. En Asociación Gerona, Gerona, 2006.
La historia de las mentalidades de George Duby. En la Universidad Autónoma de Guadalajara, México, 2006.
La experiencia histórica en el pensamiento de Charles Maurras. En la Universidad Autónoma de Guadalajara, México, 2006.

Reuniones científicas en general

Seminario, La visión del país en la generación de 1837, a cargo del Dr. Angel Castellán, en la Carrera del Postgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNBA, 1981. Asistente.
Seminario, Metodología del Trabajo Científico, a cargo de los Dres. Roberto Brie y Héctor Padrón, en el Instituto de Ciencias Sociales (Conicet), Buenos Aires, 1983. Asistente.
Seminario, Santo Tomás de Aquino y la historia, a cargo del Dr. Raúl Sánchez Abelenda, en la Carrera del Postgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNBA, 1984. Asistente.
Curso, Metodología del Trabajo Intelectual, a cargo de un equipo de especialistas de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales, Buenos Aires, 1994. Asistente.
I Congreso Nacional de Formación y Perfeccionamiento Docente, organizado por el Ministerio de Bienestar Social, la Secretaría de Estado de Cultura y Educación y el Centro Educacional de Córdoba, Villa Giardino, Córdoba,1979. Invitado especial expositor.
Simposio, La conciencia territorial, organizado por OIKOS (Conicet), Buenos Aires, 1980. Expositor.
Simposio, La geografía, la historia y los valores nacionales, organizado por OIKOS (Conicet), Buenos Aires, 1980. Expositor.
Simposio, La identidad, organizado por FADES (Conicet), Buenos Aires, 1980. Expositor.
I Congreso Católico Argentino de Filosofía, organizado por la Sociedad Católica Argentina de Filosofía y la Asociación Católica Interamericana de Filosofía, Vaquería, Córdoba, 1981. Asistente.
Simposio, La conservación, organizado por OIKOS (Conicet), Buenos Aires, 1981. Expositor.
Simposio, Evolución y Evolucionismo, organizado por OIKOS (Conicet), Buenos Aires, 1982. Expositor.
Simposio, Los determinismos en la ciencia, organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación y la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, Buenos Aires, 1982. Expositor.
V Jornadas Nacionales Universitarias de Historia de la Educación, organizadas por el Departamento de Ciencias de la Educación de la Facultad de Filosofía Y Letras de la Universidad Católica Argentina, Buenos Aires, 1983. Expositor.
I Congreso Argentino de Conducción Escolar, organizado por la Asociación Profesional de Directivos Escolares, Buenos Aires, 1991. Expositor.
II Foro A 500 años del Descubrimiento de América, organizado por la Universidad Autónoma de Guadalajara, México, 1992. Expositor.
Primeras Jornadas de Historia Eclesiástica Argentina, organizadas por la Junta de Historia Eclesiástica, Buenos Aires, 1992. Asistente.
XVII Semana Tomista Argentina, organizada por la Sociedad Tomista Argentina, Buenos Aires, 1993. Asistente.
IX Jornadas de Historia de los Gobernadores Bonaerenses, organizadas por el Archivo y Museo del Banco de la Provincia de Buenos Aires, 1994. Expositor.
Cursos de Cultura y Etica Social, organizados por el CIES, Centro de Investigaciones de Etica Social, Buenos Aires, 1995-1996. Asistente.
Cursos de adaptación a la reforma educativa, Buenos Aires, Instituto Inmaculada Concepción, marzo de 1996. Asistente.
XI Jornadas de Historia de los Gobernadores Bonaerenses. Museo y Archivo Históricos del Banco de la Provincia de Buenos Aires, 15-18 de mayo de 1996. Asistente.
III Jornadas de formación Católica, Las ideologías y la Fe, Centro de Estudios San Jerónimo, Santa Fe, 11-13 de octubre de 1996. Expositor.
II Jornadas de Historia Eclesiástica Argentina, Junta de Historia Eclesiástica Argentina, Buenos Aires, 10-12 de junio de 1996. Asistente.
Ciclo sobre Cultura de la vida o cultura de la muerte. Centro San Roberto Bellarmino, Buenos Aires, agosto de 1996. Asistente.
Encuentro Regional de Historia Bonaerense, Lanús, Provincia de Buenos Aires, 13-14 de septiembre de 1996. Asistente.
XII Jornadas de Historia de los Gobernadores Bonaerenses, Museo y Archivo Históricos del Banco de la Provincia de Buenos Aires, Buenos Aires, 16-18 de octubre de 1996. Asistente.
Jornada sobre El evolucionismo histórico, filosófico y científico; Buenos Aires, Corporación de Científicos Católicos, 25 de noviembre de 1996. Asistente.
Ciclo semanal sobre El realismo filosófico y la política. En el Instituto de Filosofía Práctica, Buenos Aires, julio-noviembre de 1996. Asistente.
