miércoles, 3 de julio de 2013

LOS MALONES QUE SUFRIÓ MAGDALENA

            

Por Alberto Buela (*)

En estos días nos enteramos que los concejales del Municipio aprobaron un proyecto de ordenanza para reemplazar el nombre Julio Argentino Roca, de la ruta de entrada a Magdalena, por el de “pueblos originarios”, siguiendo así con la tónica indigenista que llega del gobierno central.
Escribimos este artículo con la sana intención de que lo lean las autoridades más criteriosas y no cometan semejante desatino.
El primer ataque auca (araucano) del que se tiene noticias es el de 1711 a los gauchos que estaban trabajando en las vaquerías, que fue la primer industria argentina, que consistía en la caza de a caballo de vacas y toros cimarrones. 

Pero la guerra al malón comenzó propiamente con el primer gran ataque indígena a  Magdalena y Luján en 1740 y 1741.
El 26 de noviembre de ese año el cacique Cangapol atacó Magdalena con 4000 lanzas y mató a 200 vecinos de nuestra comunidad. Y el 19 de julio de 1741 atacó Luján asesinando a 800 vecinos de esta localidad.

A partir de estos dos ataques, devastadores para la época,  da comienzo la guerra al malón, las anteriores habían sido simples escaramuzas. Guerra que termina en 1889 con la muerte del cacique Baigorrita por parte del baqueano gaucho Torres.
En este siglo y medio que duró la guerra al malón se estima que las personas “cautivadas” (secuestradas, esclavizadas y torturadas por los indios) sumaron entre 50.000 y 60.000 (la mayoría mujeres). Y la cantidad de cabezas robadas entre 11 y 13 millones. Hay que recordar que en un solo malón, Calfucurá se llevó 350.000 vacunos. Toda esta hacienda iba a parar a Chile donde se vendía. No hay que olvidar que los araucanos vinieron desde el país trasandino corridos por los españoles. En la pampa no había indios en la época de la conquista y es por eso que Lugones puede afirmar que: el conquistador de la pampa fue el gaucho y no el español.
Pero hay más tristes datos sobre los padecimientos de los vecinos de Magdalena, que seguramente el concejal “gringo” que propuso el cambio no conocía, y es que Magdalena sufrió al menos tres grandes malones más.

Sabemos que entre 1743 y 1753 los jesuitas fundan las Misiones de La Pampa entre las que  está la reducción Tchubuchaminí, Nuestra Señora de los Desamparados, que se ubicó en la loma sobre el margen derecho casi en la desembocadura del actual arroyo El Espinillo, una legua al norte de Atalaya.

En 1750 Cangapol rompe el tratado de paz firmado con el gobierno en 1742 y ataca Magdalena y destruye la misión jesuítica Nuestra señora de los Desamparados.
En agosto de 1751 y en 1779 se produjeron nuevos malones en  Magdalena.
Como anécdota anotemos que en diciembre de 1783 atacan la estancia Rincón de Noario y dan muerte a Clemente López Osornio, abuelo de Juan Manuel de Rosas.
Con todos estos datos que ponemos a consideración del lector sería de esperar que las autoridades revean la medida o que al menos equiparen los tantos y le pongan a un tramo de la misma ruta de entrada “víctimas de los malones”. Con lo cual se mostraría un poco de respeto por aquellos primeros criollos, que con su vida, la dieron vida a nuestra hoy, ciuidad de Magdalena.


(*) Presidente de la Asoc. Arg. de Taba


* Los libros parroquiales de partidas de defunción nos hablan de un promedio cien años después (1840) de 120 fallecidos. Es de calcular que en 1740 la población de Magdalena no alcanzaba a los 300 vecinos

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