Ciclo semanal sobre Las Virtudes. Buenos Aires, Corporación de Abogados Católicos, septiembre-noviembre de 1996. Asistente.
Curso de perfeccionamiento docente sobre la enseñanza de las ciencias sociales en la reforma educativa, Provincia de Buenos Aires, Instituto Don Jaime, junio de 1997. Expositor.
Seminario sobre Derecho y Patrimonio, organizado por el Archivo y Museo Histórico del Banco de la Provincia de Buenos Aires, Buenos Aires, mayo de 1997. Asistente.
II Simposio Internacional de Filosofía, organizadas por Convivio Filosófico, Córdoba, 1997. Expositor.
II Jornadas de Historia Eclesiástica Argentina, organizadas por la Junta de Historia Eclesiástica, Buenos Aires, 1998. Asistente.
I Congreso Historia del Nacionalismo Argentino (1917-1982), Buenos Aires, 1998. Expositor.
Curso, Historia, poesía y método, Buenos Aires, Instituto Bibliográfico Antonio Zinny, 1998. Expositor
X Curso anual de Geopolítica Argentina, organizado por el Instituto Manuel Belgrano, La Plata, 1998. Expositor.
I Jornadas Universitarias del Noroeste Argentino, organizadas por la Universidad Nacional del Norte Santo Tomás de Aquino, Tucumán, 1999. Expositor.
I Congreso de Homenaje al Padre Leonardo Castellani, con ocasión del Centenario de su nacimiento, organizado por la Fundación Padre Leonardo Castellani, San Luis, 1999. Expositor.
Congreso, José Antonio entre dos mundos. La evolución de un pensamiento, organizado por la Universidad de Salamanca, Salamanca, 1999. Expositor.
II Coloquio Las Humanidades y el Escenario Continental, organizado por la Facultad de Historia y Letras de la Universidad del Salvador, Buenos Aires, abril de 1999.
Plenario Paideia y Panhelenismo, organizado por la Facultad de Historia y Letras de la Universidad del Salvador. Jornadas mensuales entre los meses de abril y diciembre de 1999.
II Coloquio Las Humanidades y el Escenario Continental, organizado por la Facultad de Historia y Letras de la Universidad del Salvador, Buenos Aires, abril de 1999.
Plenario Paideia y Panhelenismo, organizado por la Facultad de Historia y Letras de la Universidad del Salvador. Jornadas mensuales entre los meses de abril y diciembre de 1999.
Seminario: Temas de filosofía aristotélica. La Etica y la Poética, a cargo del Dr.Eduardo Sinnott, Buenos Aires, Universidad del Salvador,2000. Asistente
Seminario: Temas de Filosofía aristotélica. La Ética y la Retórica, a cargo del Dr. Eduardo Sinnott, Buenos Aires, Universidad del Salvador, Buenos Aires, 2000. Asistente.
XXI Jornadas de Historia de los Gobernadores Bonaerenses, Buenos Aires, Museo del Banco de la Provincia, 2000.
Ámbito de Estudios sobre Oratoria. Foro de Docentes, a cargo de la Dra. Esther Carrión, Buenos Aires, Universidad del Salvador, 2000. Asistente.
I Congreso Nacional de Derecho Natural, Universidad Católica de San Luis, 2001. Asistente.
XXIII Jornadas de Historia de los Gobernadores Bonaerenses, Buenos Aires, Museo del Banco de la Provincia, 2001. Asistente.
I Congreso de Pensadores Cristianos Argentinos, Mendoza, Universidad Nacional de Cuyo. Expositor.
Curso Anual del Centro de Formación San Roberto Bellarmino, Buenos Aires, 2001. Asistente.
XXVI Semana Tomista, Historia y Tiempo en Santo Tomás, Buenos Aires, Sociedad Tomista argentina, 2001. Asistente.
Diálogo Sobre el Idioma Nacional, Archivo General de la Nación, 4-7-2002
VII Encuentro de Formación Católica de Buenos Aires. Las mentiras del mundo moderno. Círculo San Bernardo de Claraval, Luján, Buenos Aires, 2004.
XXIX Semana Tomista. Diálogo entre Filosofía, Teología y Ciencias, Buenos Aires, 2004. Asistente.
Seminario: Aristóteles, maestro de los que saben. Instituto de Filosofía Práctica, Buenos Aires, 2004. Expositor.
Seminario: Platón vivo. El tema de la belleza en los diálogos platónicos, Instituto de Filosofía Práctica, Buenos Aires, 2005. Expositor.
Curso: Seis enfoques a favor de la cultura de la vida, Instituto San Isidro Labrador, Buenos Aires, 2004
Curso: IV Centenario del Quijote. Instituto de Filosofía Práctica, Buenos Aires, 2005. Expositor.
VIII Encuentro de Formación Católica de Buenos Aires. La política del Bien Común. Círculo San Bernardo de Claraval, Luján, Provincia de Buenos Aires. Expositor.
X Jornadas de Formación del Litoral Argentino. Lucidez y Coraje al servicio de la Verdad. Grupo Universitario Hernandarias, Santa Fe, 2005. Expositor.
Diálogo entre escritores. Instituto Hugo Wast, Buenos Aires, 2005. Expositor.
XXX Semana Tomista. Política Contemporánea y Globalización, Buenos Aires, 2005. Asistente.

Publicaciones

Libros

Pedagogía y educación. La crisis de la contemplación en la escuela moderna, Buenos Aires, Cruz y Fierro, 1981, 272 p.
Pedagogía y educación. La crisis de la contemplación en la escuela moderna, 2da.ed, México, Universidad Autónoma de Guadalajara, 1999, 307 p.
La misión educadora de la familia, Buenos Aires, Conadefa, 1988, 128 p.
La misión educadora de la familia, 2da. Ed, México, Universidad Autónoma de Guadalajara, 1998, 155 p.
La misión educadora de la familia,3ª.edición corregida y aumentada, Mendoza, Narnia, 2000.
Hispanidad y leyendas negras, Buenos Aires, Cruzamante, 1989, 224 p.
The black legends and Catholic Hispanic Culture. Liberation theology and the history of the New World, Saint Louis, USA, Central Bureau of the Catholic Central Verein of Americam, 1992, 173 p.
Hispanidad y Leyendas Negras, 3a.ed.corregida y aumentada, Buenos Aires, Nueva Hispanidad,2002, 245 p.
Lenguaje y Educación. Crítica a la psicogénesis de la lectoescritura, Buenos Aires, Cruzamante, 1989, 224 p.
Lenguaje y Educación. Crítica a la psicogénesis de la lectoescritura, 2da.ed, Buenos Aires, Scholastica, 1993, 245 p.
Los arquetipos y la historia, Buenos Aires, Scholastica, 1991, 270 p.
El deber cristiano de la lucha, Buenos Aires, Scholastica, 1992, 359 p.
Nueva Era de Acuario y Nuevo Orden Mundial, Buenos Aires, Scholastica, 1995, 127 p.
Los niños de Acuario, Buenos Aires, Claretiana, 1996, 62 p.
Venimos desde el ayer, Buenos Aires, Santiago Apóstol, 1996,87 p.
Venimos desde el ayer, 2da. ed, Jalisco, Folia Universitaria, 1998.105 p.
Carlos Alberto Sacheri, mártir de Cristo Rey, Buenos Aires, Roca Viva, 1998, 116 p.
Los críticos del revisionismo histórico, vol I, Buenos Aires, Instituto Bibliográfico Antonio Zinny, 1998, 520 p.
Del Proceso a De la Rua, Buenos Aires, Nueva Hispanidad, 2001,2 vol. 570 p.
Poesía e Historia: una significativa vinculación, Buenos Aires, Nueva Hispanidad, 2002, 239 p.
Campanas de Tierra y Cielo, Buenos Aires-Guadalajara, Nueva Hispanidad-Asociación Pro Cultura Occidental, 2002, 130 p.
Nueva Era de Acuario y Nuevo Orden Mundial, 2da.ed., Guadalajara, Asociación Pro Cultura Occidental, 2005, 175 p.
Los críticos del revisionismo histórico, vol. II, Buenos AIRES, Instituto Bibliográfico Antonio Zinny, 2005, 620 p.
Poemas para la Reconquista, Buenos Aires, Santiago Apóstol, 2006, 57 p.
La Perversión Democrática, Buenos Aires, Santiago Apóstol, 2008, 340 p.
El Bicentenario en el Aula, Buenos Aires, Santiago Apóstol-Bella Vista Ediciones, 128 p.
La Iglesia Traicionada, Buenos Aires, Santiago Apóstol, 196 p.

Opúsculos, capítulos

La contaminación de la cultura por lo pseudoespiritual, en Patricio Randle(ed), La contaminación ambiental, Buenos Aires, Oikos, 1979, p.277-301.
Las falsificaciones históricas, en Verbo,n.192, Buenos Aires, 1979, p.24-41.
Crisis y posibilidades en la enseñanza de la historia, en Patricio Randle(ed), La geografía, la historia y los valores nacionales, Buenos Aires, Oikos, 1981, vol. 1, p.117-143.
Piaget, aportes para un análisis crítico, Buenos Aires, Fades, 1981, 37 p.
Aportes para una historia del modernismo en la Argentina, en Antonio Caponnetto y otros, La quimera del progresismo, Buenos Aires, Cruz y Fierro, 1981, p.9-36.
Khalil Gibrán, entre la sombra y la luz, en Mikael, n.20, Paraná, Seminario Arquidiocesano, 1979, p.55-74.
Estado y Educación Católica, en Actas del Congreso sobre la Doctrina Social de la Iglesia y la Realidad Contemporánea, Mendoza, Itinerarium- Universidad Nacional de Mendoza, 1982, p.435-451.
Los arquetipos: su aporte al conocimiento de la historia, en Filosofar Cristiano, n.9-12, Córdoba, Sociedad Católica Argentina de Filosofía, 1981-82, p.169-192.
Cambio social y población en el pensamiento de Mayo. Réplica al libro homónimo de Rubén H. Zorrilla, en Sociológica, n.2-3, Buenos Aires, Instituto de Ciencias Sociales, 1979, p.221-233.
La ciudad de Buenos Aires y la Virgen María, en Boletín de la II Exposición del Libro Católico, s/n, Buenos Aires, Centro Cultural General San Martín, 1980, p.27-29.
Martín Miguel de Güemes, señor de la tierra, en Estrada, n.12, segunda época, Buenos Aires, Estrada, 1982, p.14-18.
Penetración marxista en Latinoamérica, en Gladius, n.2, Buenos Aires, 1985, p.63-93.
Educación y Determinismo, en Gladius, n. 2, Buenos Aires, 1985, p.41-69.
Rosas, aspectos de su política poblacional (I), en Moenia, n.18, Buenos Aires, Centro de Estudios Tomistas, 1984, p.107-125.
Rosas, aspectos de su política poblacional (II), en Moenia, n.19, Buenos Aires, Centro de Estudios Tomistas, 1984, p.121-141.
Familia y Educación, en Paideia Cristiana, n.4, Rosario, Profesorado Salesiano San Juan Bosco, 1984, p.3-44.
Etica y arquetipicidad en Max Scheler, en Gladius n.11, Buenos Aires, 1988, p.107-136.
La teología de la liberación y la historia de América, en Anuario del V Centenario, Buenos Aires, Asociación Patriótica y Cultural Española, 1987, p.13-37.
Las consecuencias culturales de la Revolución Francesa, en Verbo, n.294, Buenos Aires, 1989, p.77-93
Los lugares comunes de las leyendas negras, en Fuerza Nueva n. 1010, Madrid, Fuerza Nueva, p.8-12.
Contribución bibliográfica para el estudio del revisionismo histórico argentino, en Historiografía Rioplatense, n.4, Buenos Aires, Instituto Bibliográfico Antonio Zinny, 1992, p.137-183.
Contribución bibliográfica para el estudio del revisionismo histórico argentino. Segunda edición corregida y aumentada, en Revista del Instituto Juan Manuel de Rosas de Investigaciones Históricas, n.30, Buenos Aires, 1993, p.84-137.
La desconstrucción de las patrias en el Nuevo Orden Internacional, en Patricio Randle (ed), La desconstrucción, Buenos Aires, Oikos, 1991, p.89-114.
La Era de Acuario y el fin de la historia, en Patricio Randle(ed), El fin de la historia, Buenos Aires, Oikos, 1992, p.51-63.
Un pueblo se debate:poder eclesial o poder temporal. La Iglesia durante los gobiernos de Rosas. Réplica al libro homónimo de Silva Samarina de Berra (Buenos Aires, Guadalupe,1989), en Historiografía Rioplatense, n.4, Buenos Aires, Instituto Bibliográfico Antonio Zinny, 1992, p.206-213.
Padre Alberto Ignacio Ezcurra. In Memoriam,30 de julio de 1937-26 de mayo de 1993, Buenos Aires,s/m/e,1993, 16 p.
La falacia de la escuela nueva, en Patricio Randle(ed), Ante el colapso de la educación, Buenos Aires, Oikos, 1994, p.55-69.
Treinta Razones. Análisis de la Ley Federal de Educación, Buenos Aires, s/m/e, 1995, 8 p.
El programa pedagógico de la New Age, en Perspectiva, Suplemento Cultural de Ocho Columnas,n.6703, Guadalajara, 16-7-’95, 8 p.
Estudio crítico de la obra Una sabiduría de los tiempos de Fray Mario J. Petit de Murat, en su: Una sabiduría de los tiempos. Respuestas de la filosofía de la historia al mundo contemporáneo, Buenos Aires, Cruzamante, 1995, p.95-110.
El Pan Vivo. A propósito de la Comunión en la mano, Buenos Aires, Santiago Apóstol, 1996, 22 p.
El pensamiento pedagógico del Padre García Vieyra O.P, en Cuadernos de Espiritualidad y Teología, n.17, Santa Fe, Centro de Estudios San Jerónimo, 1997, p.9-27.
De la mayor excelencia de la poesía sobre la historia, Gladius n.44, Buenos Aires,Fundación Gladius, 1999, p.61-84.
Retórica, Historia y Poesía en el pensamiento de Aristóteles, Gladius n.47, Buenos Aires, Fundación Gladius, 2000, p. 57-79
Los riesgos de la cultura computacional,Cuadernos de Espiritualidad y Teología, n.25, San Luis, Centro de Estudios San Jerónimo, 2000, p.17-29
¿Por qué Maritornes?, Maritornes,n.1, Buenos Aires, Nueva Hispanidad, 2001, p.15-19
La concordia entre la fe y la razón, Cuadernos de Espiritualidad y Teología, n. 29,San Luis, Centro de Estudios San Jerónimo, 2003, p. 95-121
Semblanza de Roberto Brie, Gladius, nº.57, Buenos Aires, 2003, p. 187-190.
Estudio Preliminar a 30.000 desaparecidos. Realidad, mito, dogma, de Guillermo Rojas, Buenos Aires, Santiago Apóstol, 2003, p. 7-123.
Prólogo a Argentina tiene héroes. Cinco semblanzas de la Guerra de Malvinas, de Alberto Mansilla, Buenos Aires, Nueva Hispanidad, 2003, p. 9-14.
Estudio preliminar a Tres ensayos de historia indiana, de Sebastián Sánchez, Buenos Aires, Nueva Hispanidad, 2003, p.9-12.
Hacia el futuro. Preguntas políticamente incorrectas por España, Santander, Puerto de Castilla, 2003. Obra colectiva recopilada por María del Pilar Amparo Pérez García. Incluye reportaje en las páginas 99-101.
Juan Manuel de Rosas: el falso homenaje. Respuesta a Pacho O’Donnell, Cabildo, n. 28, Buenos Aires, 2003, p. 26-27.
Rosas y el Barrio de Palermo, Cabildo, n. 30, Buenos Aires, 2003,, p. 23-25.
El debut del terror: la Triple A. Respuesta a Pablo Mendelevich, Cabildo, n.33, Buenos Aires, 2003, p. 18-20 .
Jordán Bruno Genta, Buenos Aires, Santiago Apóstol, 2004, 32 p.
Los verdaderos móviles de la ofensiva contra las Fuerzas Armadas, Altar Mayor, n.91, Madrid, Hermandad de la Santa Cruz y Santa María del valle de los Caídos, 2004, p. 515-519.
The Pasion. Respuesta al Dr. Ricardo Rabinovich Berkman, Cuadernos de Espiritualidad y Teología, n. 30, San Luis, Centro de Estudios San Jerónimo, 2004, p. 167-199.
Padre Alberto Ignacio Ezcurra, Buenos Aires, santiago Apóstol, 2005, 35 p.
Director de la Revista Memoria, 24 números, 1994-1997. Registro de propiedad intelectual nº 3800537.
Director de la Revista Cabildo, 1999- 2006, 55 números
Prólogos, Estudios Preliminares
Michel Creuzet, La enseñanza, Buenos Aires, Cruzamante, 1981, p.X-XII;
Alfredo Sáenz, La caballería, Buenos Aires, Excalibur, 1982, p.7-21;
Leonardo Castellani, Las ideas de mi tío el cura, Buenos Aires, Excalibur, 1982, p.12-15;
Julio Meinvielle, El judío en el misterio de la historia, 5ª.ed, Buenos Aires, Cruz y Fierro, 1982, p.7-14;
Miguel Angel Ferreyra Liendo, Romancero de la Guerra del Atlántico Sur, Córdoba, Arpón, 1984, 9 p.s/n;
Alberto Ezcurra Medrano, Historia del Anticristo, Buenos Aires, José Antonio López, 1990,p.7-12;
Guillermo Gueydan de Roussell, Verdad y Mitos, Buenos Aires, Gladius, 1987, p.5-6;
Angel Salvat, Verdad y Coraje, San Rafael, El Fortín, 1994, p.1-5;
Julio Triviño, El poema del Ser, Buenos Aires, Cruzamante, 1993, p.6-8;
Julio Triviño, Tetralogía Sacra, Buenos Aires, Gladius, 1994.
Emilio Silva de Castro, La Virgen María de Guadalupe, Jalisco, Procultura Occidental, 1995, p.I-VI;
Alberto Ignacio Ezcurra, Sermones Patrióticos, Buenos Aires, Cruz y Fierro, 1995, p.11-24;
Zacarías de Vizcarra, La vocación de América, Buenos Aires, Gladius, 1995, p.5-6;
Eduardo Amitrano, La restauración de nuestra identidad, Buenos Aires, Scholastica, 1994, p.9-14;
Jorge Piñero Marqués, Los signos de los tiempos, Santa Fe, Don Quijote, 1996, p.6-12;
Jordán Bruno Genta, Monseñor Tiso, Buenos Aires, Santiago Apóstol, 1997, p.7-12; Jordán B. Genta, El asalto terrorista al poder, Buenos Aires, Santiago Apóstol, 1999, p.5-9;
Cornelio Codreanu, Diario de la Cárcel, Buenos Aires, Homenaje, 1999, p.27-33.
Felipe Ximénez de Sandoval, La camisa azul, Buenos Aires, Nueva Hispanidad, 2001, p.9-16.
Hernán Capizzano, Jacinto Lacebrón Guzmán, Buenos Aires, Santiago Apóstol, 2001, p. 9-11.
María Delicia Rearte de Giachino, Cada día un 2 de abril, Buenos Aires, Nueva Hispanidad, 2002, p. 4-9.
Guillermo Rojas, 30.000 desaparecidos. Realidad, mito, dogma, Buenos Aires, Santiago Apóstol, 2003, p. 7-11
Alberto Mansilla, Argentina tiene héroes, Buenos Aires, Nueva Hispanidad, 2003, p. 9-13.
Sebastián Sánchez, Tres ensayos de historia indiana, Buenos Aires, Nueva Hispanidad, 2003, p.9-12.
María del Pilar Amparo Pérez García, Conversaciones con el Ausente, Madrid, 2006
Héctor Gómez González, Metafísica de la Educación, Guadalajara, Folia Universitaria, 2006
Cristian Rodrigo Iturralde, La Inquisición: Un Tribunal de Misericordia, Buenos Aires, Ed. Vórtice, 2011
Artículos de divulgación [Selección]
Manuel Dorrego: a ciento cincuenta años de su muerte, Revista Cabildo, n.21, 2da. época, Buenos Aires, 1978
Las apariciones: réplica al libro homónimo de Eric Von Däniken,Mikael, n.19, Paraná, 1979
Saavedra, el hombre de Mayo, recensión al libro homónimo de Josefina Cruz, Ideas e Imágenes, n.19, Bahía Blanca, Suplemento Cultural de La Nueva Provincia, 1981
Los orígenes de Buenos Aires, recensión al libro homónimo de Héctor Cordero, Ideas e Imágenes n.14, Bahía Blanca, Suplemento Cultural de La Nueva Provincia, 1980
Así vieron a Rosas los ingleses, recensión al libro homónimo de Andrew Graham Yool, Ideas e Imágenes, n.37, Bahía Blanca, Suplemento Cultural de La Nueva Provincia, 1981
La polémica sobre Rosas, Verbo, n.297-299, Buenos Aires, 1989; Caseros, el significado de una derrota, Cabildo, n.5, 2da. época, Buenos Aires, 1977
A cien años de la muerte de Rosas, Cabildo, n.7, 2da. época, Buenos Aires, 1977
Vigencia de San Martín, Cabildo, n.9, 2da. época, Buenos Aires, 1977;
El ejemplo de la Vuelta de Obligado, Revista Cabildo, n.11, 2da. época, Buenos Aires, 1977
José de San Martín, después del bicentenario, Cabildo, n.14, 2da. época, Buenos Aires, 1978
La bandera de Facundo, Cabildo, n.22, 2a. época, Buenos Aires, 1979
Don Cornelio de Saavedra, Cabildo, n.23, 2da. época, Buenos Aires, 1979
El Chacho, Revista Cabildo, n.29, 2da. época, Buenos Aires, 1979
El sable de San Martín, Cabildo, n.35, 2da. época, Buenos Aires, 1980
A propósito de Rivadavia, Cabildo, n.35, 2da. época, Buenos Aires, 1980
Rosas y Las Malvinas, Cabildo, n. 53, 2da. época, Buenos Aires, 1982
Las rendiciones inglesas, Cabildo, n.56, 2da. época, Buenos Aires, 1982
La conquista del Desierto por Rosas, Cabildo, n.62, 2da. época, Buenos Airs, 1983
El caso Camila O’Gorman, Cabildo, n.77, 2da. época, Buenos Aires, 1984
Claudio Sánchez Albornoz, Cabildo, n.79, 2da. época Buenos Aires, 1984
Sesquicentenario de la muerte de Quiroga, Cabildo, n.35, 2da. época, Buenos Aires, 1985
El combate del Cerro de la Caballada, Cabildo, n.86, 2da. época, Buenos Aires, 1986
A cincuenta años de la muerte de Don Ramiro de Maeztu, Cabildo, n.105, 2da. época, Buenos Aires, 1986
Hispanidad y Caballería, Ariel 92, Buenos Aires, Liceo Militar General San Martín, 1992, p.68-75 *Nuestra identidad educativa, Estrada, n.7,2da.época, Buenos Aires, 1981
El sacramento familiar, Imágenes, n.685, Buenos Aires, 1981
La penetración marxista y la universidad, Tolle Lege,n.5, Buenos Aires, 1985.
Asesorías

Asesor pedagógico ad honorem de la Subsecretaría de Formación y Perfeccionamiento Docente de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Año 1983.
Asesor pedagógico de la Editorial Estrada para la revisión y corrección de textos del área de Ciencias Sociales, Buenos Aires, 1982-83.
Asesor Pedagógico del Colegio Don Jaime, Bella Vista, Provincia de Buenos Aires, 1993-2001.
Asesor de la Maestría en Filosofía de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Guadalajara. El 8 defebrero de 2002, el Dr. Mauricio Alcocer Ruthling, Director de Postgrado, le confirió el Diploma de Profesor Distinguido "por haber sido evaluado por parte de los alumnos de la Maestría en Filosofía como el mejor maestro durante el año 2001".
Sociedades Científicas

Miembro Fundador de la Corporación de Científicos Católicos
Miembro Consultivo de la Fundación Gladius del Pensamiento Católico
Miembro de la Sociedad Católica Argentina de Filosofía
Dirección de investigadores

Co dirigió a los Profesores Franco Ricoveri y María de los Angeles Peruggini en el Proyecto de Investigación: El periodismo nacionalista argentino entre 1927 y 1980, del Instituto Bibliográfico Antonio Zinny.
Co–dirigió -junto con el Dr. Roberto J. Brie- la tesis de licenciatura de la Profesora Susana Ali, en la Carrera de Ciencias de la Educación de la Facultad de Filosofía y Letras de la UCA, sobre el tema: El pensamiento peagógico de Jordán Bruno Genta. La misma fue aprobada en 1993.
Dirigió la Tesis de Licenciatura de los alumnos Gastón Peralta y Juan Manuel Ruffini, egresados de la Carrera de Administración de Empresas de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales, sobre el tema: La perspectiva católica en la economía moderna. La misma resultó aprobada en abril de 1997.
Co dirije actualmente a los Profesores Gonzalo Casanovas y Hugo Fiandrino en el Proyecto de Investigación "El periodismo nacionalista entre 1927 y 1980", del Instituto Bibliográfico Antonio Zinny
Dirección de Tesis

Durante los años 1997-1998, ha sido consultor externo en las siguientes tesis para aspirar al Diplomado en Filosofía (postgrado) en la Universidad Autónoma de Guadalajara, México:
a) Lic. Juan José Leaño Espinosa, La filosofía moral y los medios masivos de comunicación.
b) Lic. Cecilio Adame Escañuela, Trascendencia e inmanencia de la persona humana.
c) Lic. Oscar Antonio Angulo Favela, Los "propios" de la persona humana.
d) Lic. Rafael de Jesús González Anaya, Filosofía de la libertad.
e) Lic. José Giménez González, Lo incierto, lo deseable y lo providente en la consideración del mal.
f) Lic. Carlos Enrique García Sauceda, La teoría sustancializadora del Estado.
En todos estos casos, su participación consistió en: la corrección del plan de trabajo inicial, la orientación bibliográfica, el asesoramiento criteriológico, la lectura de los informes de avance, y en algunos casos la corrección de las versiones definitivas. En ningún momento integró el tribunal evaluador, que estuvo presidido por el Dr. Carlos Pérez Vizcaíno. Las tesis fueron aprobadas en el bienio precitado, aunque ignora las categorías internas de las que se vale la Universidad para sus calificaciones de postgrado
Fte: Metapedia

5 comentarios:

  1. Considero prudente creer en el Espíriru Santo; no perder la Fe tratando de entender a toda costa, y también reconocer que todo esto es cosa de Dios, y no nuestra, que ya está bien de elucubraciones, que podemos tranquilizarnos y dejar que El se pase sin nuestra ayuda a la hora de planificatr el curso de la Historia.
    Mientras tanto, y para no aburrirnos, podemos tratar de amar al prójimo hasta que duela, orar por el enemigo, ayunar mas seguido especiaslmente en el area de lo que mas nos atrae, y que Santa Teresita nos ilumine para dejar de una buena vez la mochila de la opinion! Y disculpen que de la mía.

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    1. Dichososos quienes tienen "tantas mejillas" y vendas en los ojos. "Orar por el enemigo"...buena doctrina judeo cristiana. Los judíos contentos de poder acabar con el mundo gentil mientras judaizan al planeta y los "cristianos" como corderos "oran por ellos". Gracias por la nota nota Infocon

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  2. Bergoglio es de origen judío, faltan pelotas en este país. El Vaticano es de ellos

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  3. es lo mas absurdo que pudo decir .sabemos bien que jehova es el mismo satán .jesus vino al mundo para salvarlo del judaismo . que se entienda bien.

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    1. Con respecto al último comentario quiero hacer referencia a una nota referente a los orígenes del judecristianismo: EL ORIGEN DE LA MASONERÍA POR EL GRAN SANEDRÍN SECRETO - FUNDAMENTOS DEL JUDEOCRISTRIANISMO
      http://infoconnoticias.blogspot.com.ar/2012/11/el-origen-de-la-masoneria-por-el-gran_27.html

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